Cinco dedos

Tus cinco dedos abiertos que van a marcar mi rostro con tu odio. Aunque lo enmascares con algo que dices que es amor.

Y cuando el paso del tiempo borre las huellas de tu insulto, éste quedará indeleble en mi corazón.

Cierro los ojos y aguanto la embestida de mis lágrimas, para que me veas fuerte, para que creas que no me importa.

Y luego volverás, como siempre, a pedirme perdón.

Y tendré que claudicar, autoconvenciéndome de que mi amor curará las heridas, insuflándome ánimos con la esperanza de que algún día cambiarás.

Consolándome, porque creo que nunca llegarás a matarme.

 

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Misión: Abolición

El día 16 de septiembre de 2017 ha sido un día histórico: Miles de personas hemos salido a la calle para defender el derecho de los animales a vivir libres y dignamente. La presión popular logrará acabar con la tortura y masacre de animales, sobre todo cuando éstas se basan en tradiciones que solo piensan en satisfacer el egoísmo humano y ven a las otras especies como seres inferiores y los tratan como meros instrumentos para satisfacer sus placeres más primitivos. 
Y cuando no son las tradiciones es la filosofía del especismo la que convierte a los animales no en seres vivos pensantes sino en cosas, carentes de sentimientos y capacidades sensoriales, como el sufrimiento. 
La gran mayoría de los animales están indefensos frente a la inteligencia sádica del ser humano.
Y esa injusticia de la indefensión es la que no podemos tolerar los llamados Animalistas.
Y queremos abrir los ojos, el corazón y la mente a los otros humanos que siguen ciegos o miopes ante esta situación. Por eso nos unimos para hacer oír la voz de los que no la tienen, los animales. 
Por eso el día 16 de septiembre hemos pedido la ABOLICIÓN DE LA TAUROMAQUIA a los poderes fácticos de este país que tiene como una de sus Marcas España la mal llamada Fiesta Nacional.
Yo he estado con mis hijos, Iván @rev_silver y Estela Tatiana @monamii._ y nuestra amiga @biomartix . Alzando nuestras voces y dejando marcados nuestros pasos hacia la liberación animal. 
Poniendo nuestro granito de arena en esta Revolución.

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Amnistía

Miraba. Más bien ojeaba. Y la manecilla del minutero no se movía. Era extraño. Porque oía el tictac. Tan claramente como su respiración entrecortada.

Y la gota de sudor que invadía su lagrimal, el del ojo abierto, el derecho, lo martirizaba con su salinidad, pues del otro, hinchado, surgía otro tipo de gota, bien distinta, roja, viscosa y caliente, que lamía cuando pasaba por la comisura de los labios, cuando la gravedad la hacía deslizarse hacia su cuello.

Y del reloj de pared hacia la boca del energúmeno que tenía enfrente, casi golpeando su nariz con la propia, mientras exhortaba, a base de salivazos, a que hiciera algo, que no comprendía, porque ni siquiera lo escuchaba. Le oía desgañitarse pero no asimilaba lo que parecía una orden.

Y como un péndulo visual, otra vez a la manecilla, que no se movía.

Y el dolor de las muñecas era tan intenso que dejó de sentirlo hacía ya tiempo, haciéndole dudar si carecía o no de manos, que debían de estar allá arriba, pues notaba cómo presionaban sus brazos las orejas que hervían.

Y aunque no podía hacerlo, tampoco hubiera querido mirar hacia abajo, hacia el suelo, porque lo hubiera echado de menos, pues no existía, o por lo menos no lo sentían los dedos de sus pies, que lo tocaban de puntillas.

Y el tictac, que no cesaba, que hacía eterno aquel instante, en el que el minutero no se movía, congelando el tiempo en una infinita secuencia de repeticiones del mismo momento.

Sin tener conciencia de lo que ocurría o por qué ocurría.

Con el escozor en el ojo, y el sabor agridulce en la boca. Y el hedor del aliento del otro.

Y la explosión junto a su oído, tan cerca, con tanto calor en la sien.

Y el tirón del cuello, que lo quebraba.

Y la manecilla que, por fin, se movía.

 

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(Dibujo a lápiz de Estela Tatiana Fernández Claudet, 12 años)