Debería distinguir entre lo real y sus sueños. La última vez que no lo hizo, transformó un mundo entero.

Debería distinguir entre lo real y sus sueños. La última vez que no lo hizo, transformó un mundo entero.

Y lo he hecho, aún sin su consentimiento.
Besar sus labios, hundiendo mis dientes en su boca, lamiendo su sangre en mis uñas, aún fresca, aún compatible con la mía.


Veo mi propia mano acercarse a mi rostro y causar dolor en las cuencas oculares mientras me desangro en la desdicha de lo irracional.
He claudicado ante la estupidez. He claudicado ante la imaginación de otro que no soy yo, pues no es mi mano la que me mutila sino mi corazón el que me trae desasosiego. El que me hace desear la propia muerte antes que la de los demás, aún sabiendo que podría ser así mi triunfo sobre el resto de la especie humana.

Pudo ser peor.
Y lo fue.
Pues allí se reunían las maldades de un sinfín de hipócritas que continuamente argüían argumentos ridículos para intentar engañar a los incautos. La mayoría pasiva de los incautos que formaba la minoría activa de los ilusos.
Pudo ser peor. Y lo fue. Porque los engañados otorgaron el poder de decidir sobre sus destinos a los sibaritas de la mentira. A los canallas de la sinrazón.

El pasado mes de marzo, en el instituto, la profesora de Lengua de 1º ESO, le encargó a mi hija, Estela Tatiana Fernández Claudet, un trabajo en el que tenía que entrevistar a alguien de su familia que tuviera cosas interesantes que contar, y me eligió a mí. Éste es el resultado.

UNA ENTREVISTA
Jesús Fernández de Zayas (mi padre) es llamado Archimaldito por el mundo virtual. Es autor literario. Viner, bloguero, fotógrafo y director técnico audiovisual.
Tirarme en monopatín cuesta abajo con una pendiente de aproximadamente 30° en pleno agosto y en sentido contrario de los vehículos. Una de ellas.
Aprovechando las nuevas tecnologías ya que la forma clásica de presentarlas ralentizaba su difusión.
Con Mijail Gorvachov.
Funky. No podía ir con menos de diez colores en mi vestimenta.
He publicado un libro llamado “Sempiterno” que está en la Biblioteca Nacional de España (de ciencia ficción). Y he colaborado con el periodista Pablo Villarrubia (Cuarto milenio) en “ Un viaje mágico por los misterios de América”.
Debido a mi profesión al menos cuatro a la semana. La persona más importante con la que he estado en un congreso es el Rey.
Sí, ja ja, el Cervantes o el Nobel. Aunque no soy muy amante de premios pues es más seguro que lo rechazaría.
Tengo varios, es muy difícil elegir. Pero unos de los más destacables es el de “Archimaldito CD Player” o el que hice para las Naciones Unidas en su campaña “Derechos Humanos 365”.
El de la recreación de una escena de 300 donde hacía de Leonidas la que grabamos a 4° de temperatura.
Sí, exploración suicida de cuevas (espeleología). En los túneles secretos de Cuzco (Perú).
Varias primeras ediciones de varios títulos de Mario Vargas Llosa, creo que la que tengo más aprecio es a “La Tía Julia y el escribidor”.
Retarme a mí mismo en la época universitaria. Tirándome desde el balcón de la primera planta de mi piso de estudiantes intentando caer de pie al estilo Michael Jackson, cayendo mal y lesionándome cabeza y espalda, teniendo que ir un año de rehabilitación en una piscina gracias a la cual aprendí a nadar en todos los estilos.
Aparecer en la Wikipedia como autor de un video sobre la presentación de una obra del maestro de la ciencia ficción española Gabriel Bermudez Castillo.
Tengo cientos, desde que actué ante 3000 personas bailando y haciendo la coreografía de Thriller de Michael Jackson hasta irme a Bolivia con el escritor Javier Sierra o cavar en tumbas pre-incas.
Sí, sigue tus sueños y lucha por cumplirlos.
Firmado:
Archimaldito
(Nota: Se han respetado las faltas de ortografía y errores de sintaxis.)
Y, sin embargo, se adueñó de mi alma, pues ahora, cuando la busco no la hallo, y deduzco que debió de ser ella la que la arrebató de mi cuerpo, cuando lo encumbró a lo más alto del placer físico.
Y es que ahora la hecho en falta, cuando quiero llegar a lo más alto del placer espiritual.


Limpié mi casa de pecados.
Distribuí los valores por habitaciones.
Tiré al contenedor negro los defectos.
Me deshice de todos los espejos e insonoricé el cuarto de los insultos.

Erase una vez un planeta maravilloso que guardaba para sí el orgullo de que uno de sus habitantes trabajara por su bienestar, que se ocupara de él como un hijo que se desvive por su madre ya demasiado madura. Y el hijo pródigo prodigó la traición total. Siempre había escondido detrás de aquel cariño ficticio un interés egoísta. Pretendió que la Naturaleza le enseñara todos sus secretos, que el colectivo que lo mantenía en forma le entregara toda la sabiduría existente en sus mentes, para después robarles la confianza, pues como no había más que hurtar, las víctimas eran una carga pesada e inservible, demasiado para que él pudiera remontar el vuelo y alcanzar las estrellas, su ansiado firmamento que le aguardaba con nuevos enigmas que descifrar, con nueva sabiduría que absorber.
Lo malo para el ingenuo criminal era que la memoria colectiva de aquel mundo no moriría nunca y recordaría su fechoría por los milenios de los milenios hasta que tuviera el momento y la oportunidad de pedir cuentas a cualquiera de las múltiples reencarnaciones del infame…

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