Pacientemente esperaba que las hojas secas, marrones, cayeran por su propio peso, como su juventud.

Pacientemente esperaba que las hojas secas, marrones, cayeran por su propio peso, como su juventud.


He pensado que quizás no exista, pero disfrutaré el momento.


Hoy no he sido, pues he pensado más de la cuenta.


El poeta se vengó del novelista escribiéndole un ensayo.

¡Levántate y desanda!
