Crepitaban el cielo, el horizonte y el suelo. Alaridos insonoros pedían piedad ante tal desdicha, y las víctimas, aún sabiendo que serían invisibles, preguntaban la razón de su destino: ¿Por qué nosotros? ¿Por qué ahora?
Las llamas laceraban el bosque y millones de pensamientos desaparecían con la fisión de sus enlaces moleculares, y la disgregación de la materia ennegrecía el aire, que se convertía en irrespirable.
Los abrazos de fuego transformaban el paisaje en un páramo desolado y algunos ojos seguían mirando a las alturas esperando el milagro del agua.
En un mundo de mediocridad, de consumo rápido de lo banal, de encumbramiento de personas que engañan a los demás, de triunfo de los ciclos de destrucción, de mayorías marionetas de lo absurdo, del poder de lo intrascendente, de lo aparente, de lo zafio y del mal gusto, algunas personas, que lo único que tienen es su autenticidad, se desesperan (entre ellas me incluyo) en luchar por cambiar el Sistema Erróneo. Y en el mundo del Arte, con personas hipersensibles, estas equivocaciones del sistema establecido, se hacen notar más contundentemente. Es por ello que me entristece ver a grandes artistas, en todas las modalidades, que sufren porque su Luz no es contemplada en toda su magnitud. Entre lo vertiginoso del momento actual, la pureza de algunos espíritus (no soy religioso), me hace establecerme, cada vez más, en unos cimientos internos mentales inamovibles que me alejan de la desesperanza.
Ella es Pepper Solana. Ella pregunta. Y yo pregunto con ella, porque hay que clamar por la cordura en un mundo de locura:
«¿Hay alguien ahí fuera que todavía se preocupe por la música, por el arte, por lo que la gente tiene que ofrecer como artista? Me mudé a los Estados Unidos, para seguir desarrollando, mi carrera hace 6 años. Llevo cantando 20 años en total, algo así como 20 años. ¡20 años¡ ¡20 años! Me he mudado hace 6 años y todo lo que he escuchado es que estoy demasiado gorda, que soy demasiado mayor y estoy pasada de moda, que no tengo suficientes seguidores en las redes sociales, que mis vídeos no se ven lo suficiente, o que no me veo lo suficientemente linda, así que me pregunto si hay alguien por ahí que todavía se preocupe por el Arte. ¿Hay un lugar para los artistas que todavía se preocupen por su arte, por su música para todos nosotros? Quiero estar encerrada en una habitación y crear algo bonito para luego enseñárselo al mundo en vez de enseñar todo el proceso o tener que mostrar mi cara sólo para enseñarte cómo grabo algo, porque lo único que te importa es cómo me veo o cómo puedes copiar lo que estoy haciendo. Simplemente no lo entiendo. ¿Hay alguien por ahí que siga siendo auténtico… alguien?»
El sistema en el que estamos inmersos, donde prima la productividad sobre la persona que produce, que está inmerso en un estado materialista agudizado por los nuevos paradigmas personales en los que triunfan el egoísmo y el «sálvese quien pueda». El estado de las cosas en que se trata al ser humano como una máquina de hacer dinero, en el que el engranaje del beneficio inmediato hace olvidar que el prójimo no es un robot sin sentimientos, ni pasiones, ni vida propia. Los nuevos medios de comunicación, que han reducido drásticamente la duración de los contenidos para que todos sean de consumo inmediato, porque las audiencias no tienen tiempo que perder y así el tiempo que les sobra sigan consumiendo otros contenidos audiovisuales o para que sigan invirtiendo dinero en el sistema que los envuelve, gastando en comida y artículos de consumo. Todo es intentar llenar una vida en el que el tiempo pasa rápido, en la que, algunas veces, la vaciedad la llena toda. Por eso, y mucho más, se están despersonalizando las relaciones. Eres un robot con disponibilidad 24 horas 7 días a la semana, no tienes familia, ni altibajos emocionales ni físicos. Tienes que estar disponible, dispuesto y sonriente. Las desdichas del prójimo te la «refanfinflan» porque es el prójimo el que tiene que escuchar tus miserias. Ese egoísmo se traslada al nivel profesional donde solo vale hacer caja, o conseguir poder, para sentirte importante y para sobrevivir pisando a los demás. Con lo fácil que es tratar a los demás como quieres que te traten a ti. Pero es una fórmula, para la felicidad, tan sencilla, que no parece real y, por eso, muchos la desestiman. Si has llegado hasta aquí leyendo es que te importa lo que opinan los demás y no eres de los que se miran su propio ombligo pensando en que has perdido el tiempo absorbiendo la sabiduría de los demás en vez de hacerte un «selfie» que te lleve a tener más seguidores en cualquiera de esas redes sociales que engrandecen el individualismo.
El aplauso continuo que no entiende. El parapeto transparente contra el que se estampa continuamente. Los sonidos ininteligibles y tan lejanos, allá arriba, donde disfruta cruzando el aire para caer en plancha y salpicar a los intrusos, a los ilusos que ríen por verlo sufrir.
