Payasa

Gua pedía agua, no para beber sino para echársela por encima y reír a mandíbula desencajada.
Gua jugaba con los demás tal como había jugado cuando era niña. Pero la edad y la experiencia daban otro sentido muy distinto a sus juegos.
Estimaba que los que estaban con ella o se cruzaban en su camino eran seres aburridos a los que había que divertir a costa de sus defectos físicos y psíquicos, lo que la acarreaba la aparición de muchos enemigos y enemistades.
Pero a ella eso no la importaba porque la principal diana de sus burlas, insultos y escarnios era ella misma y cuando alguien la preguntaba por qué se cebaba con su propia cojera, con su mandíbula saliente y con su bizquera mal disimulada, contestaba que lo hacía para superarse cada día, para encontrar un objetivo en la vida, para dar y recibir cariño y, consecuentemente, felicidad.

Imagen de Alexandr Ivanov en Pixabay, editada por Archimaldito

Por encima del hombro

Hoy me han dicho que sufro de microinfartos cerebrales.

Los médicos no saben decirme aún cuál es el motivo de esta anormalidad.

Yo intento sugerirles una respuesta al enigma y no me hacen caso. Desprecian mis explicaciones aduciendo que no estoy preparado intelectualmente para aportar una solución científica plausible.

Yo insisto e insisto para ayudarles desinteresadamente y, aún así, me miran por encima del hombro.

A veces, me imagino sus caras cuando les diga algo que les he ocultado hasta el momento: que no tengo cerebro.

Imagen de u_if8o5n0ioo en Pixabay

Hoy hace un año

El tiempo pasa, el vivir el presente se ha convertido en lo más importante para mí.
Mientras escucho sobre guerras, cataclismos, inclemencias climáticas y la desesperación y desamparo de muchos humanos, yo sigo adelante, concentrando mi amor en el pequeño mundo que es mi familia.
He aprendido a sobrellevar la supervivencia diaria añadiendo momentos de humor y de concordia para con mis prójimos.
He aprendido a activar mis pensamientos constructivos en pos de un bienestar para todos los seres humanos y no humanos que conozco y conoceré.
He aprendido a sobrellevar las angustias inherentes a vivir en una sociedad capitalista que influye en mi paz mental, por tener que cumplir las reglas del dinero y del poder.
Ya no me considero NADIE pues sé que cada uno de mis actos influyen en otros ALGUIEN.
Y creo que creerme (valga la redundancia) todo eso y reírme de mí mismo ha sido mi salvación para «no tirar la toalla».
PAZ Y AMOR (no, no soy hippie).

Prevenido

Mi madre me lo advirtió. Me lo dijo tantas veces que ya no me hacía efecto su prevención.

-No la mires a los ojos, que te embrujará y no podrás zafarte de su hechizo jamás.

Mi madre, tu suegra.

 

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Photo by Helmut Gevert from FreeImages