¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

Aquella mañana de mayo.
Le hubiera gustado recordarla siempre.
Porque ella estaba allí, junto a él, recién salido del hospital, recién recuperado. Porque se sentía dichosa. Porque quería creer que ella le importaba. Porque creía saber por qué lo amaba, a él, tan estúpido con la gente, tan intratable en lo privado, tan despreciable en lo humano. Y, aun así, tan tierno con ella, cuando no esperaba eso de él. Y ella creía que, aunque fuera durante contados instantes, esa limitada amalgama de sentimientos, la llenaba, porque, quizás, no tenía otra cosa a la que aferrarse.
Y aquella mañana de mayo estaba siendo la mejor mañana de su vida porque aquella mañana la había tenido en cuenta. Porque, ayudándose mutuamente, harían lo que siempre habían querido, desde que se dieron cuenta que, por sí solos, no lo conseguirían.
Primero ella, y luego él. Y no errarían. Y no volvería jamás uno de ellos al hospital, para tener que volver a empezar.
Aquella mañana de mayo conseguirían, por fin, no tener mañana.

Todo es relativo.
Mi vida debía durar un segundo, pero el destino, debe de ser, me está regalando femtosegundos de prórroga. No provocaré a la suerte y le diré ya, a mi pareja, que la amo intensamente.

Era más joven que viejo. Más listo que tonto. Más superviviente que conformista. Casi un héroe. Casi un extraño espíritu libre. Enfrentado de continuo a la osadía de su desdicha incipiente. En el borde de la ilusión. En la frontera de la cobardía, cayendo mal a casi todos, por ser mendigo de sus faltas. Por ser un pecador continuo en la trastienda de lo inasumible. En el teatro de la infamia, donde se mezclan los personajes inapreciables con los imprescindibles. Así, tan hecho a vivir a saltos y a sobresaltos. Tan perdido como todos. Pero con tanto contraste vital que se atribuía una ligereza tan exclusiva como rara en los tiempos corrientes: La felicidad. La indómita felicidad.

Tres mil almas errantes pidiendo un poco de justicia, pidiendo un poco de clemencia. Buscando la comprensión del mundo. Ese mundo que mira hacia otro lado. Al que le da igual la muerte de los niños que son solo figuras que se mueven en un telediario. Que son solo números en insistentes mensajes de organizaciones no gubernamentales y de bancos que se jactan de ayudar al prójimo mediante ayudas selectivas.

Localizaba a sus presas. Las acorralaba. Las embaucaba. Las llevaba a su territorio. Las amaba. Y, cuando las soltaba, pedía su teléfono, pues prometía volver a cazarlas.

Éste y otros gobiernos no deberían basar sus expectativas de resurgimiento económico en el Turismo, propio de países tercermundistas. Los países más potentes del mundo invierten en Investigación y Desarrollo y en una economía de mercado basada en la Industria. Grandes países que se hundieron en el pasado (Alemania, Japón) resurgieron de sus cenizas, nunca mejor dicho, apostando por la industrialización de la economía. Hitler, dejando de lado sus paranoias y esquizofrenias de asesino de masas, levantó un país que perdió toda su autoestima después de la Gran Guerra, logrando empleo para sus habitantes al 100 %, basándose en su fuerza como potencia industrial que, después de la II Guerra Mundial, han retomado sus gobernantes, a pesar del gran daño que causó la división en dos bloques.
No sé por qué España tiene que seguir mirando al pasado basando su economía en la Ganadería, Agricultura y Turismo. Debería de dar un vuelco a esa mentalidad y desarrollar lo que los grandes países del mundo (justo los que están en el G7) explotan al máximo.
En los nuevos tiempos ultratecnológicos nuestros cerebros no deberían emigrar para engordar el desarrollo de esos países mencionados anteriormente. Deberían incentivar a todos los sabios que tenemos en todas las áreas para que se quedaran y levantaran este país. Los Bancos deberían ayudar al Gobierno para que esto fuera así. Por eso se dice que la inversión en Educación es una inversión en el futuro, pero no solamente de los individuos, sino de las naciones en las que viven esos individuos.
Por qué estar siempre claudicando ante las pautas de los Mercados. Fue un error plegarnos a las condiciones asfixiantes del entonces llamado Mercado Común, hoy Unión Europea. La verdadera Revolución sería hacer impronta de la Marca España con nuestro verdadero poder: La Imaginación, la Inventiva, el Desarrollo de la Investigación.

Bostezaba con ruido para demostrar que tenía más sueño que nadie.

Vuelvo a estar solo otra vez.
Casado y con hijos, pero solo otra vez.
Con amigos, pocos y escogidos, y cientos de conocidos, pero solo otra vez.
Echando de menos el contacto humano.
Queriendo salir y abrazar. Queriendo conversar y, sobre todo, escuchar.
Solo, siempre solo.
Y cuando me entra el bajón, me pregunto, después de secarme las lágrimas, que a veces no puedo controlar:
¿De qué vale la fama?
¿De qué vale ser un pionero?
¿De qué vale vivir algo extraordinario?
Si, al final, estoy solo.
(Diario Personal, clave a69X8THRE3, Mars Mission Dome/ Cúpula Misión Marte)

Mírame, ¿a quién crees que engañas?
Cogiste el bolígrafo de tinta verde y escribiste palabras sueltas en un folio color crema, como si creyeras que me importaba lo guay que podrías llegar a ser.
Pero no me importa. ¿A quién crees que engañas?
He conocido a muchos fracasados como tú, vacíos por dentro y por fuera. Tan llenos de podredumbre, inoculada desde pequeños por una familia insulsa, larga como las sagas.
No sigas escribiendo porque no te leeré. Pon el capuchón al boli y guárdalo en el cajón. En ese cajón sin fondo que, adivino, es tu alma.

(Fotografía:©Jesús Fdez. de Zayas «archimaldito», con «archimaldito»)