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Vas a ver
Vas a ver cómo sé sortear las inclemencias de la vida. Vas a ver cómo sé resistir, una vez y otra, los golpes desafortunados del destino. Vas a ver cómo siempre me levanto de mis cien y mil caídas. Vas a ver cómo sé tener paciencia y cómo convierto ésta en un recurso inagotable ante las malas caras, los malos rumores y el tenaz desasosiego. Vas a ver tanta tranquilidad que no te pareceré humano. Tanta templanza que dudarás de si corre sangre por mis venas. De si tengo demasiada fe en la Humanidad, incrementando mi ingenuidad, incólume desde la infancia. De si estoy ciego ante la realidad, la cruda realidad que nos rodea. Y dudarás de mi inconsciencia, porque creerás que se alimenta de una frialdad sospechosa, que la farsa que me he construido se deshará como un castillo de naipes. Y errarás, amigo mío, errarás en todos los casos. Porque la vida es bella allá de donde vine, en el confín de los tiempos. Y todos los que allí habitamos nos capacitamos en sembrar la discordancia en el presente, tan necesario de Amor, tan necesario de fe en el prójimo. No dudes pues y repara tu error claudicando ante tu ignorancia y enmendándote emergiendo en la nueva sabiduría, que solo tiene una enseñanza: La Felicidad eterna.

Estoy impaciente
He vuelto a cruzarme con ella. La he mirado de refilón y he notado un cosquilleo en la nuca. Y después, tras tener lejos su perfume, me he preguntado por qué causa en mí ese efecto.
Aún no sé si la deseo y ni siquiera me he planteado el averiguar si algún día la querré.
Lo que sí sé es que quiero cambiar de vida. De cuerpo. De alma. Y mezclar mi plano existencial con el suyo.
No puedo esperar a que ella muera para fundirme con ella.
Si espero demasiado, quizás renazca. Ella. Yo.

Palabreando
¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

Aquella mañana de mayo
Aquella mañana de mayo.
Le hubiera gustado recordarla siempre.
Porque ella estaba allí, junto a él, recién salido del hospital, recién recuperado. Porque se sentía dichosa. Porque quería creer que ella le importaba. Porque creía saber por qué lo amaba, a él, tan estúpido con la gente, tan intratable en lo privado, tan despreciable en lo humano. Y, aun así, tan tierno con ella, cuando no esperaba eso de él. Y ella creía que, aunque fuera durante contados instantes, esa limitada amalgama de sentimientos, la llenaba, porque, quizás, no tenía otra cosa a la que aferrarse.
Y aquella mañana de mayo estaba siendo la mejor mañana de su vida porque aquella mañana la había tenido en cuenta. Porque, ayudándose mutuamente, harían lo que siempre habían querido, desde que se dieron cuenta que, por sí solos, no lo conseguirían.
Primero ella, y luego él. Y no errarían. Y no volvería jamás uno de ellos al hospital, para tener que volver a empezar.
Aquella mañana de mayo conseguirían, por fin, no tener mañana.

Mi tiempo se acaba
Todo es relativo.
Mi vida debía durar un segundo, pero el destino, debe de ser, me está regalando femtosegundos de prórroga. No provocaré a la suerte y le diré ya, a mi pareja, que la amo intensamente.

Fantasías eróticas
Enrolló las piernas alrededor de su cuello y cuando empezó a creer que era una nueva forma de hacerle el amor, se lo partió.

Felicidad absoluta
Su hijo la miró a los ojos. Madre, te amaré siempre. La comadrona lo depositó sobre su vientre. Hijo, te amaré siempre. El bebé sonrió.

Bastaron tres segundos
Imagen

Cizaña
Calla.
No hagas de esto una batalla.
No sigas metiendo cizaña.
Calma.
Pues está contigo mi alma.
Y si no hablas, escuchas.
Mis latidos, no tus quejidos.
Que sabré escuchar tus necesidades.
Y así olvidarás mis nimiedades.
Que sabrás sentirme en tus silencios.
Que los míos serán tuyos, a gritos.
Calla, no hagas que me sienta un canalla.
Calma, que está contigo mi alma.
