¿A qué genio os referís cuando habláis de él? ¿Os ha perdonado, acaso, la vida, como lo he hecho yo? No encuentro razón, entonces, para que lo adoréis, pues no es nada sin mi existencia, pues no sois nada sin mi bondad.

¿A qué genio os referís cuando habláis de él? ¿Os ha perdonado, acaso, la vida, como lo he hecho yo? No encuentro razón, entonces, para que lo adoréis, pues no es nada sin mi existencia, pues no sois nada sin mi bondad.

¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

Era más joven que viejo. Más listo que tonto. Más superviviente que conformista. Casi un héroe. Casi un extraño espíritu libre. Enfrentado de continuo a la osadía de su desdicha incipiente. En el borde de la ilusión. En la frontera de la cobardía, cayendo mal a casi todos, por ser mendigo de sus faltas. Por ser un pecador continuo en la trastienda de lo inasumible. En el teatro de la infamia, donde se mezclan los personajes inapreciables con los imprescindibles. Así, tan hecho a vivir a saltos y a sobresaltos. Tan perdido como todos. Pero con tanto contraste vital que se atribuía una ligereza tan exclusiva como rara en los tiempos corrientes: La felicidad. La indómita felicidad.

Limpié mi casa de pecados.
Distribuí los valores por habitaciones.
Tiré al contenedor negro los defectos.
Me deshice de todos los espejos e insonoricé el cuarto de los insultos.

A cada rima, un latido.
A cada latido, un poco más de vida.
Deduzco, entonces, que la Poesía hace ser.

Calla.
No hagas de esto una batalla.
No sigas metiendo cizaña.
Calma.
Pues está contigo mi alma.
Y si no hablas, escuchas.
Mis latidos, no tus quejidos.
Que sabré escuchar tus necesidades.
Y así olvidarás mis nimiedades.
Que sabrás sentirme en tus silencios.
Que los míos serán tuyos, a gritos.
Calla, no hagas que me sienta un canalla.
Calma, que está contigo mi alma.


Estoy sin habla, estoy sin respiración, tú estás junto a mí, te veo junto a mí, y casi no puedo creer ser tan dichoso. Tu pelo es mío, tu pecho es mío, tu vida es mía. Y yo soy tuyo, mis ojos son tuyos, mis manos tuyas, mi temblor tuyo, mi vida es tuya. Respirarte sin pensar en que se acabará mi aire. ¡No importa! Tendré el tuyo. Acariciarte sin pensar en que terminará mi ternura. ¡No importa! Yo soy tu piel. Besarte sin pensar en que mi saliva se secará. ¡Tonto soy! ¿No siento que tu río fluye a través de mí? Solo cuando me tocas sé que existo, sé que veo, sé que siento, sé que soy.![]()
Piénsame en la noche,
piénsame en el día,
que son tus pensamientos
bellas flores mías.
Piénsame muchito,
nunca es demasía,
no tengo aún bastante
de tu vida mía.
Mas cuando estoy lejos
existe una emoción,
y es que no me alejo
de tu devoción.
Mas cuando estoy cerca,
en mí no pienses, te diría,
pero cuanto más te tengo
siempre es poco y más querría.
Piénsame durmiendo,
piénsame en vigilia,
piénsame te digo,
que tus pensamientos son mi armonía.

(Fotografía: Pareja 2 ©Jesús Fdez. de Zayas «archimaldito»)