La soledad eterna que mina su cordura y entendimiento. Y los malos pensamientos que le asaltan cuando desea que los que le obligan a realizar acrobacias antinaturales mueran en medio de terribles dolores, como los que ellos le infieren con sus palos largos, con los que atizan su terror hacia ellos. Un mar, un mar es lo que necesita, un mar y no otra cosa. Un mar y una compañera para disfrutarlo. Para huir al sitio más lejano donde no vuelva a ver a ninguno de esos seres tan crueles y despiadados. Un mar desconocido, donde no puedan encontrarlos ni darles caza. Y la esperanza lo calma, cuando recuerda que en pocos golpes se resquebrajará su cárcel. Cuando sabe que con la última carrerilla desaparecerá su alma mientras aplasta a los espectadores que no lo aman. Y quizás, después del último estertor en el aire que no es líquido, vengan sus antepasados para llevarlo al infinito horizonte azul que cubre todo el mundo, el que le prometieron cuando era un recién nacido.
Y el aplauso continuo que no quiere sigue llegando distorsionado desde el otro lado, mezclado con vibraciones que retumban en su estómago.
Toca volar.
Tilikum fue una orca macho que vivió en cautiverio en el parque SeaWorld de Orlando, EE. UU.
El día 16 de septiembre de 2017 ha sido un día histórico: Miles de personas hemos salido a la calle para defender el derecho de los animales a vivir libres y dignamente. La presión popular logrará acabar con la tortura y masacre de animales, sobre todo cuando éstas se basan en tradiciones que solo piensan en satisfacer el egoísmo humano y ven a las otras especies como seres inferiores y los tratan como meros instrumentos para satisfacer sus placeres más primitivos. Y cuando no son las tradiciones es la filosofía del especismo la que convierte a los animales no en seres vivos pensantes sino en cosas, carentes de sentimientos y capacidades sensoriales, como el sufrimiento. La gran mayoría de los animales están indefensos frente a la inteligencia sádica del ser humano. Y esa injusticia de la indefensión es la que no podemos tolerar los llamados Animalistas. Y queremos abrir los ojos, el corazón y la mente a los otros humanos que siguen ciegos o miopes ante esta situación. Por eso nos unimos para hacer oír la voz de los que no la tienen, los animales. Por eso el día 16 de septiembre hemos pedido la ABOLICIÓN DE LA TAUROMAQUIA a los poderes fácticos de este país que tiene como una de sus Marcas España la mal llamada Fiesta Nacional. Yo he estado con mis hijos, Iván @rev_silver y Estela Tatiana @monamii._ y nuestra amiga @biomartix . Alzando nuestras voces y dejando marcados nuestros pasos hacia la liberación animal. Poniendo nuestro granito de arena en esta Revolución.
Nos advirtieron varias veces y no hicimos caso. ¿Para qué? Si nosotros éramos más inteligentes que ellos. Si nuestras insulsas vidas nos daban derecho a despreciarlos. Si ellos tenían el conocimiento pero nosotros el poder del capital, del consumismo, del desperdicio de los recursos, de la barbarie del acelerado ritmo de nuestras vidas.
Y se cansaron de indagar, de buscar salidas a lo que no parecía tenerlas, de enseñar y difundir la verdad, de comprobar una y otra vez sus teorías con la realidad circundante.
Se aburrieron de ser altruistas.
Y acabaron liberando sus remordimientos por dejar que sus palabras y sus obras cayeran en el olvido, antes de dejar de ser Científicos.
Una y otra vez la muerte, causada por esa parte de la humanidad que nos hace perder el sentido de la vida, tan maravillosa, tan nulamente valorada por la Maldad intrínseca en nuestra naturaleza.
La fe en el ser humanoyla esperanza en que algún día la deshumanidad desaparezca totalmente del espíritu del hombre se tambalean con cada segundo de la permanencia de la especie humana en este planeta.
Somos exterminables, y estamos siendo exterminados por nosotros mismos. Sigamos pues viviendo egoístamente, siendo cómplices de la barbarie que nos llevará a cumplir ese desafortunado destino: El día en el que el equilibrio volverá al Universo.
Barbaridad. Bárbaros escogidos de entre la chusma social, la escoria que queda después de la fricción de mentalidades obsoletas, anacrónicas, que sobreviven gracias a los intereses ocultos de algunos poderosos. Y los inocentes, que caen en sus manos, y que son vapuleados según un plan de acción premeditada…
Tres mil almas errantes pidiendo un poco de justicia, pidiendo un poco de clemencia. Buscando la comprensión del mundo. Ese mundo que mira hacia otro lado. Al que le da igual la muerte de los niños que son solo figuras que se mueven en un telediario. Que son solo números en insistentes mensajes de organizaciones no gubernamentales y de bancos que se jactan de ayudar al prójimo mediante ayudas selectivas.