Marchita

Se paseaba contoneándose ridícula por la acera mirando si la miraban para luego despreciar a los que lo hacían y sentirse insultada por los que no con una máscara por cara llena de colores mal distribuidos que envolvían una sonrisa amarillenta dedicada a los que intentaban filtrear con ella deteniéndose cuando pasaba algún perro por temor al mordisco cambiándose de acera cuando veía acercarse a algún hombre que no tuviera la piel blanca intentando no caerse desde la altura que le daban unos tacones tan afilados y jactándose de estar envuelta y abrigada por pieles muertas que brillaban bajo un sol marchito de vez en cuando hacía como si hablara por el teléfono móvil para sentirse importante para que creyeran los demás que era una persona muy ocupada cada día recorriendo las manzanas de un barrio distinto buscando alguna víctima que no conociera su fama con la que olvidar momentáneamente la soledad provocada por su mala educación por su desfachatez por su insultante soberbia y se decía a sí misma que a estas alturas no cambiaría no le valía la pena empezar desde cero creyendo que con su hermosura ya decrépita lograría tener una vejez soportable en una casa que ahora estaba insoportablemente vacía y solitaria y cuando la llave volvía a escurrirse entre sus dedos arrugados para abrir la oscuridad en su vida mojaba el almohadón frío con sus lágrimas desesperadas esperando que el sueño fuera eterno y que no tuviera que despertar a un nuevo día para volver a contonearse ridícula por las calles mirando si la miraban

marchita

Huesitos

Tro me observó un rato sin decidirse a morderme. No sabía si obtendría algún beneficio con ello. Me husmeaba sin que le llegara olor alguno. Y seguro que temía, con absoluta certeza, que quebraría sus colmillos si intentaba atenazarme con ellos.
Me puse en cuclillas y acaricié su cabeza.
Mecánicamente, pues no sentía su piel con mis yemas. Y gruñó.

dog-1388351

Regresó

 

Regresó a la cueva de la que procedía, donde se escuchaba su voz más alta, donde su espíritu inspirador eclipsaba el desánimo que le embargaba fuera de ella, donde la oscuridad no era más que luz en su memoria. Donde volvía a ser libre porque no era ya él. Donde su ego, ensalzado por los demás allá afuera, dejaba de tener sentido allí dentro, cuando no escuchaba su propio corazón porque allí , en el núcleo de la verdad, no lo necesitaba. Y durmió, para no volver a despertar, o para despertar para siempre.

volcanic-cave-1511138

Con los sonidos

Con el sonido lejano del violín desafinado mis manos dibujan ondas en el aire.

Con el sonido cercano de tu voz apasionada mis latidos componen una melodía enamorada.

Con el sonido de la brisa en la tarde luminosa mi mente dibuja paisajes de paraísos cercanos.

Con tantos sonidos que creo escuchar, los de mis lágrimas cayendo sobre mi regazo son los únicos que me recuerdan que estoy solo en este planeta.

 

listen-1463095

 

Cinco dedos

Tus cinco dedos abiertos que van a marcar mi rostro con tu odio. Aunque lo enmascares con algo que dices que es amor.

Y cuando el paso del tiempo borre las huellas de tu insulto, éste quedará indeleble en mi corazón.

Cierro los ojos y aguanto la embestida de mis lágrimas, para que me veas fuerte, para que creas que no me importa.

Y luego volverás, como siempre, a pedirme perdón.

Y tendré que claudicar, autoconvenciéndome de que mi amor curará las heridas, insuflándome ánimos con la esperanza de que algún día cambiarás.

Consolándome, porque creo que nunca llegarás a matarme.

 

contrast-1565739

Poema muerto de un vivo eterno

 

Tengo una vida.

Una vida de vidas.

Vidas debidas

a las vidas vivas

de otras vidas

que me mantienen con vida

en esta muerte eterna que vivo.

_MG_1230

(Fotografía: © Luis Leo Photos)