Creando sueños

Un nanosegundo antes, este mundo no existía.
Pensé que fuera, y fue. Se hizo y manifestó.
Con sus habitantes, con sus trillones de historias personales. Con su mezcolanza de especies, razas y géneros.
Y todo interactuó con todo.
Y se hizo historia para que alguien, como tú, como yo, la leyera, la pensara y la recreara.

Fotografía © Archimaldito

Meticulosidad versus Improvisación

Soy bastante meticuloso en el trabajo. La mayoría de las veces aplico mis conocimientos obtenidos durante muchos años, pero otras veces es la inspiración la que me mueve. Prevengo los problemas y si no existen, durante el desarrollo de un evento, mejor que mejor, pero si salen imprevistos, los años de experiencia y un sexto sentido me guían para resolverlos con eficacia.
Sin embargo, en mi vida artística soy todo lo contrario: improviso, improviso e improviso, para no verme atado por reglas o pasos autoimpuestos que quiten frescura a mis actuaciones.
Más de una vez me han dicho, tras bajarme del escenario, personas conocidas y desconocidas, que cuando actúo es como si estuviera en trance. No les quito la razón. Muchas veces no recuerdo lo que acabo de hacer, o si lo recuerdo, es como si no acabara de ocurrir.
Debo admitir que entro en una especie de éxtasis que me transporta fuera de mi cuerpo (por describirlo de alguna manera) y que me dejo llevar por la canción y su mensaje, por la música y el recuerdo de su intérprete original y que, la mayoría de las veces, pierdo la noción del tiempo, y obligo a los músicos, no sé si a su pesar, a realizar malabarismos para que todo encaje con mi interpretación.

Fotografía © Asociación Cultural La Brecha

PosArte

Traspasa el Arte,

Traspasarte con él,

tras pasarte sin él.

El Arte de la Memoria.

El que crea y recrea.

El que asume y se suma

y que rezuma incontinencia creativa,

para que asumas actitud activa

ante el jolgorio de la desesperanza,

ante el sinsabor de la apatía,

para que se emocionen tus neuronas

y tiemblen todas tus zonas,

las de confort y las del rubor,

las de la ilusión y las de la alusión,

la alusión al raciocinio,

para que degustes las implosiones de talento del prójimo y el tuyo propio,

y las explosiones sensoriales que traen consigo

las infinitas descargas infinitesimales de genialidad creadora.

Fotografía © Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito»

La obra de arte

Aún así, la obra de arte, cada año, se muestra inalcanzable.
Ni los eruditos ni los profanos consiguen que se haga la luz sobre sus orígenes ni, menos aún, sobre su mensaje, ni cuál fue el objetivo del artista, o los artistas, al pensarla y producirla.
Cuando te encuentras situado ante ella, te subyuga el brillo natural que proviene de su interior, y la anamorfosis agresiva que apoya su extraño diseño.
Sinceramente, creo que pasarán siglos hasta que la evolución de mi cerebro vislumbre respuestas para el enigma, para cuya resolución me llevan llamando no sé desde hace cuántas generaciones.

Arte Dramático

En mi juventud quise estudiar Arte Dramático pero mi padre prefirió pagarme estudios universitarios en dos carreras que nunca terminé. 
Mi amor por la interpretación y la música me han llevado, más de treinta años después, a hacer convivir esta vocación con la de escritor literario, en mis apariciones en más de treinta salas de Madrid, realizando uno o dos números musicales acompañados por mi teatralidad cómica, por mi vestuario fuera de normas estéticas, y por mi voz y bailes inesperados, reinterpretando, a mi manera, algunos clásicos de la música moderna, o leyendo poesías o microrrelatos propios en algunos epicentros de la literatura en Madrid.
Aparezco en ellos cuando menos se espera y nadie sabe nunca qué voy a hacer encima del escenario.

