Performer

Escribo tanto que no tengo tiempo a publicarlo y, mientras, lo guardo en notas en papel dispersadas por la casa o en mi lugar de trabajo, y allí, como hojas caídas en otoño, aplastadas entre libros o cuadernos releídos, dejan madurar sus palabras, con la intención de que las ideas expresadas provoquen efervescencia en mi psiquis que valga de aviso para volver a rescatarlas.

Y mientras me quedo con los vacíos llenos de mecanicismo laboral, llenos de actos de supervivencia. Deseando que me sobrevenga el estado de dependencia creativa.

Y los ojos, con su punto de visión dirigido a objetos inexistentes. Y las olas de voltaje sensorial que rompen en mi muro mental, tan proclive a ser derribado, me horrorizan y me embaucan a partes iguales, disimulando las pequeñas implosiones con la percepción de la obra de otros artistas, mientras las absorbo y las mimetizo con mi propia percepción de las cosas y de las no cosas.

Y siempre, el agobio continuo por no poder detener el tiempo, que es siempre tan veloz que me siento desamparado ante la idea de que nada sea eterno.

No quisiera tomar nunca como propias las palabras que escuché el otro día de un “performer” o interpretador de la vida y del arte encerrado en esa vida: “No soy un artista, soy un poeta”.

Esas palabras no me valen, pero aun teniendo claro que no me las puedo, ni quiero, aplicar, me hieren demasiado. Y cuando deje de escribir ahora, dentro de un instante, volveré a rebuscar mis hojas caídas de otoño. Volveré a rescatar aquellas palabras escondidas para hacerlas visibles a otros ojos, para que ellos las llenen de sentido y hagan que mi vida tenga, otra vez, sentido.

 

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(Fotografía de Jesús Fdez. de Zayas “Archimaldito”)

De nadie. De nada.

Escruto la apatía. 
Siembro la discordia contra la ignorancia.  Contra la disciplina incoherente. Contra la hipocresía asentada y asumida y seguida y aplaudida. Y hiervo.
Es entonces cuando estilizo mi derredor. Para proceder a la selección natural de la conciencia.  De hecho la más buscada.
Para asumir la genialidad de algunos individuos. Para dejarme cegar por el brillo de sus mentes. Para absorber el sobrante de su desbordamiento espiritual.  Para aprender y ser cada vez más libre.
Pero aclarando la idea primordial: Seguidor de nadie soy.

(Dedicado a Bunbury)

 

Monkey in the cage

Demoledor

Otra vez amordazado.

Con la intención de decir la verdad y amordazado. Con la intención de no levantar sospechas. Sigiloso en los actos y reprimido en los pensamientos, por si hubiera alguno que supiera escucharlos o leerlos. Luchando continuamente contra la ignorancia mayoritaria, más similar a la desidia, a la dejadez mental. Soltando, poco a poco, el lastre más pesado: el del conformismo.
Siempre un paso por delante de los que caminan un millón de pasos detrás.
Etiquetado como rebelde, raro y estrafalario. Sin una piel de borrego. Sin una actitud de borrego.
Amordazado por mi propio autocontrol. Porque mis verdades serían, como siempre, tergiversadas, si es que no fueran ignoradas, como siempre, por el sistema erróneo y errado, el mismo que acabará implosionando en una suerte de demolición incontrolada.
Y, como yo, tantos y tantos que trabajan en las sombras de esa oscuridad quebrantable. Tantos y tantos que serán luz, en el momento adecuado, para los demás, los que ahora están ciegos y cegados, anestesiados y amnésicos, amordazados. Amordazados.

Otra vez amordazados.

 

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Odio

Una y otra vez la muerte, causada por esa parte de la humanidad que nos hace perder el sentido de la vida, tan maravillosa, tan nulamente valorada por la Maldad intrínseca en nuestra naturaleza.

La fe en el ser humano y la esperanza en que algún día la deshumanidad desaparezca totalmente del espíritu del hombre se tambalean con cada segundo de la permanencia de la especie humana en este planeta.

Somos exterminables, y estamos siendo exterminados por nosotros mismos. Sigamos pues viviendo egoístamente, siendo cómplices de la barbarie que nos llevará a cumplir ese desafortunado destino: El día en el que el equilibrio volverá al Universo.

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Sinrostro

Sin rastro del rostro. Con un rato de reto. Avivando la vida. Mezclándola con la tuerta muerte. Aguantando la desidia, el desánimo y el estupor ante el no reconocimiento de uno mismo. Sin rastro del espíritu arrastrado. Tan erosionado que parece anulado. Y el resto, supurando sopor. Ante la mentira, ante el engaño continuo y manejado. Ante el temblor crónico del enajenado. Ante el encogimiento de hombros de los hombres, que por querer mucho acaban teniendo lo que se llevarán a la muerte: Nada.

 

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(Selfie tomado el 12 de marzo 2017 a las 15:08:41, justo cuando el sol deslumbraba)

Genio

Genio. Tránsito y esperanza. Lúgubres sentimientos de insatisfacción. Patetismo integral de una memoria caduca. Irreprochable tentación de lo absurdo. Lujuria vana de una rabia eterna. Vasta bestia marchita marchando hacia la total disgregación, hacia la total desaparición de la esperanza en un remedio para la cordura. Prefiriendo estar loco que lúcido. Prefiriendo morir que vivir en la nada. Deseando. Buscando antes que encontrando. Para perderse siempre. Genio.
Es hora de echar a andar de nuevo.

 

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