No existe la traducción simultánea

No existe la traducción simultánea. La traducción es escrita, cuando se traduce un texto de un idioma a otro idioma distinto del original. Los mal llamados traductores son, en realidad, intérpretes, y pueden ser simultáneos, cuando interpretan simultáneamente al ponente, con un tiempo de demora mínimo, o consecutivos, cuando esperan a que el ponente termine una o dos frases, mientras que ellos toman anotaciones escritas o mentales, y cuando el ponente se pausa, el intérprete hace comprensible para los escuchadores (u oyentes) lo que ha dicho el ponente, estando éste en silencio y alternándose en sus intervenciones. La interpretación simultánea es casi instantánea. La consecutiva alarga, un poco más del doble, el tiempo de la intervención de un ponente con respecto a la simultánea.
Existen subtipos de interpretación basados en estos dos anteriores.
La gente, en general, ignora casi todo sobre este trabajo.

Pupitre de intérprete

Donde el dónde

La noche es un lugar donde todo se reconoce más intenso.
Donde el dónde y el cuándo se viven más puros.
La noche es la distancia más lúcida y los silencios más cercanos, por tan intensos.
El rumor de lo inconstante se palpa en el ambiente límpido y las falacias del día quedan atrás, aunque persisten los miedos sobre los pormenores de las siguientes claridades deslumbrantes.
La noche martillea las mentes con dudas sobre si lo vivido, hasta el momento, es real.
La noche es la purificación de los remordimientos a través de los sueños, cuando se tienen, o no se tienen.
Por eso, te deseo la noche.

Fotografía por © Adelbrando McPherson

Devastación

Lo único que me mueve es estar quieto.
Y sin embargo, en la osadía de mi existencia clamo por desaparecer de ella.
Visionando cada detalle del proceso. Sintiendo el irse de la sangre a raudales, hasta quedar vacío y liviano.
No quiero disolver mi forma con la firma de lo infernal.
Se acercan tiempos devastadores para mi mente.

Fotografía © Adelbrando McPherson

Meticulosidad versus Improvisación

Soy bastante meticuloso en el trabajo. La mayoría de las veces aplico mis conocimientos obtenidos durante muchos años, pero otras veces es la inspiración la que me mueve. Prevengo los problemas y si no existen, durante el desarrollo de un evento, mejor que mejor, pero si salen imprevistos, los años de experiencia y un sexto sentido me guían para resolverlos con eficacia.
Sin embargo, en mi vida artística soy todo lo contrario: improviso, improviso e improviso, para no verme atado por reglas o pasos autoimpuestos que quiten frescura a mis actuaciones.
Más de una vez me han dicho, tras bajarme del escenario, personas conocidas y desconocidas, que cuando actúo es como si estuviera en trance. No les quito la razón. Muchas veces no recuerdo lo que acabo de hacer, o si lo recuerdo, es como si no acabara de ocurrir.
Debo admitir que entro en una especie de éxtasis que me transporta fuera de mi cuerpo (por describirlo de alguna manera) y que me dejo llevar por la canción y su mensaje, por la música y el recuerdo de su intérprete original y que, la mayoría de las veces, pierdo la noción del tiempo, y obligo a los músicos, no sé si a su pesar, a realizar malabarismos para que todo encaje con mi interpretación.

Fotografía © Asociación Cultural La Brecha

Perfección

Perfecto.
Lamento perfecto.
Sinrazón perfecta.
Denigración perfecta.
Intransigencia perfecta.
Persecución perfecta.
Exterminio perfecto.
Control perfecto.
Opresión perfecta.
Vileza perfecta.
Desesperación perfecta.
Desesperanza perfecta.

Fotografías de Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito«

Veganismo

Escucho y leo últimamente mucho sobre cómo está ganando terreno el veganismo en la sociedad occidental actual.
No sé los demás veganos, pero yo tengo dificultades para comer en sitios que no sean estrictamente veganos. Tampoco pido tanto: Uno o dos platos que no sean las típicas ensaladas insulsas con las que recuperas el hambre media hora después de ingerirlas.
Por mi profesión, estoy continuamente en eventos a los que acuden decenas, cientos, miles de personas. Y creyendo que la normalidad de la dieta vegana convive con la de las otras dietas, me encuentro con la sorpresa de que no es así, de que mi «rareza» sigue forzando la sonrisa de camareros, maitres, y hasta cocineros, de algún que otro restaurante de hotel de cinco estrellas en los que, por motivos laborales, tengo que acudir para mi nutrición.
¿Dónde está el avance del veganismo en España? La dieta vegana debería convivir con las otras dietas y no ser una exclusividad de los que respetan la vida no humana.