Yo, como artista underground, siendo más preartista y postartista que actor, o cantante, o escritor, o rapsoda o performer conocido en el maistream, tengo mis inquietudes y saben los que me han visto, y sufrido, actuando, que publico una pequeñísima parte de todo lo que hago, para no saturar al personal (debido a esa enfermedad que tengo llamada hipercreatividad, de la que no quiero curarme nunca).
Mi profesión no me permite dedicar todo el tiempo que quiero a mi vocación artística, pero no desisto en  vivirla con muchas emociones, por si acaso salta la liebre y me descubre un productor de Hollywood o de Málaga.
Soy Archimaldito.

Modarchimaldita

¡Hola, Escandar!


Ha vuelto a ocurrir.

Madrugar y estar grogui durante media hora.

Y conducir grogui durante otra hora.

Grogui, gragui, grego, griego.

Perdona, ¿de qué estabas hablando?

La mente a doscientos por hora en el curro.

Y paciencia, y automatizar los reflejos y las respuestas a los problemas

que aparecen y desaparecen por arte de mi magia.

Y las llamaditas inoportunas cuando estoy sentado evacuando no sé qué.

Pero todo se olvida y sonrío.

Sin gesto forzado, sin mueca de “joker”, sincero, porque disfruto.

Y las horas pasan y el profesional se va diluyendo

para mutar a la piel del artista.

Me consuelo con la perspectiva de estar en la oscuridad.

Anónimo, solo, solitario, dejándome abandonar.

Tan libre como esclavo. Creyéndome lo primero, asumiendo lo segundo.

Creyendo ser especial, único e irrepetible.

Como se lo creen los demás.

Por eso me deprimo.

Y llamo la atención en el transporte público.

Por mi cara seria, mis ojos fijos, mi concentración en el tinnitus que me reclama.

Y la atmósfera helada del verano de vagón de metro.

Donde nadie separa la vista de su rectángulo de dieciséis por siete,

vaticinando que los más jóvenes ya son sordos.

Andando por las calles atestadas,

repitiendo en mi cabeza la tonadilla de los semáforos que interrumpen mi “sí, soy especial”.

Llegando a donde está.

Y así ha vuelto a pasar.

Pensar, saber, sentir: Este es el lugar, esta es la persona, esta es la mirada.

Estas son las palabras: ¡Hola, Escandar!



Dedicado a Escandar Algeet, en el día de su 40 aniversario, hoy, 10 de agosto de 2024.

Foto: Archimaldito.

Obsesiones de un pesado

El 31 de julio de 2024 descubrí a Tiny Tim.
Desde entonces, estoy obsesionado con esta figura musical y performativa, al nivel que siempre me obsesionaron Michael Jackson, Marlon Brando, Prince, Adolf Hitler, Andy Kaufman o Stromae.
Mi esposa sabe de mis obsesiones y tiene que sufrirlas.
Soy la pesadez humanizada en esa faceta de mi personalidad y eso, a veces, harta a los demás.
Debido a ello, en las relaciones sociales, suelo ser un individuo callado, tímido e introvertido.
Nada que ver con mi alter ego, Archimaldito.

