Gira.
Mira.
Tira.
Intuye.
Engulle.
Huye.
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Dificilísimo
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Dedoslargos
Golpeó unas cuantas veces en la cara, con el puño cerrado, para provocar que reaccionara, pero no lo consiguió. Sin embargo, las percusiones incrementaron el dolor del tirón del cuello y, solo por eso, se detuvo.
Se lo masajeó mientras observaba, esperando que abriera los ojos en cualquier momento. En vano.
Sentado en el suelo, junto con el cuerpo inerte del otro, temiendo que alguien pudiera aparecer y que el callejón dejara de ser un lugar solitario. Temiendo que el que apareciera lo tomara por autor del presunto crimen.
Y se observó los nudillos de su mano derecha, huesuda, alargada y fina, y se dijo que los pianistas no deberían realizar aquellos trabajos sucios.

Fijamente
Me sostuvo la mirada. Con ambas manos.

Mañana
Mañana toca escribir.
Si no lo hago, no tendré más mañanas.

Desorientado
El laberinto de mis emociones
tiene un trazado más complicado que
el laberinto de mis pensamientos.

Excéntrico
Paciente. Pletórico. Capaz.
Con ganas de ir a por todas. Enfundándose el mono multicolor para no dejar de estar a la moda y para que las cámaras no lo perdieran de vista.
Asomándose a la escotilla y mirando hacia abajo y a todos lados, porque el vacío lo rodeaba.
Sabía que el salto iba a salir perfecto, porque los simulacros así se lo habían anticipado.
Ya no había perturbaciones que pudieran echar al traste tantos años de entrenamiento. Ni cuánticas ni mentales.
Y en la Tierra, allá abajo, veía el punto de luz que debía alcanzar en tiempo récord. Solo faltaba que el trampolín lo situara a los cinco metros estipulados de la carcasa de la nave, que desde control terrestre detuvieran la caída en picado de ésta, y que él dispusiera ambos brazos a lo largo de su tronco, con el casco iridiscente apuntando en sentido contrario al Sol.
Y la inercia haría el resto.
Y el calor infernal de la entrada en la atmósfera.
Y su hermoso traje, y su egocéntrica banalidad, y sus tediosas riquezas, se fundirían en un abrazo irreversible entre su profunda cobardía y la muerte, alimentando la última de sus insaciables excentricidades.

Posesivo
Siento tener que tenerte.
Tengo que sentir sentirte.
Y la desdicha es dicha.
Teniéndote me basta.
Bástame tenerte.
Sí, siempre, así, sí.
Y si no es así…

Consejo impensable
A veces pensar cansa.
A veces no pensar libera.
Pero siempre hay alguien pensando.
Y si tú no lo haces, esa persona lo hará por ti.
Y entonces tú dejarás de ser tú para ser ellos, otro más de los ellos, los siempre prescindibles.
Por eso, si te cansas de pensar, respira, relájate, desconecta tu mente un segundo, pero no dejes de hacerlo.
Porque no pensar no libera.
Porque no ser libre es no ser.

La élite impúdica
Fin de las emociones y las transiciones entre pensamientos vedadas.
Sin importar a qué se parecen o qué pretenden, porque son inmaduros, porque no tienen consistencia.
Porque presumen de genialidad sin tenerla.
Asumiendo que los borregos humanos aplaudirán la desidia y el conformismo.
Teniendo bastantes razones para claudicar ante la apatía.
Porque no son valientes.
Porque no se arriesgan a nada. Van a lo fácil y no saben de lo difícil.
De lo difícil que es vivir. Y sin esfuerzos las emociones finalizan.
Y se creen elegidos por un ente inexistente.
Y presumen de una vida llena para desasosegar a los demás.
Para embaucar y engañarlos con un paraíso ficticio.
Tan irreal como su propia vida.
Tan vacío como la vida ajena.
Porque son inmaduros y los demás son frágiles. De corazón y de espíritu.
Y de eso se aprovechan.
Y de eso se jactan.
Y en eso se malgastan.
