Era capaz de beber litros y litros de líquido sin respirar. Si respiraba, dejaba de ser pez.

Regina Reginae atacaba siempre a sus amantes con la voz.
Si en la noche el de turno no la satisfacía, acababa con la yugular cortada, y a su lado, con el borde ensangrentado, alguno de los incontables vinilos de su colección de Frank.
English Version (Present Tense)
IN HER OWN WAY
Regina Reginae always attacks his lovers with the voice.
If the lover in the night shift does not satisfy her, he just dies with the cut jugular, and next to him, with a bloody edge, any of the countless vinyls of her collection of Frank.

No era muy dado a hablar en público. Ni siquiera tenía presencia para hacerlo. Ni nunca tuvo tema lo suficientemente atractivo para embaucar a los posibles oyentes.
No comprendía, entonces, por qué le habían escogido a él para transmitir ese mensaje que ni siquiera él comprendía.
Tan humilde y tan apocado. Tan poca cosa.
Se acercó a aquella reunión en el comedor social para abrigarse de la soledad que le esquilmaba en la miseria de la calle. Ese peregrinar rutinario para no sentirse olvidado por el resto de la especie humana. Y de paso, comer caliente. Y aquel hombre robusto, que ya había visto antes, mirándole siempre de reojo, mientras hablaba con las monjas que regían todo con disciplina férrea.
Y sin haberle dirigido palabra alguna antes, le tomó por el hombro y clavó su mirada de vidrioso azul para espetarle.
-Sé que eres el elegido. Y ha llegado tu momento. Ha llegado la hora de hacerles saber a los otros que has venido a redimirles.
En tres ocasiones se repitió la misma escena. En diferentes enclaves. Y siempre rodeados del barullo de los otros miserables.
Y en ninguna de ellas contestó. Pensó que aquel loco se olvidaría de él. Que alguna paranoia extraña le hacía tener aquella fijación. Y que tan pronto como había pasado de la ignorancia a la manía persecutoria, volvería a no reconocerle entre la multitud.
Pero se equivocó. Ahora estaba allí. Ante otra multitud. Con un micrófono en la mano. Engalanado con un traje de etiqueta. Bien rasurado, peinado y perfumado. Irreconocible para él mismo.
Y cien mil ojos mirándole. En silencio. Bajo un cielo más azul que nunca. Aguantando la respiración. Hambrientos de conocimiento.
Y otros cientos de ojos artificiales enfocando sus iris al simpar. Tantos como países tenía el mundo. Esperando la declaración.
Miró por última vez hacia atrás, hacia el fondo del escenario, para asegurarse de que allí estaba ojosazules, incitándole con la mirada y con la mano nerviosa para que hablara.
Tímido, humilde, pero sobre todo, sincero.
-Yo… soy… Dios.
(Relato presentado al V Concurso de Relatos Breves de Diari de Terrassa, con seudónimo “Virgilio Taciturno”)
¡Atención! ¡Atención! Ha llegado el momento. Nuestro superior dirá la última palabra, la que debe escucharse.
Y él se negó. Y él luchó. Y él murió. Y nadie le recuerda, excepto yo, la Libertad.
No hay más remedio. Él es el único. Es la verdad.
Y él se negó. Y él luchó. Y él murió. Y ya nadie le recuerda, excepto yo, la Libertad.
Obedeced. Es nuestro bien. Es la solución a todos los problemas.
¡Mentira! Porque él se negó, y luchó y con él murió la humanidad. Ya no queda nadie para recordarlo, excepto yo, la Razón.
-Tolerable, únicamente tolerable.
-Pero, señor, las condiciones de interacción probabilística han sido mejoradas en un noventa por ciento, sin tener en cuenta que todos los componentes activos de la reacción han sido totalmente regulados según las normas vigentes.
-Sigo diciendo que todo esto entra dentro del margen de tolerabilidad. En ningún momento he desechado la información dada por los informes pertinentes de las pruebas realizadas, pero aun así éstas no son totalmente perfectas.
-Me causa usted desasosiego. ¿Qué les voy a decir a los diseñadores, proyectistas y operadores del experimento?
-Sólo que cuentan con mi reservada felicitación y que continúen intentándolo. Según todas las reglas de la versatilidad humana, lo comprenderán… Cuando logren llegar a la perfección extrema, me rendiré a los pies de sus colaboradores y a los suyos propios, pero por ahora…
-No se puede mejorar más el rendimiento de mis hombres ni la capacidad de funcionamiento de los sistemas de proceso. Lo siento, debe aceptar las cosas como son.
-¡No, no y no! Si sigue en su actitud tenga por seguro que haré todo lo posible por convencer al Consejo de Seguridad del fracaso del proyecto.
-¡Maldita sea! ¿No ve que está errando en sus conclusiones? Es la opinión de cincuenta hombres contra la de uno.
-Sí, pero la de ese uno, un servidor, pesa más en esta sociedad que la de cincuenta mediocres esclavos del progreso. Lo siento. Otra vez será. Ya verá cómo logra superar resultados y dentro de poco nuestra nación tendrá, gracias a ustedes y a mí, la única arma bioquímica que consiga reducir al cien por cien la población civil y militar del enemigo. Ánimo, que todo llegará.
-Está bien, por esta vez claudico ante sus convicciones. Como usted pide, probaremos otra vez. Gracias por recibirme. No dude que ganaremos esta guerra fatal y el mundo será nuestro. Le saludo, mi general.