Oteando

   Quiso llegar con la vista más allá del horizonte y adivinar la silueta de la costa que sabía lejana. Se decía a sí mismo que si pudiera volar, subiría tan alto en el cielo que las tierras legendarias, dibujadas en mapas atribuidos a locos visionarios, estarían al alcance de su mano.

   El sonido de las olas batientes a sus pies le devolvió a la realidad y si existían otros hombres allende el Océano tendría que sufrir innumerables jornadas de desasosiego a bordo de una de las grandes naves que acababa de proyectar con los mejores constructores del reino.

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Mi tío me odia

Creo que mi tío me odia porque me salgo de sus esquemas.

La inquebrantable mecanicidad de los actos humanos le permitió, en su más remota juventud, hacerle creador y partícipe de una curiosa hipótesis que él pretendía transformar en teoría a costa de acumular casos que respaldaran su poco original filosofía. En todo veía la huella de la matemática más pura y aseguraba que todo ser humano tenía guardado, en su cavidad craneal, el ordenador más potente, cuya perfección jamás sería superada por ningún engendro artificial, porque era imposible que la creación superara a su creador, y que, como tal, tenía programados, desde hace eones, una infinita cadena de correspondencias de acciones-reacciones que le llevaba a comportarse estrictamente de una manera y no de otra y, como en el juego del ajedrez, cada destello neuronal se asociaba con una acción concreta en un infinito campo de multiniveles. Y siempre ha sido tarea de mi tío localizar y estudiar dichas correspondencias regladas por la inquebrantable ley de la causalidad.

Es por todo ello, y más, que mi tío me odia, porque ve imposible que, justamente en su familia, aparezca la excepción que desbarata su infalible visión de la vida.

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Divorcio

 

Pronto me iré de aquí. Y hasta que ese momento llegue, recordaré con añoranza los momentos que pasé contigo, inmerso en una placidez absoluta, cuando las horas de hastío aún no habían contaminado nuestra convivencia.

 

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Una idea para hacerse viral en WhatsApp e Internet para que te lean

Dando vueltas a ideas locas para ser leído. Concursando y publicando, pero necesitando ser más leído, aprovechando los nuevos medios de comunicación basados en nuevas aplicaciones para ordenadores, tabletas y teléfonos inteligentes, se me ocurrió, basándome en la recepción de vídeos y otros contenidos virales, hacer extensible esta virulencia a mis propios escritos, y «whatsappeados» y tuiteados a mis contactos para que estos a su vez los difundieran, he empezado a ser un poco más conocido en el ámbito de los «lectores ocasionales». Obviamente, sólo puedo difundir, a un solo golpe de vista, nanorrelatos y microrrelatos (nano relatos y micro relatos).

¿Qué os parece la idea? ¿Es original? ¿Es practicable durante mucho tiempo? ¿Es otra forma práctica de difusión?

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Inconmensurablemente

   Atormentado con la miseria humana, trato de encontrar una salida a las ilusiones que me he hecho sobre el modo de ayudar a los demás a afrontar sus, para ellos, irresolubles problemas. Confiando en mi voluntad para que me guíe a través de la incomprensión de los receptores de mis esfuerzos. No cejo ni cejaré en el intento. Siempre hay alguien que se da cuenta, a tiempo, de que existe esperanza para vivir a pleno rendimiento de acuerdo con uno mismo.

   Recuerdo que hubo un tiempo en que me atormentaba pensando en que mi vida seguía pautas mecánicas de supervivencia y que nada llenaría el vacío que en ella se había formado. Estar muerto o vivo debía de ser lo mismo. A punto estuve, en varias ocasiones, de probar esta hipótesis. Pero algo me decía que debía seguir luchando conmigo mismo para buscar los frutos de mi experimentación con el ejercicio del Amor.

   No sé cómo fue que, a punto de concluir el mundo, y yo con él, me pregunté por qué, entonces, estaba vivo ¿Para nada? ¿Vendré de la nada para acabar en la nada? Un sinsentido, sin duda. ¡Qué vano esfuerzo sería crear algo para no ser disfrutado!

   Decido, pues, que todo tiene un sentido, y que algo o alguien produjo ese sentido. Ya tengo un objetivo: Buscarlos a ambos. Pero no contento con ello, quiero que los demás hagan lo mismo. Es delicioso, inconmensurablemente magnífico, irse encontrando a uno mismo. Cuanto más me doy cuenta de quién soy, por qué soy y para qué soy, más ganas tengo de comprender a los demás, a los que recorren el mismo camino que yo, y a los que no, para que empiecen a recorrerlo.

   ¿Y después qué? Cuando me haya conocido totalmente, qué debo hacer. Y la respuesta es siempre la misma: Nunca llegaré a conocerme de verdad, porque el mismo hecho de estar haciéndolo me hace ir subiendo escalones de mi evolución interna, escalones que separan pisos distintos, que son también desconocidos para  mí, y así siempre, y así siempre. Y después, de vuelta a encontrar al prójimo.

   En verdad que es inconmensurablemente magnífico vivir. En verdad que es inconmensurablemente magnífico amar.

   Y ahora, que me conoces bastante bien, empezaré a mostrarte la Luz, una de tantas que es proyectada por uno de tantos focos de luz en el infinito espacio de la inmensidad…

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