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Sofía. El fotomicrorrelato.

Sofia

Desde hace más de un año, algunos de mis microrrelatos, los que tienen un texto adaptable a mi intención, son compartidos vía WhatsApp, Twitter y Google +, mediante su adaptación visual a una foto.

Es por ello que, aunque ya he compartido en mi blog algunas de esas fotografías de forma puntual, lo haré regularmente a partir de hoy, intentando hacer coincidir su publicación aquí con su difusión por los medios anteriormente aludidos.

Espero que os gusten y que comentéis o difundáis.

Hoy empiezo con Sofía, o lo que es lo mismo, Sabiduría.

Domingo

Acarició su pelo por última vez. Después le tocó los labios. Y con los dedos índice y pulgar le bajó los párpados.

Antes de abandonar la escena de su crimen, le pidió, susurrándole al oído, sabiendo que ya no oía, el perdón.

Extrajo la daga, con alguna dificultad, del esternón. El sonido de los huesos quebrados le devolvió a la realidad.

Corrió hacia la ducha y se limpió la sangre de manos, cara y pelo. Tuvo arcadas, pero el agua helada las controló.

Aun teniendo a su víctima en la habitación contigua, se vistió con parsimonia, frente al espejo de cuerpo entero.

Ajustó la pulsera de su reloj y, al ver la hora, salió despavorido, y con rostro desencajado, hacia su cita

En el trayecto echó unas monedas a un par de mendigos. Compensaba así su naturaleza maligna.

Antes de cruzar el umbral, se persignó. Y entró en la penumbra. La del lugar y la de su mente. Y aun así, sonrió.

Se colocó tras la última bancada de feligreses. Y, rodilla en tierra, pidió, de nuevo, perdón, por el nuevo pecado.

“Seguro, Señor, que me lo perdonas. Y más aún hoy. Este domingo. El de tu Resurrección.”

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Una idea para hacerse viral en WhatsApp e Internet para que te lean

Dando vueltas a ideas locas para ser leído. Concursando y publicando, pero necesitando ser más leído, aprovechando los nuevos medios de comunicación basados en nuevas aplicaciones para ordenadores, tabletas y teléfonos inteligentes, se me ocurrió, basándome en la recepción de vídeos y otros contenidos virales, hacer extensible esta virulencia a mis propios escritos, y “whatsappeados” y tuiteados a mis contactos para que estos a su vez los difundieran, he empezado a ser un poco más conocido en el ámbito de los “lectores ocasionales”. Obviamente, sólo puedo difundir, a un solo golpe de vista, nanorrelatos y microrrelatos (nano relatos y micro relatos).

¿Qué os parece la idea? ¿Es original? ¿Es practicable durante mucho tiempo? ¿Es otra forma práctica de difusión?

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Advertencia

He traspasado demasiadas veces la desesperanza que habita en vuestras mentes.

Mientras estáis distraídos y acurrucados en vuestras insulsas vidas, yo estoy protegiendo la semilla del renacimiento de vuestra especie.

Creo, junto con los míos, que una pequeña parte de vosotros, se lo merece. 

Somos bastantes. Bastantes para que nos temáis, pero no por nuestras acciones, sino por nuestra indiferencia hacia la mayoría.

El Planeta está a punto de sucumbir a vuestro desastre. Mas el Planeta, que fue elegido en el pasado por su potencial, tiene que cumplir su misión y no dudaremos en derribar el único obstáculo para que esto ocurra: Vosotros, autodenominados humanos. Ridículo nombre para una especie.

Fuisteis creados artificialmente en un pasado no demasiado remoto, y os congratuláis de ser únicos en el Universo por vosotros conocido. Cuán errados estáis.

Nosotros, creados como vosotros, somos 100000. Los hemos sido y los seguiremos siendo aún cuando vosotros ya no seáis más que un recuerdo en el registro cósmico. 

Los 100000 hemos dictaminado que la actual civilización humana será la última. Habéis tenido demasiadas oportunidades y ninguna habéis aprovechado.