Foto de Getty Images

#archimalditoapoyandoalosartistas

#archimalditoapoyandoalosartistas

Archimaldito es el nombre artístico de alguien que empezó siendo un escritor reconocido cualitativamente, pero no cuantitativamente, que apoyó a su hijo artista desde sus inicios, debido a su trayectoria melómana desde niño, que quiso ver volcada en sus retoños, algo que sigue extendiendo a su hija artista.
Archimaldito es un artista que apoya, en vida, a otros artistas, con hechos, y no solo con palabras. Que lo hizo, lo hace y lo hará, aportando su pequeño granito de arena dentro de sus limitadas capacidades económicas: Yendo a sus presentaciones,  comprando sus obras, participando en sus «crowdfundings», dándoles dinero, para que sobrevivieran, en los peores momentos de la Pandemia, pagando las monetizaciones en las cuentas de sus plataformas virtuales, acudiendo a sus conciertos, viviendo, con ellos, sus altibajos. «Mojándose» con sus críticas positivas y negativas, en el mundo real y el virtual, y con sus difusiones y redifusiones. Sin hipocresías, sin miedos, sin egoísmo y sin vergüenza.
Archimaldito es un artista que está acostumbrado a no ser reconocido en su limitado talento, de ahí su apodo. Que está acostumbrado a amar y dar sin pedir, para él, nada a cambio.
Si Archimaldito dice y hace que apoya a los artistas es porque lo hace entregándose en cuerpo y alma, si es que esta existiera.
Así que antes de preguntar qué o quién es Archimaldito, intenta conocerle personalmente para mirarle a los ojos y vislumbrar, en su mirada, sus trayectorias, la artística y la vital. Así podrás reconocer lo que pocos saben, o no quieren saber.
Archimaldito es simplemente él o ello mismo, fuera de sus excentricidades, que le dan la libertad que desea para los demás.
Él sí que vive y deja vivir. Y ama. Sobre todo eso: Ama.

Libre

¿Por qué no damos opiniones sinceras sobre muchos temas?
Siempre se dice aquello de «en público no hables ni de religión ni de política ni de fútbol». Yo añado que ni de sexo ni de alimentación.
Pero bueno, nos autocensuramos para no caer en el bucle infinito de la controversia, la polémica, la discusión. Para no ser señalados a nuestro paso por las conciencias cobardes que prefieren el conformismo. Para que nuestras ideas, sobre cualquier tema, no influyan en nuestro trabajo, en nuestras relaciones sociales cotidianas.
¡Y así nos va! Tenemos que esperar cuatro años (oficialmente, en España) para dar a conocer nuestra opinión y de tratar de imponerla a los demás con el rito del voto en unas elecciones políticas. 
¿Y si ninguna opción te representa? ¿Te quedas callado y aguantas los embates del borreguismo humano?
Yo me niego. Me niego a censurarme y a que me censuren.
Aunque me encerraran en una cárcel, aislado a cien kilómetros bajo tierra, y tiraran la llave, amordazado y sin luz ni agua ni alimentos, mi mente seguiría siendo libre, y mi conciencia, y pensaría en mi derecho a ser auténtico conmigo mismo, a no traicionarme ni anularme.
Por eso no quiero callar ni de palabra ni de acto.
Soy libre.

Querido odiador

Querido odiador:

Creo que usted me desprecia como artista y, si no es así, por lo menos sé que usted se burla de mi arte.
Pero ya sabe, todo es subjetivo. Desde que le conozco, me ha dado usted muestras gestuales y verbales de lo dicho anteriormente.
No pretendo que acepte que yo soy un artista, pero sé que doy felicidad a algunas personas con lo que hago. Solo pretendo eso. Nada más.
Tengo ya una edad en la que el egocentrismo lo dejé atrás, aunque pueda parecer, por mis vestimentas y excentricidad de carácter, lo contrario. Cada vez que usted se ha burlado de mí, he sacado más fuerzas para seguir haciendo lo que hago con pasión. La pasión, el amor por el arte, y la felicidad del prójimo es lo que me mueve.
Aunque a usted le pese, existo, y seguiré subiéndome a un escenario allá donde me permitan hacerlo, para expandir positivismo allá donde voy.
Nunca he tenido ocasión de manifestarle todo esto en persona, pues siempre le he considerado una persona poco accesible. Como soy escritor, aprovecho este medio, el de la escritura, para manifestarle mi pesar por su trato hacia mí. Pero bueno, yo seguiré respetándole aunque usted no me respete. Cuídese mucho y sea feliz. Y no se preocupe, que no le molestaré más. Haré, cuando me encuentre con usted (que estoy seguro que ocurrirá muchas veces) como si no existiera.
Quizás sea ese el peor castigo para un odiador como usted: la indiferencia.

Reciba un cordial saludo, de este, su humilde odiado,

Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito»