No cometas el mismo error

No cometas el mismo error.

Por sobrevivir económicamente, he antepuesto mi trabajo a la familia. Y me arrepiento de ello.

Hace poco mi hija entró en una crisis de ansiedad y desesperación porque veía su vida vacía y sin futuro.

Una mujer talentosa, llena de vida y de experiencias, que yo nunca he tenido, una mujer que se ve a sí misma como un cero a la izquierda cuando en verdad es toda una genia en proyecto, una mujer que ha pasado por vicisitudes sentimentales que le han marcado la autoestima pero que es capaz de dar lecciones de ética y moral a sus propios padres, una mujer que cae y vuelve a levantarse. Esa es mi hija.

Ahora ve mi apoyo pero no lo tuvo en su momento porque yo no estuve ahí, con ella, cuando lo necesitó. Y no estuve porque me centré en trabajar, creyendo que si llevaba dinero a casa y, de vez en cuando, satisfacía algún capricho, sería suficiente.

Pero era una niña cuando necesitaba hablar conmigo, llorar mirándome a los ojos para que yo la consolara, llamar mi atención para que yo viera que no podía vivir a la sombra de su hermano, mayor que ella, y que ella también tenía sueños y deseos de autorrealización que no se veían impulsados por los estudios ni por su círculo familiar ni de amistades.


Y como yo siempre estaba trabajando no me percataba de sus vacíos ni de sus baches emocionales, creyendo que la figura de su hermano supliría la mía.


Ahora, espero que no demasiado tarde, me he dado cuenta que el trabajo no lo es todo. Que yo, un superviviente, tengo cerca de mí a otras personas a las que arrastro con mis actos pero también a las que marco por la falta de estos: mi familia.


Y ahora, como siempre, aunque ella no lo sabía, la apoyaré en todos sus sueños para que se conviertan en felices realidades.

Por eso te digo que no cometas el mismo error y no antepongas nada a tu familia. La vida es corta, por muchos años que tengas o creas que vas a cumplir. Y la vida de tus seres queridos también. Así que haz que sean plenas sus vidas, llenándolas con tu amor.


Yo me he dado cuenta a tiempo. ¿Y tú?

Ella es mi hija, Estela Tatiana.
Su sonrisa llena mi vida.

                 

Querida hija


Querida hija:
La vida está llena de oportunidades y, aunque creas que la vida se paraliza si no las aprovechas, no es cierto.
La vida es un ciclo continuo de oportunidades, de idas y venidas, de gritos de alegría y de sensaciones de ahogo y desesperación.
La vida es dejarse llevar y tratar de no limitarse a agradar a los demás. 
Siempre siendo uno mismo consigo mismo no te traicionas ante los demás, porque no estás interpretando un papel según las circunstancias ni según los interlocutores.

Como siempre eres tú, no cambias el registro y se notará, ante los demás, que no estás fingiendo. Son los demás los que deberían actuar de la misma manera y aceptarte porque actúas, armoniosamente, como ellos. Es por eso que nunca te encontrarás fuera de lugar, estando con quien estés y estando donde estés.

Ese es el truco para no entrar en depresión por no encontrarse arropado por los demás, porque el «abrigo» lo llevas puesto siempre contigo, siendo real, genuina y sincera.

Te amo.

Papá.

Elefantes

Mienten los que dicen que no escuchan crecer la hierba.

Mienten los que dicen que no se puede respirar en el vacío del espacio.

Mienten los que dicen que la mancha de mora con otra verde no se quita.

No hagas caso de los que no ven elefantes rosas surcando el cielo.

Desconfía de los que no creen que una sola palabra construye un mundo.

Márcate un rumbo sin contenido y libera tu mente.

Salta los mares. Nada los montes.

Y si algo te cierra el corazón, no desfallezcas. Y fíjate bien cuando sientas que te estás ahogando. Quizás hagas pie.

Solo estira el espíritu, coge impulso y rebélate.

Volviendo a reír, volviendo a soñar, volviendo a volver.

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Consejo impensable

A veces pensar cansa.

A veces no pensar libera.

Pero siempre hay alguien pensando.

Y si tú no lo haces, esa persona lo hará por ti.

Y entonces tú dejarás de ser tú para ser ellos, otro más de los ellos, los siempre prescindibles.

Por eso, si te cansas de pensar, respira, relájate, desconecta tu mente un segundo, pero no dejes de hacerlo.

Porque no pensar no libera.

Porque no ser libre es no ser.

 

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Consejo al que no harás caso

   Veo que te esfuerzas demasiado en comprobar que las cosas que te enseñan son una realidad palpable. Y no es así.

   Ellos, los que enseñan, meten en tu cerebro una serie de conocimientos que no sirven para nada. Lo importante es vivir con las intuiciones, las que te han sido dadas al venir a este mundo. Solo debes confiar en ellas. Todo lo demás se hace para encontrar el placer, el del sexo o el del poder, y son múltiples los caminos que llevan a él.

   Si sabes más, estás más cualificado en la sociedad y, por ello, realizas una función dada por un trabajo para el cual se te ha preparado. Este trabajo tiene como finalidad el conseguir dinero, dinero para sobrevivir o dinero para alimentar vicios distintos. Y para conseguir mujeres u hombres, si se está en la edad, o para conseguir poder, por no estar en la edad para conseguirlos por ti mismo.

   Yo te aconsejo, pues, que no caigas en esta degradación. ¡No aprendas!

 

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