Ojos que no ven

   Empresas modelo, tanto en prestigio como en organización, y con resultados económicos apabullantes, incumplen tajantemente el mandato constitucional del respeto al derecho a la intimidad de todo ciudadano que accede a sus recintos. Son grandes emporios comerciales que vigilan, por nuestra seguridad, nuestros movimientos, porque de ellos depende el buen funcionamiento de la gran cadena de producción-oferta-demanda. Muchos de sus clientes lo dan por sabido y no les importa pero, ¿cuántos de ellos saben que se está atentando muy en serio contra sus derechos como persona?

   A la vista de cualquier tentado a incumplir el mandamiento divino sobre la apropiación indebida de lo ajeno están los dispositivos de seguimiento audiovisual, que registran la falta y sirven como testigos electrónicos del pecado, pero el que cae en el error es por falta de información, de picardía, de observación, o por abundancia de necesidad en su miseria.

   Los que honradamente deambulan por los pasillos de estos centros del consumismo ignoran la existencia de los otros ojos voyeuristas que los observan desde las alturas y que quizás no hagan tan buen uso de los datos que se les aportan, por no contar ya la función que los sufridos trabajadores que les atienden pueden estar representando para esos ojos anónimos.

   Tu firma, tus datos identificativos, todo lo que mantienes en secreto a la vista de tu interlocutor comercial, detallados, como si el voyeur estuviera presente a tu lado protegiéndose por su ideal invisibilidad, y los sonrientes, a veces forzados sonrientes, dependientes, que no sospechan que cada vez que se rasquen el culo, que se hurguen la nariz o que, simplemente, descansen in albis entre transacciones, alguien, en las alturas está tomando nota de sus poco ortodoxas maniobras particulares e íntimas, sobre todo íntimas.

    Pero ahí siguen, siendo empresas comerciales que continuamente toma el español como ejemplo de profesionalidad, de atención, de gallardía económica. Si supiera a costa de qué y de quiénes se están superando éstas en los tan cacareados rankings de beneficio anual, veríamos si les quedaban ganas de aportar su humilde granito de arena a esta parcela de la España que va tan bien. Pero ya lo dice el refrán: Ojos que no ven…

 

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Canallas

Pudo ser peor.

Y lo fue.

Pues allí se reunían las maldades de un sinfín de hipócritas que continuamente argüían argumentos ridículos para intentar engañar a los incautos. La mayoría pasiva de los incautos que formaba la minoría activa de los ilusos.

Pudo ser peor. Y lo fue. Porque los engañados otorgaron el poder de decidir sobre sus destinos a los sibaritas de la mentira. A los canallas de la sinrazón.

 

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Ocasionalmente

 

En una ocasión, cuando creí dormir, estaba muriendo.

En otra ocasión, cuando creí correr, estaba huyendo.

En una tercera, cuando creí llorar, estaba sabiendo.

En todas, cuando deduje que era yo quien erraba, decidí meditar, parar mi tiempo, para preguntar a la vida si podía quedarme, si podía luchar por ser eterno.

Y obtuve, por respuesta, solo silencio, silencio solo.

Pues era yo, en esa soledad, quien estaba quieto. Sin soñar, sin correr, sin saber.

Solo yo, en el vacío de mi plenitud.

Solo yo, en el hartazgo de mi esencia.

Con una única conciencia.

Inconsciente de mi dicha. Inconsciente de mi lucha. Inconsciente de la verdad, que se asemeja al infinito. Que se acerca al pasado, presente y futuro, armonizados en el grito intenso, concentrado en una ilusión: Ser vacío, ser forma, ser todo, ser nada.

No ser, para ser. Ser, para no ser.

 

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La Siembra

Más que tristeza, arrepentimiento por estar viviendo en un mundo extraño. Con el goteo impredecible de la discordia.

Sembrando corpúsculos de rencor y esperando, pacientemente, a que surjan los engendros del odio, a los que hay que alimentar a base de engaños, a los que hay que dejar madurar en un sinsentido, en una irracionalidad profunda. Tan profunda como la Verdad ocultada. Tan trascendental como las mentiras reveladas.

 

LaSiembra

 

 

Nuestra oportunidad, nuestra responsabilidad, nuestro compromiso.

El ser humano nace bueno y, poco a poco, su bondad se va degradando con su inmersión en la sociedad, con las mentiras globales de unos pocos, con la aceptación y resignación de vivir en un mundo que no tiene solución.

Tenemos la posibilidad de revertir ese efecto dañino y lograr que nuestra bondad se comparta mundialmente y que el Planeta llegue a la Armonía absoluta.

 

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El mundo según (Tentaciones de un asustado)

Si cada uno supiera qué hacer con la vida propia otras situaciones extremas se presentarían ante los testigos de lo inanimado.

•El mundo sería mejor, más racional, más capaz de absorber la energía de los justos.

•Cada cual sabría reaccionar ante las desdichas propias y ajenas.

El estómago manda.

•Las vidas circulan por un río de miserias.

•Las personas reaccionan contraponiendo lo positivo de sus existencias.

•Si las personas no tuvieran corazón, el estómago mandaría y la revolución solucionaría la torpeza de los pensamientos.

•El estómago manda y la sangre, cuando hierve ante las injusticias, se derrama.

No existen los Elegidos

•Nadie es nadie, nadie es más, nadie es algo.

•Mejor ser nada que ser elegido por la desdicha de ser algo sin ser nada ni nadie.

•Los Elegidos morirán en el intento de intentar sobresalir de entre los demás.

•Lo fútil del intento de ser alguien, acarreará sufrimiento al iluso.

Partamos hacia lo nuevo.

•Perdidos ante las circunstancias, buscamos horizontes desconocidos.

•La aventura de lo nuevo y la excitación ante esa aventura apela a las neuronas.

•El corazón, quien lo tuviera, palpita desbocadamente.

•El centro del Universo es un punto perdido en nuestra Mente.

 

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