Mechón

El mechón rubio tapaba su ojo derecho. Durante un tiempo lo dejó caer sobre ese lado de la cara porque decía que así iba a la moda. Pero se dio cuenta que lo que se llevaba en ese momento era la indiferencia, el egoísmo, la soberbia. De los demás ante ella. De ella ante los demás. Y con su desprecio llegó la decisión de dejar caer todo el flequillo sobre la cara, ocultando ambos ojos, para que cuando los observara a través de la cortina de pelo no vieran su mirada punzante, embajadora del odio que hervía en sus entrañas.

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Cuestión de dimensiones

Ni el mejor de los televisores inteligentes de última generación, de esos en 3D, podría sustituir mi visión de su pelo color miel batiéndose en rebeldía con el viento de la tarde, cuando me abandonaba para volver a sus 2D.

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