¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

¡La felicidad!
No existe palabra antes de ella, pues después de ella, la palabra, cualquier palabra, se convierte en Luz y, con esa transfiguración del verbo dicho o escrito, te conviertes en un dios, y creas para creer, y crees para crear.

El pasado mes de marzo, en el instituto, la profesora de Lengua de 1º ESO, le encargó a mi hija, Estela Tatiana Fernández Claudet, un trabajo en el que tenía que entrevistar a alguien de su familia que tuviera cosas interesantes que contar, y me eligió a mí. Éste es el resultado.

UNA ENTREVISTA
Jesús Fernández de Zayas (mi padre) es llamado Archimaldito por el mundo virtual. Es autor literario. Viner, bloguero, fotógrafo y director técnico audiovisual.
Tirarme en monopatín cuesta abajo con una pendiente de aproximadamente 30° en pleno agosto y en sentido contrario de los vehículos. Una de ellas.
Aprovechando las nuevas tecnologías ya que la forma clásica de presentarlas ralentizaba su difusión.
Con Mijail Gorvachov.
Funky. No podía ir con menos de diez colores en mi vestimenta.
He publicado un libro llamado “Sempiterno” que está en la Biblioteca Nacional de España (de ciencia ficción). Y he colaborado con el periodista Pablo Villarrubia (Cuarto milenio) en “ Un viaje mágico por los misterios de América”.
Debido a mi profesión al menos cuatro a la semana. La persona más importante con la que he estado en un congreso es el Rey.
Sí, ja ja, el Cervantes o el Nobel. Aunque no soy muy amante de premios pues es más seguro que lo rechazaría.
Tengo varios, es muy difícil elegir. Pero unos de los más destacables es el de “Archimaldito CD Player” o el que hice para las Naciones Unidas en su campaña “Derechos Humanos 365”.
El de la recreación de una escena de 300 donde hacía de Leonidas la que grabamos a 4° de temperatura.
Sí, exploración suicida de cuevas (espeleología). En los túneles secretos de Cuzco (Perú).
Varias primeras ediciones de varios títulos de Mario Vargas Llosa, creo que la que tengo más aprecio es a “La Tía Julia y el escribidor”.
Retarme a mí mismo en la época universitaria. Tirándome desde el balcón de la primera planta de mi piso de estudiantes intentando caer de pie al estilo Michael Jackson, cayendo mal y lesionándome cabeza y espalda, teniendo que ir un año de rehabilitación en una piscina gracias a la cual aprendí a nadar en todos los estilos.
Aparecer en la Wikipedia como autor de un video sobre la presentación de una obra del maestro de la ciencia ficción española Gabriel Bermudez Castillo.
Tengo cientos, desde que actué ante 3000 personas bailando y haciendo la coreografía de Thriller de Michael Jackson hasta irme a Bolivia con el escritor Javier Sierra o cavar en tumbas pre-incas.
Sí, sigue tus sueños y lucha por cumplirlos.
Firmado:
Archimaldito
(Nota: Se han respetado las faltas de ortografía y errores de sintaxis.)
Amo los libros. Amo leer. Amo escribir.

(Fotografía: Iván Fdez. Claudet)
En una ocasión, cuando creí dormir, estaba muriendo.
En otra ocasión, cuando creí correr, estaba huyendo.
En una tercera, cuando creí llorar, estaba sabiendo.
En todas, cuando deduje que era yo quien erraba, decidí meditar, parar mi tiempo, para preguntar a la vida si podía quedarme, si podía luchar por ser eterno.
Y obtuve, por respuesta, solo silencio, silencio solo.
Pues era yo, en esa soledad, quien estaba quieto. Sin soñar, sin correr, sin saber.
Solo yo, en el vacío de mi plenitud.
Solo yo, en el hartazgo de mi esencia.
Con una única conciencia.
Inconsciente de mi dicha. Inconsciente de mi lucha. Inconsciente de la verdad, que se asemeja al infinito. Que se acerca al pasado, presente y futuro, armonizados en el grito intenso, concentrado en una ilusión: Ser vacío, ser forma, ser todo, ser nada.
No ser, para ser. Ser, para no ser.

He pensado que quizás no exista, pero disfrutaré el momento.

Me gustas por bella,
me gustas por suave,
me gustas por buena,
me gustas por madre.
Me gustas en cien y mil formas,
me gustas y nunca de ti tengo bastante,
me gustas porque me asombras,
y siempre de ti tengo hambre.

Me ordenaste que no volviera a verte.
No me ordenaste que no te amara.
No me ordenaste que no te oliera, ni escuchara, ni tocara.



Mi ánimo está por los suelos. Lo considero, desde hace algún tiempo, un reptil.
