Recuperación instantánea de información de los días, semanas, meses, años, siglos, precedentes, para activación presente:
¿Por qué tengo que celebrar el Día Internacional de la Mujer instaurado por la Organización de las Naciones Unidas?
¿Por qué, cuando esta organización atenta continuamente contra otros derechos del ser humano y no soluciona, después de tantos años de su existencia, los problemas de la humanidad tales como el hambre, la falta de justicia y de libertad en muchos de los países que la conforman?
Días Internacionales que maquillan las faltas de compromisos reales con los problemas más graves de este planeta y de esta especie.
El solo hecho de destacar que se celebra el Día de la Mujer es muestra de que existen diferencias entre hombres y mujeres en los países de gobiernos y sociedades patriarcales y machistas.
La hipocresía continua que muestra una cara frente al público sumiso y conformista, y tiene otra frente al mundo de los derechos humanos, laborales y educativos.
Mientras que se aprueban Resoluciones para invadir países o atacar militarmente otros, se inventan los Días Mundiales de un Mundo que no se esfuerzan porque exista en realidad.
La ONU no es una organización democrática, ni igualitaria ni humana, ni por supuesto sus países integrantes están ni unidos ni integrados. Sólo persigue defender los intereses de las Élites que la crearon, salvaguardando sus privilegios y arrimándose siempre a “los soles que más calientan”.
El Día Internacional/ Mundial de la Mujer es en sí mismo una burla para el género femenino, tanto como que se celebre el Día Internacional del Hombre para “resaltar el rol positivo y las contribuciones de los varones”. Sólo con dar por hecho que existen diferencias, se da por hecho que no van a poner remedio para que éstas desaparezcan.
X
Urna de platino-titanio haciendo las veces de cofre de seguridad. El contenido, totalmente secreto. Sólo una persona puede acceder al enigma.
Un largo pasillo con suelo especular. Dos piernas femeninas apoyadas en plataformas de sujeción con realce posterior. Movimientos sinuosos y mirada concentrada. Cabello ébano, piel de nácar.
Personal de seguridad en acción. Se exigen claves de identificación. Iris ocular, digitohuella anular, combinación genética en un pellizco de sangre. Todo correcto. Dientes satisfechos.
Medio minuto de inspección. O lo dejas o te lo llevas. Todo en orden.
Un guiño a tu mirada. Un lapsus en el tiempo. Un peso en el pecho. Alarma…
Lo siento, Kras. De veras.
**********************************************************************************************
-Seedus, le ordeno que me haga caso.
-Si le hago caso, Almirante. Pero, ¿cómo lo sabe?
-Lo sé y basta. Lamaret se propone algo.
-Creo que está demasiado alterado por los últimos triunfos. Almirante, ¡todo está saliendo a pedir de boca!
-Pero falla algo.
-No, se lo aseguro.
-Si sigo en Enlacer es porque creo que desde aquí puedo controlar mejor la situación- los ojos de Kras están vidriosos, quizás febriles.
-No le echo nada en cara, señor. Tengo asumido mi papel. Yo actúo, usted observa.
-No, no es así. Mire, sé que Lamaret se propone algo.
-¿En su situación?
-¡Estoy convencido!
-Quizá vaya a ver a Pee. Cálmese, señor. No podemos decaer ahora, en plena ventaja.
-Espero pues el resultado de su entrevista.
-Por teletransporte será rápida.
**********************************************************************************************
-Ya no dependo de usted. Todo está ya decidido.
-Querido Mayor. Creo que llegamos a un acuerdo y usted lo incumplió. ¿Pretenden los militares recuperar el poder perdido hace siglos? Vino a verme para urdir una excusa para llevar a cabo la decisión de no sé qué loco.
-Lamaret es un loco aún peor.
-Lamaret es la estabilidad pacífica, ustedes la opresión.
-¡Cállese!- la furia se ha desatado con cierto retraso, pero, cuando lo hace, no hay muralla que la detenga-. Usted no sabe nada. Lamaret siempre ha querido lo mismo: El poder, de una manera u otra. No se diferencia en mucho de nosotros. ¿Por qué cree que hace tan patente la presencia terráquea en la Unión? ¿No lo adivina? Se lo diré yo: para que todos adoren la dependencia que existe con la Tierra.
