Equivocados

Quizás las personas esperen los buenos tiempos para olvidarse de los malos tiempos.
Empiezo a atisbar otro nuevo rastro de desmemoria a corto plazo.
Sin haber dado oportunidad a dejar atrás los efectos mortales de una reciente pandemia, la gente, que ha creído que se trataba de un mal sueño, se ha lanzado, irresponsablemente, a vivir de nuevo la vida como si la emergencia sanitaria no hubiera sido algo real que puede volver en cualquier momento.
El egoísmo humano, cómo no, impera en las relaciones globales humanas. El beneficio inmediato, el placer de vivir una vida que, algunos consideran, es demasiado corta.
Han muerto muchos humanos, y han quedadas trastocadas muchísimas más vidas.
Pero no pasa nada. Hemos venido a este mundo a trabajar y a disfrutar de nuestro suspiro vital.
Y así van las cosas: La caída libre e incontrolada hacia el desbarajuste total del Planeta Tierra, el olvido hacia las futuras generaciones, el autoexterminio imparable.
Luego diremos que no nos lo podíamos imaginar, que todo es una sorpresa continua, que el azar juega con nuestras vidas.
¡Cuán equivocados estamos!

Imagen de cromaconceptovisual en Pixabay

El paso del tiempo

No acepto el paso del tiempo.
Me abruma, me bloquea, me desespera, me aflige, me deprime.
No puedo detener su carrera interminable.
Me siento nada. Un sujeto olvidado. Un algo que no perdurará en la memoria de alguien, o algo.
La obsesión me acelera el corazón y detiene mi mente en seco, cuando estaba hiperacelerada nanosegundos antes. Y la inercia me lleva a estamparme contra la realidad.
Un sinfín de sufrimiento interno.
Un enclaustramiento voluntario en la cárcel de la nada absoluta.
No sé para qué existo.
Y lo peor de todo es que no quiero saberlo.

Imagen de Alexander Lesnitsky en Pixabay

Vivo viviendo en mí

Creo tener muchos amigos, aunque casi todos son conocidos, los circunstanciales que ves de ven en cuando.
Me rodean, casi siempre, cientos de personas, y me veo, desde arriba, mirándolos. Las risas, los halagos, los aplausos efímeros, el bienestar pasajero, mientras lo único que escuchas, continua e incesantemente, son los murmullos de tu mente, los latigazos del corazón y el tintineo de tus ansias.
Al principio y al final del camino, físico o imaginado, estoy yo conmigo, buscándome, comprendiéndome, queriéndome.
Los demás, los prójimos, son circunstancias vitales, amparos para el alma, destellos para que no duermas, para que no ensueñes demasiado, en el camino hacia la desaparición.

Fotografía © Archimaldito

Equibrío

El equilibrio exacto.
Donde las extremidades juegan con el vacío.
Donde la lengua demora en zafarse de las necedades.
El equilibrio deseado.
Cuando uno logra mirar y juzgar desde la distancia.
Cuando se es testigo de la esperanza perdida y recuperada.
Y la respiración no se entrecorta sino que fluye como un manantial invisible de lucidez.
Y la dispersión de la memoria, antes de hacerse líquida e inalcanzable.

Imagen de Elisa en Pixabay

Vivir

En la insaciable eternidad, en su utópica búsqueda, andamos inmersos para no deshonrar nuestra propia memoria, nuestros próximos recuerdos no fraguados. Liberando energía constructiva en el intento de no ser abandonados en la nada, clausurando puertas para que la amnesia no invada nuestro santoral de vivencias.
Elucubrando, durante toda una vida, sobre la perennidad de nuestras huellas, esforzándonos en la esperanza continua de un legado en proyecto.
Tramando y tratando vivencias comunes con nuestros prójimos para que ellos prolonguen nuestra presencia en el mundo sin nuestra existencia.
Con el temor y el terror a lo fútil de nuestras experiencias.

Jesús Fernández de Zayas

Demencia

Ya ha empezado la desmemoria global.

Ya se están empezando a olvidar de los muertos por el Virus Covid-19.

Ya se están empezando a olvidar del hundimiento de la economía y de la sociedad.

Vuelven los egoístas para intentar rememorar y volver a aplicar las costumbres y vicios y modas de la Era Pre-Covid, queriendo disimularlas con un falso e hipócrita lavado de cara, creyendo que por llamarlas Nueva Normalidad han acabado con la Vieja o Antigua Normalidad.

Vuelve el mirarse el propio ombligo y no preocuparse por los demás. Vuelve la destrucción del Planeta Tierra, que se había paralizado, momentáneamente, durante el momento más álgido del Confinamiento.

Vuelve el trabajar sin solidaridad por los demás.

Vuelven los gobiernos a estar bajo el yugo de las grandes multinacionales y de los bancos, porque las vidas no importan, solo los beneficios.

Vuelven las farmacéuticas, las industrias energéticas, los partidos políticos, a sacar tajada de las crisis.

Vuelve mi desesperanza en la especie humana. Vuelve mi deseo de exterminio para la Humanidad.

Quizás la próxima vez aprendan. Pero será demasiado tarde.

Regresó

 

Regresó a la cueva de la que procedía, donde se escuchaba su voz más alta, donde su espíritu inspirador eclipsaba el desánimo que le embargaba fuera de ella, donde la oscuridad no era más que luz en su memoria. Donde volvía a ser libre porque no era ya él. Donde su ego, ensalzado por los demás allá afuera, dejaba de tener sentido allí dentro, cuando no escuchaba su propio corazón porque allí , en el núcleo de la verdad, no lo necesitaba. Y durmió, para no volver a despertar, o para despertar para siempre.

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¿Quién decide? (Por Monami y Archimaldito)

No encontraba su libro y se estaba desesperando.

Buscaba y buscaba, pero no aparecía. Tenía la sensación de que alguien o algo se lo había escondido. Ese libro era muy importante para él. Se lo habían regalado cuando estaba vivo. Cuando su memoria intacta lograba que los detalles permanecieran vívidos, saboreados cada segundo, con cada latido de su corazón. Cuando aún era un libro en blanco donde apuntaba, día a día, cada detalle de su vida, antes de que estos se le olvidaran.

Porque sabía que un fallo genético en su estirpe dejaría, poco a poco, su memoria en blanco. Porque sabía que la degeneración biológica iría de la mano con su disgregación mental, hasta la desaparición absoluta de su cuerpo.

Y ahora, ya sin él, se preguntaba: ¿Quién decide lo que es bello? A veces yo he cerrado también así los ojos.

 

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Desmemoriados

Volverá la amnesia colectiva que borrará, de sopetón, la memoria histórica, y los abanderados de la soberbia social volverán a repetir la historia odiada.

Esos privilegiados del mundo que juegan con la infelicidad global. Esos señores y señoras que no se conforman con tener sexo, dinero y poder, porque quieren la vida de los demás. Cuando aún no saben que los exterminables son ellos.

Pero, claro, ya no recuerdo lo que he dicho, lo que he escrito, lo que he pensado.

Y el ciclo volverá a repetirse.

 

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