Sangre y hedor

Tantas veces miramos hacia otro lado.
Tantas veces no nos implicamos.
Tantas veces hacemos oídos sordos y ojos ciegos a las señales.
Mientras no nos salpique la sangre, no olamos el hedor ni toquemos lo podrido todo va bien, pensamos.
Y mientras, el poder se aprovecha de nuestra inacción, de nuestra falta de empatía.

Fotografía por Archimaldito

Para nadie

“¿A qué espero para el suicidio? A tener una razón para vivir.”

 

Y se asomaba al espacio profundo de sus mentes, por otra parte, tan superficiales, que le daban tan poco trabajo, que le aburrían tanto.

Y algunas lo sorprendían por su negrura, no porque fueran nulas sino por su podredumbre y depravación.

Y cuando encontraba una que era limpia, autoinducía un retardo en su acción, antes de llegar a la inacción más severa, más irreversible.

Y así viviría. Para siempre. Para nadie.

 

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