(Imagen de Deyse en Pixabay)

Me suena

Esto me suena.
Me suena que me ha pasado antes.
Me suena que iba hacia alguien.
Me suena que necesitaba a alguien.
Me suena que buscaba a alguien.
Hasta que caigo en la cuenta de que ese alguien era yo.
La persona más importante de mi vida.
La persona que más necesito en este mundo.

La contienda

Desde lo más insano de mi corazón
me desespero en la sinrazón.
Tengo miedo de fallarme.
Tengo terror a huir otra vez para excusarme.

Soy frágil, en el fondo soy frágil.
Nada hábil, nada tierno ni agradable.
Y no merezco nada que no tenga,
como una vida donde adormezco,
y aunque a veces me crezco,
sufro parálisis de autoestima,
sufro y lucho con mis inseguridades,
tantas que ya no sé dónde están los aciertos.

Voy a llorar otra vez.
Voy a suplicar otra vez.
Voy a tener que vivir la pesadilla otra vez.
Y me pregunto cuándo acabará el ciclo infinito,
porque no sé salir de la espiral del desánimo.

Tanto desamor, tanta hipócrita maraña de sentimientos,
tanta podredumbre de pensamientos.
Necesito respirar, aun sabiendo que al hacerlo me enveneno.
Necesito lidiar con mis neuronas y luego desconectar.

¡He hecho tanto por tanta gente!


Eliminación de la Violencia Contra la Mujer

Cuando te colocas, bien sentadito, ante el papel en blanco, en un entorno controlado como lo es tu casa, crees que el único miedo que tienes que desechar es el que te da la falta de inspiración, de ideas, o de tener demasiadas, tantas que no puedes ordenarlas ni plasmar nada con algún sentido frente a tus ojos.
Y no ha sido diferente en esta ocasión. Cuando quieres participar en el Micro Abierto por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, piensas o que no tienes nada que aportar, porque ya está dicho todo, o que eres el menos indicado para hacerlo porque has claudicado ante la sociedad patriarcal y sus mecanismos de presión y de manejo de conciencia, que permites cada día para seguir sobreviviendo de una manera egoísta, como no podría ser de otro modo.
Y el folio en blanco continúa impoluto de una manera estúpida porque caes en la cuenta que tienes tantos ejemplos de violencia contra la mujer que da auténtica vergüenza que no hayas hecho nunca nada para evitarla.
Pero peor es no decir cuándo sí la has evitado, como aquella vez que saliste corriendo de un vagón de Metro para avisar al conductor de que un hombre estaba pegando a una mujer en tu vagón, mientras todos los demás pasajeros miraban, sin hacer ni decir nada, y le clamabas que llamara a Seguridad.
Como aquella vez en la que, antes de subirte al escenario de una sala en la que eres asiduo cantante, viste cómo dos hombres lamían los brazos y hombros de una mujer paralizada, y pediste al encargado que llamara a la policía porque si no, la llamabas tú.
Como cuando ves y escuchas en conferencias y congresos, en los que participas profesionalmente, cómo los hombres utilizan a las mujeres como armas de guerra ante el enemigo, arrasando poblaciones enteras con violaciones en serie.
Y la violencia más sutil y aceptada que es llamar a tu pareja con un «mi mujer», «mi esposa», mi, mi, mi.
Y escuchar a aquellos que se creen con la suficiente confianza para contarte que se «van de putas» y están orgullosos de ello. Estando claro que esa será la última vez que te juntes con ellos.
Y dejas siempre claro que apoyas la abolición de la prostitución, y que luchas contra tu pornoadiccion del pasado.
Aún así, sigues preguntándote qué puedes hacer para acabar con esa lacra, y, sobre todo, para luchar contra las mentes cerradas, ilusas, desinformadas, egoístas, que piensan que no existe la violencia contra la mujer.
Y hoy otra vez, otra enésima vez, no hay excusa.
No hay papel en blanco, virtual o físico, que me impida manifestarme ante todos vosotros y, sobre todo, ante mí mismo.


Texto leído el 24 de noviembre de 2024 en la Plaza del Ayuntamiento de Aranjuez en el Micro Abierto por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, organizado por la Asociación Cultural La Brecha.