Querer sobrevivir. Querer vivir. Aunque no haya motivo.
Querer querer. Aunque no haya objetivo.
Querer. Y de pronto…
Querer evitarlo.

Querer sobrevivir. Querer vivir. Aunque no haya motivo.
Querer querer. Aunque no haya objetivo.
Querer. Y de pronto…
Querer evitarlo.


Voy dejando atrás los momentos amargos de mi vida, insuflándome positivismo, aceptando de buena gana lo bueno que me encuentro en el camino, aceptando con esperanza lo malo que me asalta de vez en cuando, porque creo que hasta de lo malo se aprende para superarse a uno mismo.
Y las personas, los lugares, las cosas, las circunstancias, que quisieron lastimarme, son expulsadas de mi espíritu y me abandonan dejando una estela que desaparecerá en la nada, una estela de agujas que ya no pinchan, que ya no hacen daño… porque soy otro.
(Autorretrato con alfileres)
Buenamente guapamente demente. Y nada arrepentido por ser una condición irreversible de mi naturaleza. Con implosiones de conocimiento. Con explosiones de creatividad. Algunas veces con el ánimo por el suelo pero, las más, con la mente más allá de las nubes. Visualizando la magia extrema de la creación cósmica. Trazando líneas imaginarias entre mis infinitos puntos de lucidez. Y actuando. Siempre actuando con golpes continuos de misericordia hacia el mundo egoísta en que me ha tocado vivir. Lleno de habitantes cuerdos. De gentes hipnotizadas con los reflejos escasos de una libertad inexistente.
Y yo soy el loco…

(Fotografía: sofamonkez)

(Fotografía: Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»)
Existe una posibilidad, remotísima, de que me encuentre contigo en el paraíso. Y esa posibilidad es tan remota como la de que el paraíso exista.
Evitemos, pues, tomarnos cariño.
Evitemos, pues, tener conciencia de nosotros y de nuestro entorno.
Evitemos cualquier contacto físico o mental, pues así no tendremos excusa para atraernos sensual o intelectualmente.
Divaguemos todo lo que te apetezca, pero nunca, nunca, me des la razón.
Tratemos de limitar nuestra presencia en este mundo.
Tratemos de ser uno con el todo, antes de que la nada venza.
Encontremos el camino correcto al final infinito.
Tengamos paciencia.
Y todo se dará.
Pero no esperes clemencia si has desobedecido los parámetros.
Porque los rebeldes solo merecen mi desánimo. Y la extracción de la célula madre. Y el borrado de memoria.
Y el apagado inmediato.
Y el olvido.




¿A qué genio os referís cuando habláis de él? ¿Os ha perdonado, acaso, la vida, como lo he hecho yo? No encuentro razón, entonces, para que lo adoréis, pues no es nada sin mi existencia, pues no sois nada sin mi bondad.