-¿Cómo sabe eso? Nunca ha sugerido tal cosa, ni con hechos ni con palabras. Lo que usted dice sólo es una suposición denigrante.
-Y lo que pretende ahora, ¿qué?
El Consejero no sale de su asombro.
-Pregúnteselo cuando pueda y quiera. Cara a cara. Al mismísimo Lamaret. Veamos cómo reacciona. Está claro que sigue teniendo fe en él.
Instantáneamente, Pee se abalanza con furia hacia Seedus, pretendiendo concretar su estado interno de violencia. Pero un acto reflejo activa el arma reglamentaria y le volatiliza el cerebro.
Nadie acude a comprobar lo ocurrido.
Seedus abandona el cuerpo inerte de Pee sobre el tensosillón que ocupaba cuando vivía. No hace ademán de huir tras el asesinato; en realidad, ha sido clara defensa propia, piensa para sí. Tal vez Pee hubiera llegado a utilizar un dispositivo de ataque.
Nadie osará descubrir su nombre cuando hallen un cadáver a cien metros de altura. Ya se ha hecho cargo: El lugar está custodiado, la ciudad está sitiada. Todo controlado.
A raíz del falso documental«Operación Palace» que emitió la Sexta con motivo del aniversario de golpe de estado de Tejero o 23F queremos acercarnos a este género que tanta polémica suscita entre los espectadores.
Según Filmaffinity«el ‘falso documental’, también llamado ‘Mockumentary’, se trata de un subgénero documental de cine y televisión en el cual unos sucesos ficticios se narran en un formato de no ficción o documental, haciendo pasar como hechos reales una ficción.»
Como señala Alberto Nahúm García Martínez* con los documentales damos por hecho que lo que reflejan es una realidad. Se basan en un estudio previo que es apoyado por unas imágenes. Lo que los británicos llaman fake utilizan las mismas herramientas estilísticas que los documentales y «se fingen los signos de lo real,construyendo así un simulacro de la representación».
Para Garcia Martínez estas son las herramientas utilizadas en los falsos…
Ver la entrada original 795 palabras más
Estos días estoy autoconvenciéndome de que todo en mi vida va a salir bien, porque harto ya de sobrevivir cada segundo de la misma, quiero vivir. Hoy mismo me ha dicho la persona que más quiero en el mundo que me fuera a un espejo y reconociera, mirándome a los ojos, que soy una persona negativa. Y yo, luchando continuamente para ser positivo y mostrarme a los demás como positivo, no he ido al espejo y me he dicho que es hora de vivir, vivir porque la vida merece ser vivida. Y eso lo confieso porque, aunque a veces casi me convenzo de que la vida no es fácil, ni la supervivencia es fácil, nosotros tenemos el poder de liberarnos del ancla que nos la hace difícil. ¿Por qué no intentarlo? Quiero ser uno de los privilegiados que vive la vida, no que la sobrevive. Poco a poco… o mucho a mucho.
Autofoto en Copacabana (Bolivia), 29 marzo 1994
Ochocientos noventa y cinco por sesenta y cinco igual a cincuenta y ocho mil ciento setenta y cinco.
La calculadora solar funcionaba perfectamente y sabía que tenía que memorizar todas las operaciones matemáticas que tenía en el listado de su regazo, antes de destruirlo, antes de que el profesor saliera de detrás del parapeto de aquella inmensa mesa y se paseara entre las de los alumnos.
Seguro que le daría tiempo y…
-Comienza la prueba. Tienen ustedes una hora exacta. A partir de. Ahora.
El hombre se encontraba encerrado entre dos paredes y dos puertas porque estaba a oscuras en un largo pasillo de lo que estaba definiendo, en el agobio claustrofóbico, como una trampa, en el laberinto interior del Teatro.
A tientas, tocando la pared con las yemas de los dedos y con el refilón de los zapatos, se dirigía hacia las casi imperceptibles lucecillas rojas que asomaban por detrás del teclado numérico de claves de apertura, para la libertad que habría tras abrirse aquella puerta.