No lo sentimos por vosotros. Nuestras mentes imbricadas en el Total hemos estudiado todas las permutaciones históricas y el resultado matemático es el mismo: Cero. 

Yo seré el punto de contacto de vuestra inferioridad con el Total, y según se vayan dando los hechos, iréis desapareciendo. Sólo 100000 se librarán del exterminio, los 100000 Elegidos, a los que iremos sustituyendo paulatinamente según el mérito acumulado durante generaciones.

Estáis advertidos. Y yo nunca miento. Porque no puedo.

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La Bien Pagá (Tuit-relato)

#1.- Para hacer más insoportable mi espera, empezó a maquillarse sin mirarse a un espejo.

#2.- La extraña, con sus carmines, me observaba de reojo para comprobar que la espiaba.

#3.- Antes de que el tren partiera y me adormeciera su traqueteo, decidí presentarme, como un caballero, a la seductora coqueta.

#4.- Sandra era de esas personas que se hacen querer sin forzar la relación, con armonía imparable en cada risotada sincera.

#5.- La confianza mutua aumentaba con cada parada de estación y a la sexta pasada del revisor la mujer sabía más de mí que yo mismo.

#6.- El viaje en un principio iba a ser largo y aburrido, pero el encanto de Sandra me hizo desear no llegar a mi destino.

#7.- Dicharachaba y dicharachaba mientras que la temperatura del vagón, y la mía, aumentaban.

#8.- Ella no parecía darse cuenta que la provocación y la tentación alcanzaban niveles casi inasumibles por mi autocontrol.

#9.- El vagón era pura voluptuosidad pero esta vez no volvería a caer en los mismos errores del pasado, aún recientes.

#10.- Meses antes de coger el mismo tren que Sandra, yo había jurado a mi encolerizada esposa que jamás volvería a traicionarla.

#11.- En su penúltima visita,el revisor nos dijo que estábamos a dos horas de nuestro destino y Sandra cambió el tono de la charla.

#12.- Escote asombroso,curvas inverosímiles,perfume embriagador,labios insinuantes y ojos comedores. Y casi sin fuerza de voluntad.

#13.- La primera voz de alarma, silenciosa, en mi mente, cuando Sandra me llamó por mi nombre de pila sin yo haberlo mentado nunca.

#14.- La extraña ya no era tan extraña: Entre chascarrillos dejó escapar algún detalle sobre mí que pocos sabían. ¿Ya me conocía?

#15.- Atardeciendo ya, pasamos de compartir vagón a compartir asiento, y con algún que otro vaivén nuestros cuerpos se rozaron.

#16.- El olor de su sudor perfumado, la juntura de sus pechos tan cerca, el susurro de mi nombre en el lóbulo de mi oreja.

#17.- Me provocó. Juro que me provocó cuando el umbral de mi autocontrol había decaído.

#18.- En la intimidad del compartimento, cuando estaba cayendo la noche, me abalancé sobre ella, queriendo comérmela entera.

#19.- Sandra, con un gesto adorable, apartó mi boca de la suya y, atravesándome con su mirada, musitó: “Ella dijo que lo harías”.

#20.- No sé aún si me causó más dolor la daga clavada en la garganta o las palabras de desprecio de aquella diosa hecha mujer.

#21.- Deseó rematarme con toda su furia, pero el despiste de un emperifollado caballero me salvó la vida, y ahora puedo contarlo.

#22.-Podría decir que ella saltó por la ventana, pero a aquella velocidad se hubiera destrozado, como mi ego.

#23.- Eduardo, al equivocarse de vagón, me salvó la vida dos veces: Evitando la escabechina, y echándome sus manos al cuello.

#24.- El traje blanco impoluto del buen samaritano enrojándose; en la distancia, los alaridos de la emboscada; y yo, añorándola.

#25.- Debió de huirme el alma hacia adelante pues después de perder el conocimiento no recuerdo nada hasta despertar en un hospital.

#26.- En el silencio absoluto, embriagado de asepsia, el vaho caliente de una voz familiar en el oido, volcando incoherencias.

