Cuaderno de viaje

Cuaderno de viaje, 10 de marzo de 1994. 6:36 de la mañana. Hotel América, Lima, Perú.

Dice Yogananda en sus Máximas lo siguiente:
«La muerte nos enseña a no depositar nuestra confianza en la carne, sino en Dios. Así pues, la muerte es una amiga. No deberíamos lamentarnos impropiamente ante la partida de nuestros seres queridos. Es egoísta el desear que permanezcan siempre junto a nosotros, para nuestro propio placer y solaz. Deberíamos, más bien, regocijarnos ante el hecho de que hayan sido llamados a continuar avanzando hacia la libertad del alma, en el nuevo y mejor ambiente del mundo astral».
Estoy totalmente de acuerdo con él. Acabo de leer esta «máxima» hace escasamente un minuto y me ha impactado el que refleje, sin haberla conocido antes, mis pensamientos al respecto.


Últimamente mi obsesión por el apego-desapego me ha hecho esforzarme en distinguir lo que podría estar indisolublemente unido al significado del amor. Me explico: si tú amas a una persona y esta, por cualquier circunstancia, muere, sufres por su pérdida y no por su destino. Si yo sé que va a un «lugar» mejor, ¿por qué tener pesar? ¿La quiero o no la quiero? ¿Quiero su bien, su felicidad, o no los quiero? ¿Pienso en mí cuando la echo de menos y sufro por ello? Me he creado un apego, algo egoísta.

Apego, de ego: para mí, en mi interés. Amor, entrega, búsqueda de lo mejor para las otras personas (y demás seres animados e inanimados). ¿Se ve la diferencia?


Si desarrollo la capacidad o el sentimiento del desapego, no tengo por qué estar traicionando, en manera alguna, mi facultad de amar. Aunque ame a algo o a alguien, esa energía constructiva del Amor se la transmito tanto en vida como en muerte.

Otra cosa bien distinta es encariñarme a ese algo o alguien porque yo sienta felicidad haciéndolo. Mi felicidad, sin pensar en las del otro. En todo momento, debo intentar buscar, en mi relación con esa persona querida, su felicidad, sin esperar nada a cambio. Un Amor sin interés. Un amor no egoísta. Un amor auténtico. Tanto en la vida como en la antesala y paso a otra u otras vidas. El amor que hayamos sentido por la persona en vida no debe morir con su muerte. Debe prolongarse como si siguiera junto a nosotros.

Imagen ©️ Jesús Fernández de Zayas

Hoy hace un año

El tiempo pasa, el vivir el presente se ha convertido en lo más importante para mí.
Mientras escucho sobre guerras, cataclismos, inclemencias climáticas y la desesperación y desamparo de muchos humanos, yo sigo adelante, concentrando mi amor en el pequeño mundo que es mi familia.
He aprendido a sobrellevar la supervivencia diaria añadiendo momentos de humor y de concordia para con mis prójimos.
He aprendido a activar mis pensamientos constructivos en pos de un bienestar para todos los seres humanos y no humanos que conozco y conoceré.
He aprendido a sobrellevar las angustias inherentes a vivir en una sociedad capitalista que influye en mi paz mental, por tener que cumplir las reglas del dinero y del poder.
Ya no me considero NADIE pues sé que cada uno de mis actos influyen en otros ALGUIEN.
Y creo que creerme (valga la redundancia) todo eso y reírme de mí mismo ha sido mi salvación para «no tirar la toalla».
PAZ Y AMOR (no, no soy hippie).

Grande

He cruzado mil umbrales, o más, y aún no he logrado discernir el principio ni, mucho menos, el final del camino.
Ahora espero el siguiente ciclo de mi propia creación, para así liberar de peso mi pasos en el trayecto de la armonía.
Y así sé que es solo una transición.
Y tal vez sea una osadía creer que me integraré en la verdad de todo.
Y me pregunto, siempre me pregunto, si es efímera mi grandeza.

Trolas

¿Por qué dicen amar con el corazón si el corazón no ama, si solo late, bombea, te mantiene con vida gracias a los estallidos eléctricos provenientes de tu cerebro?
Y la sangre que te recorre no lleva emociones ni exalta pasiones, solo mancha cuando se derrama.

Sonríe

Puede que tu vida sea un drama continuo. O puede que tu vida sea una comedia en la que todo tiene su lado divertido y, por ende, positivo.
En ambas «tipologías» de vidas es necesaria la reflexión continua, para no caer en la rutina que nos lleve a vivir mecánicamente, con inercia pasiva hacia el final de nuestros días.
Del drama se puede aprender: a superar los errores, a evitar caer en ellos, a desesperar de tal manera que caigas en un abismo sin fondo, pero con la esperanza de que aparezca en nuestra vida alguien que viva en la comedia y que nos rescate llevándonos a un espacio abierto en que podamos volver a respirar libres y felices.
De la comedia se aprende: a observar los detalles ocultos de la vida que intentan socavar nuestra felicidad, para poder sortearlos, a relajar nuestro positivismo para tocar la realidad circundante e intentar cambiarla hacia algo mejor para los demás, o hacia algo aún mejor para nosotros mismos y salir, de nuevo, impulsados hacia un mañana de esperanza.
Sea como sea, mirémonos en el espejo, cuando lo haya, o mirémonos en los ojos de los demás, para intentar comenzar cada nuevo día, con una sonrisa o, por lo menos, un esbozo de ella.

