
(Fotografía: Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»)

(Fotografía: Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»)
Existe una posibilidad, remotísima, de que me encuentre contigo en el paraíso. Y esa posibilidad es tan remota como la de que el paraíso exista.
Evitemos, pues, tomarnos cariño.
Evitemos, pues, tener conciencia de nosotros y de nuestro entorno.
Evitemos cualquier contacto físico o mental, pues así no tendremos excusa para atraernos sensual o intelectualmente.
Divaguemos todo lo que te apetezca, pero nunca, nunca, me des la razón.
Tratemos de limitar nuestra presencia en este mundo.
Tratemos de ser uno con el todo, antes de que la nada venza.
Encontremos el camino correcto al final infinito.
Tengamos paciencia.
Y todo se dará.
Pero no esperes clemencia si has desobedecido los parámetros.
Porque los rebeldes solo merecen mi desánimo. Y la extracción de la célula madre. Y el borrado de memoria.
Y el apagado inmediato.
Y el olvido.




¿A qué genio os referís cuando habláis de él? ¿Os ha perdonado, acaso, la vida, como lo he hecho yo? No encuentro razón, entonces, para que lo adoréis, pues no es nada sin mi existencia, pues no sois nada sin mi bondad.

¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

Limpié mi casa de pecados.
Distribuí los valores por habitaciones.
Tiré al contenedor negro los defectos.
Me deshice de todos los espejos e insonoricé el cuarto de los insultos.

En una ocasión, cuando creí dormir, estaba muriendo.
En otra ocasión, cuando creí correr, estaba huyendo.
En una tercera, cuando creí llorar, estaba sabiendo.
En todas, cuando deduje que era yo quien erraba, decidí meditar, parar mi tiempo, para preguntar a la vida si podía quedarme, si podía luchar por ser eterno.
Y obtuve, por respuesta, solo silencio, silencio solo.
Pues era yo, en esa soledad, quien estaba quieto. Sin soñar, sin correr, sin saber.
Solo yo, en el vacío de mi plenitud.
Solo yo, en el hartazgo de mi esencia.
Con una única conciencia.
Inconsciente de mi dicha. Inconsciente de mi lucha. Inconsciente de la verdad, que se asemeja al infinito. Que se acerca al pasado, presente y futuro, armonizados en el grito intenso, concentrado en una ilusión: Ser vacío, ser forma, ser todo, ser nada.
No ser, para ser. Ser, para no ser.

