Y lo he hecho, aún sin su consentimiento.
Besar sus labios, hundiendo mis dientes en su boca, lamiendo su sangre en mis uñas, aún fresca, aún compatible con la mía.

Y lo he hecho, aún sin su consentimiento.
Besar sus labios, hundiendo mis dientes en su boca, lamiendo su sangre en mis uñas, aún fresca, aún compatible con la mía.

Y, sin embargo, se adueñó de mi alma, pues ahora, cuando la busco no la hallo, y deduzco que debió de ser ella la que la arrebató de mi cuerpo, cuando lo encumbró a lo más alto del placer físico.
Y es que ahora la hecho en falta, cuando quiero llegar a lo más alto del placer espiritual.

Si como una fresita,
sabor a ti.
Si huelo una rosita,
olor a ti.
Te guardo una cosita,
es para ti.
Corro si me necesitas,
ya estoy aquí.
Hoy he vuelto a enamorarme
y es que no puedo, no quiero evitarlo,
esta mañana al despertarme,
y encontrarte, mujer hermosa, a mi lado.
Te quiero con locura,
te amo con total pasión,
y si me das un besito
me da un vuelco el corazón.
Que soy tuyo no lo dudes,
que eres mía ya lo sabes,
por eso al abrazarnos,
el Amor en mi alma ya no cabe.
Hasta la noche espérame,
y entre tus brazos
haz un hueco, que sea abrigo de mi mundo.
Espérame sobre tus labios,
que en ellos mi amor abundo.
Miel de mis flores,
Luz de mis estrellas,
Agua de mis ríos,
Sangre de mis venas.

(Fotografía: © Jesús Fernández de Zayas «archimaldito»)

Vivo,
mi mente se llena con tu imagen.
Sigo viviendo solo.
Camino,
recuerdo que entre mis dedos he tenido la seda de tus cabellos.
Sigo viviendo solo.
Respiro,
pero no es lo mismo si no se integra en el aire el efluvio de tu cuerpo.
Respiro el vacío.
Y al llegar a mi destino,
mi corazón se desboca galopando en tu presencia.
Mis ojos no ven más realidad que tu piel.
Y mi espíritu se conecta con tu esencia.
Tal vez por eso, en el reencuentro,
mi búsqueda ha llegado a no tener sentido,
pues siempre fue encontrarte a ti mi sino,
mi auténtico destino.

(Fotografía: ENAMORADOS © Jesús Fdez. de Zayas «archimaldito»)
Pásame la receta de tu amor,
que con su sabrosura estoy entusiasmado.
Explícame tus trucos,
que con tus salsas quiero hacer un mano a mano.
Déjame que pruebe cómo me cocinas.
Pídeme poner al fuego
un minuto de mi tiempo.
Enciende mi horno.
Y prueba, con tu cucharita,
si estoy en mi punto…
… para comerte.


Me ordenaste que no volviera a verte.
No me ordenaste que no te amara.
No me ordenaste que no te oliera, ni escuchara, ni tocara.


Por donde vayas
habrán rosas,
por donde vaya
habrán espinas.
Clávamelas sangrándome,
sálvame rasgándome.
Y el rubor de tus mejillas
que lacere las heridas.
Ámame, con pasión, aunque muera;
ámame, con promesas, aunque duelan.
Por donde vienes
hay rosas;
por donde vengo,
dudas que son losas.
