Su hijo la miró a los ojos. Madre, te amaré siempre. La comadrona lo depositó sobre su vientre. Hijo, te amaré siempre. El bebé sonrió.

Su hijo la miró a los ojos. Madre, te amaré siempre. La comadrona lo depositó sobre su vientre. Hijo, te amaré siempre. El bebé sonrió.


Calla.
No hagas de esto una batalla.
No sigas metiendo cizaña.
Calma.
Pues está contigo mi alma.
Y si no hablas, escuchas.
Mis latidos, no tus quejidos.
Que sabré escuchar tus necesidades.
Y así olvidarás mis nimiedades.
Que sabrás sentirme en tus silencios.
Que los míos serán tuyos, a gritos.
Calla, no hagas que me sienta un canalla.
Calma, que está contigo mi alma.

Amo los libros. Amo leer. Amo escribir.

(Fotografía: Iván Fdez. Claudet)

El odio era mutuo, como mutua era su desdicha al odiarse. Mas disfrutaban del momento mutuo de aguantarse, cada día.
Cosas de casados.

Saluda al alma, esté donde esté, porque huyó engañada por el odio, antes de que se estableciera el amor.

El Amor verdadero no tiene fecha de caducidad. Si la tuviera, es que no es Amor.

Le costó comprender aquella mirada furtiva. Hasta que la dueña de la misma le habló, susurrándole en la distancia, teniendo que esforzarse en leer los labios, y no le gustó lo que las palabras sugerían.
La comprensión del Universo se disipó en un instante.
Y al siguiente, la implosión de ideas, mientras notaba que la mujer se acercaba a grandes pasos. Y él, sin poder moverse y sin poder encontrar la voluntad para hacerlo.
Y cuando logró despegar los pies del suelo, era demasiado tarde. Pues el sabor de la sangre estaba en su boca, porque el…
No le importó escuchar el tictac martilleante del reloj del baño.
No le importó escuchar el latido de su corazón acelerado en la oreja aplastada sobre la almohada.
No le importó sentir que se le escapaba la vida con cada exhalación de aire caliente de fiebre.
Tosió y, al mismo tiempo, la sonrió.
-¿Sabes? Por un momento no has estado aquí, tumbada a mi lado, aguantando el silbido de mis mocos. Y me has asustado.
Ella no comprendió su mirada furtiva pero, aún así, besó su frente hirviente.

Si como una fresita,
sabor a ti.
Si huelo una rosita,
olor a ti.
Te guardo una cosita,
es para ti.
Corro si me necesitas,
ya estoy aquí.
Hoy he vuelto a enamorarme
y es que no puedo, no quiero evitarlo,
esta mañana al despertarme,
y encontrarte, mujer hermosa, a mi lado.
Te quiero con locura,
te amo con total pasión,
y si me das un besito
me da un vuelco el corazón.
Que soy tuyo no lo dudes,
que eres mía ya lo sabes,
por eso al abrazarnos,
el Amor en mi alma ya no cabe.
Hasta la noche espérame,
y entre tus brazos
haz un hueco, que sea abrigo de mi mundo.
Espérame sobre tus labios,
que en ellos mi amor abundo.
Miel de mis flores,
Luz de mis estrellas,
Agua de mis ríos,
Sangre de mis venas.

(Fotografía: © Jesús Fernández de Zayas «archimaldito»)