Con poco
tengo mucho.
Me prevengo
de no querer más.
Te prevengo
de no pedirte más.
Más más más.
Y si tuviera demasiado
no valoraría lo poco
que te puedo dar
y lo mucho que me ofreces.

Con poco
tengo mucho.
Me prevengo
de no querer más.
Te prevengo
de no pedirte más.
Más más más.
Y si tuviera demasiado
no valoraría lo poco
que te puedo dar
y lo mucho que me ofreces.


Mienten los que dicen que no escuchan crecer la hierba.
Mienten los que dicen que no se puede respirar en el vacío del espacio.
Mienten los que dicen que la mancha de mora con otra verde no se quita.
No hagas caso de los que no ven elefantes rosas surcando el cielo.
Desconfía de los que no creen que una sola palabra construye un mundo.
Márcate un rumbo sin contenido y libera tu mente.
Salta los mares. Nada los montes.
Y si algo te cierra el corazón, no desfallezcas. Y fíjate bien cuando sientas que te estás ahogando. Quizás hagas pie.
Solo estira el espíritu, coge impulso y rebélate.
Volviendo a reír, volviendo a soñar, volviendo a volver.

Sacrílega. La tachaban de sacrílega. Y cuando lo hacían, los tachaba de incautos, de profundos papanatas con efímeras creencias. Pues clamaba, sin arrepentirse, que era ella, y no otro, el único dios.


Escucho continuamente, de boca de los escritores, lo de estar sentados ante la pantalla en blanco del ordenador, y me pregunto si dan por hecho que los demás escritores, los otros que no son ellos, no se sirven ya ni del bolígrafo, ni de la pluma o el lápiz, ni de ese instrumento avanzado llamado máquina de escribir.

(Fotografía: Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»)
Mañana toca escribir.
Si no lo hago, no tendré más mañanas.

El laberinto de mis emociones
tiene un trazado más complicado que
el laberinto de mis pensamientos.

A veces pensar cansa.
A veces no pensar libera.
Pero siempre hay alguien pensando.
Y si tú no lo haces, esa persona lo hará por ti.
Y entonces tú dejarás de ser tú para ser ellos, otro más de los ellos, los siempre prescindibles.
Por eso, si te cansas de pensar, respira, relájate, desconecta tu mente un segundo, pero no dejes de hacerlo.
Porque no pensar no libera.
Porque no ser libre es no ser.

Me esmero por difuminar mi conciencia en la del colectivo en el que estoy inmerso.
Me esmero por aceptar sus irracionalidades y aplaudir sus injusticias.
Pero no puedo, pues me abaten mis alarmas internas que me avisan de lo que está mal, de lo que está bien y de lo que es correcto.
Y en el tránsito entre pensamiento y acción sufro. Por mí y por los demás.
Por mí porque me siento impotente ante la posibilidad de no llegar a tiempo para arreglar los desperfectos causados por la inconsciencia de mis projimos
Por los demás, porque veo que se hunden irremediablemente en el fango putrido de la sumisión, la manipulación y la ignorancia.

Fotografía: Monami