Manifestándose

Reía y producía endorfinas a toneladas para que me escucharais, pero me rebajabais la autoestima con el peor de los insultos: La indiferencia.
Cuan equivocado estaba creyendo que no os fijaríais en mí cuando podíais localizarme en la distancia si teníais una buena pituitaria. Lavarse siempre ha sido un acto fundacional, y yo, que me considero un antisistema, me lavaba lo justo y necesario.
Según daba un paso, os ibais separando a ambos lados, y yo me carcajeaba cada vez más, y se despegaba mi ego a niveles estratosféricos cuando intentabais encontrar, sin conseguirlo, el origen de aquel olor nauseabundo, a la par que tapabais vuestras narices con mangas, manos o pañuelos. Y seguía riendo, antes de que os percatarais de mi existencia, antes de que dedujerais que en el más allá no necesitamos lavarnos porque es así como nos manifestamos desde el inframundo contra las injusticias de vuestro mundo.

 

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La cena

No te enfades tanto. Recuerda que yo he pagado la cena. Vuelves a echarme en cara que te maté demasiado rápido. Que no te di tiempo a suplicar. Pero es que no aguanto a los lloricas. Si lo sé, la pagas tú.

 

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