#27FIN.- Mi esposa, mi afligida esposa, lograba, con uno de esos susurros, rematar mi mente: “Alguien no terminó bien su trabajo”.

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¿Para?

Tercos sinsabores de los nuevos tiempos.

Espantadores de moscas invisibles.

Restituidores de las masacres infames.

Cansinos aduladores de los impresentables.

Gimiendo al unísono por falta de aire.

¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?

Saltando jerarquías de mando inasumibles.

Bordeando precipicios carentes de fondo.

Vistiendo santos ya vestidos.

Vallando una propiedad que es de todos.

Vigilando las lenguas vivaces pero sin músculo.

¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?

Batallando en una guerra sin enemigo respetable.

Horadando en los cerebros ya petrificados.

Jamaseando la verdad incógnita.

Liberando el excremento del espíritu enfermo.

Allanando las cumbres inalcanzables.

Y todo, ¿pa’ qué? ¿pa’ qué? ¿pa’ quién?

 

(Improvisado y publicado en Twitter el 25 de enero de 2013)

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La pulga (Un tuit-relato)

 


  • El amaestrador la traía por el camino de la amargura. La obligaba a dar saltos cada vez más imposibles
  • Escuchar un grito de cualquier humano la impulsaba a saltar, a saltar bien lejos 
  • ¿Habíase mostrado, alguna vez, el cuádruple salto mortal en aquel Circo de las Pulgas? 
  • Aquel día, el del desastre, la había obligado a hacer el salto del ángel, último anuncio del circo de pulgas 
  • Como se había portado bien, el amaestrador le regaló aquel bosque de pelos andante 
  • Limitándose a su vida ínfima, la pulga no mostró disconformidad ante el vasto terreno asignado 
  • La pulga adoraba ser catapultada a los manjares perrunos, aunque no hacía ascos a los humanos
  • Sabía que la glotonería la llevaría al desastre… 
  • No es que fuera poco social, es que no podía repartir el botín 
  • Sabía que era de porte más agraciado que esa maldita garrapata del tercer pelo a la izquierda 
  • Soñó, con su corto entendimiento, que se bañaba en un lago de sangre 
  • Ensimismada en sus pensamientos cayó en la cuenta de que tenía poco cerebro y, rencorosa, decidió desangrar a su huésped 
  • Trató de desasirse de aquel filamento inmenso, y cayó en un claro terso y suave, y picó 
  • La pulga tenía muy mala sangre. Ese día se le ocurrió picar a un perro con muy malas pulgas 
  • Vio que su fin se acercaba cuando la zarpa la lanzó al espacio infinito fuera del bosque de pelos 
  • Al estamparse contra el suelo frío y duro se quebró una de las potentes patas traseras 
  • Maltrecha, encima de la esperpéntica baldosa, sintió la impotencia de la invalidez
  • Había forzado la máquina, pensó. Si no hubiera hecho caso de los gritos del jefe humano, no estaría tan cansada 
  • El humano, el maestro de pulgas, gritaba y gritaba, ahora para encontrarla. La pulga gritaba y gritaba, para no ser aplastada 
  • La desesperación del humano era evidente desde la perspectiva de la pulga. ¿No entendía que no le entendía? 
  • La impotencia de sentirse incapaz de dar el gran salto, el más necesario, el que salvaría su vida, y no morir aplastada 
  • Siempre creyó que moriría en un salto rocambolesco y nunca pudo imaginar otra cosa 
  • Una infinita área negra acercándose y un infinito peso quebrando su armadura externa 
  • Un puntito rojo en el gres rojo. Ilocalizable. Una tumba. Imperdonable. Un perro. Imperturbable 
  • Su tamaño la traicionó. Perdió la vida. Su tamaño le traicionó. Perdió a su estrella.

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 El handicap que significa no poder exceder los 140 caracteres pertinentes, aumenta el reto de escribir algo que tenga algo de sentido y/o calidad literaria. Y en cada tuit un nanocapítulo, hasta completar un microcuento. Todo un reto.