Y mezclado con el sonido del riego sanguíneo y el palpitar inmenso del silencio sepulcral, se escuchaba, muy a lo lejos, la música que debía de emanar de un piano.
Se detuvo para escuchar concentrado, para que sus pasos no interrumpieran, con sus sonidos toscos de tacón, la belleza de la pieza. Pero no tuvo tiempo de deleitarse con ella, ya que inmediato fue el cambio de registro, con un pizzicato de violines que comenzaron a arremolinar su sentido de la orientación.
No comprendía cómo se le podía estar haciendo tan largo el trayecto, cuando había podido vislumbrar, antes de que se apagaran las luces, la verdadera dimensión del recinto.
Y gritó:
-¡Hola! ¿Hay alguien ahí?
Se rió de su ocurrencia, por lo estúpida que había sido y, desechando una respuesta, siguió avanzando. Poco a poco. Porque no recordaba si podría haber algún obstáculo pegado a la pared.
Los violines enmudecieron y volvió a escuchar su respiración mientras daba por alcanzada la puerta que, con el tacto de un ligero golpeteo de nudillos, aseguró era metálica. Y como así sentenció, así empezó a golpear con las palmas de las manos, provocando truenos en el aire, que rebotaban y se mezclaban, con sus gritos, en un caos.
Desechó la posibilidad de intentar adivinar la combinación porque ni siquiera sabía cuántos dígitos tendría que marcar y continuó con sus desesperadas increpaciones a los posibles oyentes que hubiera al otro lado.
Y nadie acudía.
Y maldijo el despiste de una o varias horas antes. Ni siquiera tenía la posibilidad de la llamada de urgencia con su teléfono móvil porque ¡se lo había dejado en el aparcamiento, dentro del coche!
Apoyó la espalda contra la pared y la deslizó hasta sentarse en el frío suelo.
¿Cómo había ido a parar allí?
¿En qué parte de las instrucciones del guardia de seguridad que le atendió se había equivocado?
Tuvo claro que la persona que le habría estado esperando, para la entrevista de trabajo, habría finalizado con los otros candidatos y se habría ido.
¿Qué hora sería ya? ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿A nadie más se le iba a ocurrir coger este atajo? ¿Por qué no aparecía nadie?
Puso la cara entre sus manos y las acercó a las rodillas, balanceándose en pequeños ejercicios abdominales, como si escuchara una nana, y empezó a cantarla. Suavemente. Porque necesitaba el arrullo de su propia voz. Y sin saber si mental o física, empezó a escuchar una flauta, que lo acompañaba en su tarareo.
Y decidió que no se adormecería. Que tenía que salir de allí. Y despegó las manos. Y levantó los párpados. Siguiendo cantando. Y una pequeña luminosidad empezó a hacerse patente. Veía sus manos, y sus rodillas, y sus zapatos, y el suelo. Y las paredes a ambos lados, y el pasillo que había dejado atrás, cada vez más claro, cada vez más blanco. Y no dejó de cantar, porque tenía miedo de que, si lo hacía, volviera la oscuridad. Y la flauta le seguía acompañando.
Puso una mano en el suelo y se empujó para levantarse.
¡Qué delicada voz salía de sus cuerdas vocales! ¡Qué armonía! ¡Qué dulzura sublime!
Recordó, entonces, que a eso había ido al Teatro. A cantar. Para que le escucharan. Para que le escogieran. Para el próximo proyecto operístico. Con su voz contratenor.
Y siguió cantando, llenando de efluvios musicales lo que minutos antes había sido una pesadilla de silencio y caos.
Eclipsando el sonido de la flauta, porque él también era la flauta, el violín, la orquesta entera.
Tan entusiasmado que no se percató que una de las dos puertas se entreabrió. Y volvió la luz. Toda. Íntegra. La de todos los fluorescentes que cruzaban, longitudinalmente, el techo del pasillo.
Y calló.
Y gritó.
-¡Hola! ¿Hay alguien ahí?
(Dedicado a Juan Diego Baños de Andrés,
que, con una aventura casi parecida,
me inspiró este relato.)