Maldita suerte maldita

Me libré por una buena. Casi caigo por el precipicio, pero me libré por una buena. No tenía que haber tomado la curva a esa velocidad. No en esta zona. Y menos aún con esta carraca de coche. 
Aunque el impacto ha sido bestial, me libré por una buena. 
No sé por qué el camión que venía de frente tuvo que tomar la iniciativa y dar el volantazo.
No sé por qué no lo esquivé pensando solo en el vacío que me comería si frenaba de golpe.
No sé por qué la dije que no hacía falta que se pusiera el cinturón, si no quería, para un trayecto tan corto. No sé por qué tuvo que hacerme caso fiándose, como siempre, de mí, me imagino que por amor. 
Se la están llevando. A ella y al conductor del camión. Sin vida. 
Me libré por una buena. 

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La nueva era

Cayendo en picado, entrando en barrena, los ciento veinticinco pasajeros rezaban todo lo que sabían, pues el tiempo se les agotaba a un ritmo trepidante.

Cuando el piloto logró, en el último momento, remontar el vuelo, algunos agradecieron el milagro a su respectivo dios.

Otros, sin embargo, cogieron el teléfono celular para llamar a sus seres queridos y cuando se dieron cuenta de que, obviamente, no tenían cobertura, maldijeron su suerte.