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Atronando
Un trono del sacrificio. Un beso al incauto, al infeliz mal hallado, al iluminado apagado. Millones de lágrimas por las sombras danzantes. Mil puños en alto por los labios sangrantes, tan ávidos de vidas ajenas, tan temerosos de las vidas propias. Así te maldigo. Así te maldigo, malaventurado. Para que me cures de tus infamias. Para que añores tus pensamientos que son penumbras. Para que tus dientes, tus uñas, tus garras y tus rodillas sangren con la nueva sangre que te contamina. La mía. La de muchos. La de tantos. La que teñirá con su color el mundo grisáceo que alumbraste con una vela mal apagada. Te maldigo bien lo digo. Te maldigo mientras tanto.
Sea pues la luz. Luzca pues la valentía de la verdad nunca hallada y por ello más buscada. Seas.

Sirvientes
Otra vez ante la hoja en blanco que necesita mi llanto.
Otra vez ante la lámpara de los años.
Otra vez ante la incertidumbre de tus daños, la hermosura de tus ojos, que me corrompen.
Y la liberación de las migrañas que me dan vida donde no la hay, que me dan sueños que son mis sueños.
Ya no podremos bailar con la música de las palabras no dichas, pero sí escritas.
Palabras hirientes, mis suaves serpientes, mis suaves sirvientes.
Y es cuando decido que vuelvo a ser escritor.
Otra vez ante la hoja en blanco que necesita de mi llanto.

Fondo
Atravesaba un mal momento. Y éste se quebró y la dejó caer en un oscuro abismo. Y cuando tocó fondo, se deshizo en mil pedazos. Imposibles de reconocer. Imposibles de recomponer.

Inexcusable
Perdido. Buscado. Encontrado. Deseado y adquirido. Acumulado y guardado. Pero con la mente reblandecida por la inconsciencia y por el absurdo del egoísmo. Por el mal hacer de tus circunstancias. Esas que se convierten en tus excusas para volver a perder más oportunidades. Que volverás a buscar. En un ciclo incontrolable y eterno. Tan eterno como tú.

Los trinos
Las notas de color estrenaban la primavera y, como cada año, de los últimos veinte, los trinos de los pájaros eran, cada vez, menos intensos. Llamaba la atención que la explosión de vida fuera acompañada, cada vez más, de una explosión de desánimo de los habitantes de las ciudades.
El temor al repentino apagado. El terror a la andanada de explosiones solares y las subsiguientes olas de radiación. Y el apagado. El apagado total de todos los equipos electrónicos del planeta. Y las posteriores generaciones de supervivientes que tendrían que volver a confiar en su instinto y no en la asistencia de las máquinas. Algo para lo que no sabían si estaban preparados.

Barbaridad
Barbaridad. Bárbaros escogidos de entre la chusma social, la escoria que queda después de la fricción de mentalidades obsoletas, anacrónicas, que sobreviven gracias a los intereses ocultos de algunos poderosos.
Y los inocentes, que caen en sus manos, y que son vapuleados según un plan de acción premeditada…

Amargo sollozo
Aquella noche no había podido pegar ojo.
Con la sensación extraña de que la estaban observando. Sin ser capaz de delimitar entre el tiempo de la vigilia y del onirismo. Con los dos ojos abiertos en la oscuridad pero sin poder ver nada, atenta a cualquier punto de luz que pudiera hacer estallar su imaginación, demasiado calenturienta a veces. Atenta al menor susurro para convencerse de que la hablaban desde el más allá.
Y cuando puso los pies en el suelo, antes de acoplarlos a las chanclas, mirando a los rectangulitos de luz que se escapaban por la persiana, dejando marcar las nalgas desnudas con el borde del colchón sin sábana, la invadió la pena y el sollozo.
El más agrio sufrimiento pensando en lo que estaba a punto de suceder. El enfrentamiento más cruel con las mentiras, la envidia, el egoísmo, la maldad de los que esperaban ahí fuera: Los vivos.

Desmemoriados
Volverá la amnesia colectiva que borrará, de sopetón, la memoria histórica, y los abanderados de la soberbia social volverán a repetir la historia odiada.
Esos privilegiados del mundo que juegan con la infelicidad global. Esos señores y señoras que no se conforman con tener sexo, dinero y poder, porque quieren la vida de los demás. Cuando aún no saben que los exterminables son ellos.
Pero, claro, ya no recuerdo lo que he dicho, lo que he escrito, lo que he pensado.
Y el ciclo volverá a repetirse.

Tan de vez en cuando, cuando las veces eran tantas
Y el amasijo de carne putrefacta hiriendo la sensibilidad de los que se asomaban por las ventanas de sus casas. Sin nadie que hiciera nada. Dejando, simplemente, que sucediera, como tantas veces, cuando las veces eran tantas.
Acostumbrados al olor, que se extendía por kilómetros, encontrándose con otros olores que venían desde kilómetros. Y dejando que se mataran, porque nadie castigaba.
Ya nadie lloraba. Lo podían ver allí o en las pantallas. No había casi diferencia, solo en el olor. Habían perdido sus almas. Y la Madre ya no se quejaba. Ya había perdido a todos sus hijos, y la Tierra era la Madre, cuando había sido padre y madre a la vez.
Comer, beber, dormir, matar. No había nada más. Ni siquiera supervivencia, ni siquiera defensa propia. La vida no engendraba valor para dar valor a la vida.
Y un día, como en un juego de palabras, como en un juego de estrategia, como en un juego sin niños, porque la inocencia no era más que una palabra vacía, llegaron ellos. Decían que desde las montañas. Lo decían incluso donde no había montañas. Y ellos empezaron a retirar las cenizas, el polvo que nadie tapaba ni enterraba. Y limpiaron de carne las calles, las sendas, los valles, los bosques, los océanos, los ríos, las grutas, las selvas.
Y después de la limpieza, que llevó siglos de constancia, de paciencia y de mesurada reeducación, se dirigieron, los que quedaron, al hogar del último recién nacido sobre la faz de la Madre. Sin importarles la especie ni la raza del neonato. Y cuando le dieron su bendición tras estudiar su espíritu limpio y libre, se reunieron en consejo, los pocos que eran, para mirarse a los ojos.
Y el más joven, que era extremadamente anciano, dijo, sin palabras, al más anciano, que era extremadamente joven.
¿Y si les decimos que no existe Dios y que son ellos los que deciden sus destinos?