Contra

Es curioso que la gente no está acostumbrada a alguien que se salga de la norma.
Yo lo hago en el pensar, en el hablar, en el vestir, en el votar.
No sigo las modas, no me fío de las normas, sigo las leyes respetuosamente, pero me pregunto por qué lo hago.
Soy yo el que tiene que explicar por qué soy vegano cuando yo no pregunto por qué los demás comen cadáveres o explotan otras especies.
Soy yo al que tratan extraño por trabajar como un poseso para llegar a fin de mes.
Soy yo el que pierdo amistades cuando no alabo su mediocridad.
Soy el que tiene que actuar ante la indiferencia o parsimonia de los demás cuando maltratan a una mujer, o a un anciano o a un niño o a un animal.
Soy yo el que se queda observando a los demás cuando ellos no levantan sus ojos del móvil.
Soy el que no ríe por peloteo ni diplomacia.
Soy yo el que se sorprende cuando los demás no se creen que no hagas las cosas con un interés oculto o manifiesto.
Soy yo el que mira a una mujer o a un hombre sin trasfondo sexual.

Soy yo el que no regala flores cortadas que morirán.

Soy el que se queda callado y meditabundo si no tengo nada que decir.

Por eso, callo mi lápiz ahora, para que no crean, las y los que me leen, que intento convencerlas y convencerlos de que me creo en posesión de la verdad o que todo es fruto de mi egocentrismo.

247

El sistema en el que estamos inmersos, donde prima la productividad sobre la persona que produce, que está inmerso en un estado materialista agudizado por los nuevos paradigmas personales en los que triunfan el egoísmo y el «sálvese quien pueda».
El estado de las cosas en que se trata al ser humano como una máquina de hacer dinero, en el que el engranaje del beneficio inmediato hace olvidar que el prójimo no es un robot sin sentimientos, ni pasiones,  ni vida propia.
Los nuevos medios de comunicación, que han reducido drásticamente la duración de los contenidos para que todos sean de consumo inmediato, porque las audiencias no tienen tiempo que perder y así el tiempo que les sobra sigan consumiendo otros contenidos audiovisuales o para que sigan invirtiendo dinero en el sistema que los envuelve, gastando en comida y artículos de consumo.
Todo es intentar llenar una vida en el que el tiempo pasa rápido, en la que, algunas veces, la vaciedad la llena toda.
Por eso, y mucho más, se están despersonalizando las relaciones.
Eres un robot con disponibilidad 24 horas 7 días a la semana, no tienes familia, ni altibajos emocionales ni físicos. Tienes que estar disponible, dispuesto y sonriente.
Las desdichas del prójimo te la «refanfinflan» porque es el prójimo el que tiene que escuchar tus miserias.
Ese egoísmo se traslada al nivel profesional donde solo vale hacer caja, o conseguir poder, para sentirte importante y para sobrevivir pisando a los demás.
Con lo fácil que es tratar a los demás como quieres que te traten a ti.
Pero es una fórmula, para la felicidad,  tan sencilla, que no parece real y, por eso, muchos la desestiman.
Si has llegado hasta aquí leyendo es que te importa lo que opinan los demás y no eres de los que se miran su propio ombligo pensando en que has perdido el tiempo absorbiendo la sabiduría de los demás en vez de hacerte un «selfie» que te lleve a tener más seguidores en cualquiera de esas redes sociales que engrandecen el individualismo.

San Sin Son

Sin palabras. Solo colores. Solo calores, los de las sonrisas.
Sin miedos. Sin medios, los de las risas.
Sin desánimo. Eso da ánimo.
Sin sentido del ridi ni del culo.
Sin Sin Nati. No conozco a ninguna Nati (curioso, ¿no? No).
Sin tiempo para pensar en el tiempo, que se me va Sin pensar.
¿No era «sin» pecado en inglés?
Bueno. No sé pecar, así que no importa.
Lo importante es lo portante, y yo solo sé portar una cosa: mi son risa.
Misión Risa.
Mi son: la risa.

(Nota: A veces entristezco, por falta de energía interna para sonreír, o para reír, pero intento que se me pase pronto, aunque me pongo muy serio para lograrlo.)

Lo de Archimaldito venía al lado de la fechadecaducidad. Pero esa es otra historia.

#archimaldito