De vez en cuando, muy de vez en cuando, prometía acabar con su odio hacia la especie humana. Mientras tanto, la invasión seguiría adelante.

De vez en cuando, muy de vez en cuando, prometía acabar con su odio hacia la especie humana. Mientras tanto, la invasión seguiría adelante.

Nadie entendía por qué el androide de servicio quebró el cuello a su amo. El odio no estaba incluido en su programación.

Los paseos dejaron de ser relajantes. Miraba siempre hacia atrás, porque en la senda de grava escuchaba sus pisadas, que me herían por su inoportunidad. Pero no había nunca nadie a quien acusar. Solo mi paranoia. Y el demente jamás confiesa su locura. Ahora lo hago, porque me curaste, pero antes estaba demasiado imbuido en la idea de mi genialidad autodestructiva.
Un día, en una calurosa mañana de invierno, mi sistema asociativo se derrumbó.
Falsas recurrencias magicolúdicas de mi atormentado complejo de inferioridad para el que ser el centro del Universo se concretaba en que alguien se fijara en mí, que fuera yo el núcleo de sus obsesiones amatorias o de potestad sobre los demás.
Estar solo y creer que miles de pares de ojos te observan para juzgar lo que haces. Cualquier sonido era sospechoso. Y al fin, un charco en el que te miras y junto a tu testa, la de tu musa. Un respiro de reacción y, girando la cabeza, sin nadie al lado. Pero, en esa ocasión, la sensación de verme acompañado fue hiperreal porque sentí su aliento.
Creí que alguien se estaba burlando de mí, por lo que pudiera haber sabido a través de mi propio contar anecdotario. Anduve con zancadas más largas y a mayor velocidad, para que la fantasma se despegara y se quedara tirada en alguna cuneta de mi itinerario.
Y el calor me empezó a estrangular. El de la fricción continua de la soledad se había apagado con el batir del corazón nervioso, acelerado por los últimos acontecimientos: No creía que pudiera ser quien yo creía. Habían pasado demasiados años, y los rostros cambian.
Quizás, pero no las miradas. Pueden ser alegres, iracundas, o afectadas por algún mal de ánimo, mas las que te rasgan con su profundidad se mantienen, aun con aquellos disfraces, imperturbables.
¡Basta! Ella no existía. Aunque aquella noche soñaría con ella y con su sonrisa, inaugurando mi mortificación.

Debería distinguir entre lo real y sus sueños. La última vez que no lo hizo, transformó un mundo entero.

Y lo he hecho, aún sin su consentimiento.
Besar sus labios, hundiendo mis dientes en su boca, lamiendo su sangre en mis uñas, aún fresca, aún compatible con la mía.


Veo mi propia mano acercarse a mi rostro y causar dolor en las cuencas oculares mientras me desangro en la desdicha de lo irracional.
He claudicado ante la estupidez. He claudicado ante la imaginación de otro que no soy yo, pues no es mi mano la que me mutila sino mi corazón el que me trae desasosiego. El que me hace desear la propia muerte antes que la de los demás, aún sabiendo que podría ser así mi triunfo sobre el resto de la especie humana.

Pudo ser peor.
Y lo fue.
Pues allí se reunían las maldades de un sinfín de hipócritas que continuamente argüían argumentos ridículos para intentar engañar a los incautos. La mayoría pasiva de los incautos que formaba la minoría activa de los ilusos.
Pudo ser peor. Y lo fue. Porque los engañados otorgaron el poder de decidir sobre sus destinos a los sibaritas de la mentira. A los canallas de la sinrazón.

El pasado mes de marzo, en el instituto, la profesora de Lengua de 1º ESO, le encargó a mi hija, Estela Tatiana Fernández Claudet, un trabajo en el que tenía que entrevistar a alguien de su familia que tuviera cosas interesantes que contar, y me eligió a mí. Éste es el resultado.

UNA ENTREVISTA
Jesús Fernández de Zayas (mi padre) es llamado Archimaldito por el mundo virtual. Es autor literario. Viner, bloguero, fotógrafo y director técnico audiovisual.
Tirarme en monopatín cuesta abajo con una pendiente de aproximadamente 30° en pleno agosto y en sentido contrario de los vehículos. Una de ellas.
Aprovechando las nuevas tecnologías ya que la forma clásica de presentarlas ralentizaba su difusión.
Con Mijail Gorvachov.
Funky. No podía ir con menos de diez colores en mi vestimenta.
He publicado un libro llamado “Sempiterno” que está en la Biblioteca Nacional de España (de ciencia ficción). Y he colaborado con el periodista Pablo Villarrubia (Cuarto milenio) en “ Un viaje mágico por los misterios de América”.
Debido a mi profesión al menos cuatro a la semana. La persona más importante con la que he estado en un congreso es el Rey.
Sí, ja ja, el Cervantes o el Nobel. Aunque no soy muy amante de premios pues es más seguro que lo rechazaría.
Tengo varios, es muy difícil elegir. Pero unos de los más destacables es el de “Archimaldito CD Player” o el que hice para las Naciones Unidas en su campaña “Derechos Humanos 365”.
El de la recreación de una escena de 300 donde hacía de Leonidas la que grabamos a 4° de temperatura.
Sí, exploración suicida de cuevas (espeleología). En los túneles secretos de Cuzco (Perú).
Varias primeras ediciones de varios títulos de Mario Vargas Llosa, creo que la que tengo más aprecio es a “La Tía Julia y el escribidor”.
Retarme a mí mismo en la época universitaria. Tirándome desde el balcón de la primera planta de mi piso de estudiantes intentando caer de pie al estilo Michael Jackson, cayendo mal y lesionándome cabeza y espalda, teniendo que ir un año de rehabilitación en una piscina gracias a la cual aprendí a nadar en todos los estilos.
Aparecer en la Wikipedia como autor de un video sobre la presentación de una obra del maestro de la ciencia ficción española Gabriel Bermudez Castillo.
Tengo cientos, desde que actué ante 3000 personas bailando y haciendo la coreografía de Thriller de Michael Jackson hasta irme a Bolivia con el escritor Javier Sierra o cavar en tumbas pre-incas.
Sí, sigue tus sueños y lucha por cumplirlos.
Firmado:
Archimaldito
(Nota: Se han respetado las faltas de ortografía y errores de sintaxis.)
Y, sin embargo, se adueñó de mi alma, pues ahora, cuando la busco no la hallo, y deduzco que debió de ser ella la que la arrebató de mi cuerpo, cuando lo encumbró a lo más alto del placer físico.
Y es que ahora la hecho en falta, cuando quiero llegar a lo más alto del placer espiritual.
