El Amor verdadero no tiene fecha de caducidad. Si la tuviera, es que no es Amor.

El Amor verdadero no tiene fecha de caducidad. Si la tuviera, es que no es Amor.

Le costó comprender aquella mirada furtiva. Hasta que la dueña de la misma le habló, susurrándole en la distancia, teniendo que esforzarse en leer los labios, y no le gustó lo que las palabras sugerían.
La comprensión del Universo se disipó en un instante.
Y al siguiente, la implosión de ideas, mientras notaba que la mujer se acercaba a grandes pasos. Y él, sin poder moverse y sin poder encontrar la voluntad para hacerlo.
Y cuando logró despegar los pies del suelo, era demasiado tarde. Pues el sabor de la sangre estaba en su boca, porque el…
No le importó escuchar el tictac martilleante del reloj del baño.
No le importó escuchar el latido de su corazón acelerado en la oreja aplastada sobre la almohada.
No le importó sentir que se le escapaba la vida con cada exhalación de aire caliente de fiebre.
Tosió y, al mismo tiempo, la sonrió.
-¿Sabes? Por un momento no has estado aquí, tumbada a mi lado, aguantando el silbido de mis mocos. Y me has asustado.
Ella no comprendió su mirada furtiva pero, aún así, besó su frente hirviente.

Si como una fresita,
sabor a ti.
Si huelo una rosita,
olor a ti.
Te guardo una cosita,
es para ti.
Corro si me necesitas,
ya estoy aquí.
Hoy he vuelto a enamorarme
y es que no puedo, no quiero evitarlo,
esta mañana al despertarme,
y encontrarte, mujer hermosa, a mi lado.
Te quiero con locura,
te amo con total pasión,
y si me das un besito
me da un vuelco el corazón.
Que soy tuyo no lo dudes,
que eres mía ya lo sabes,
por eso al abrazarnos,
el Amor en mi alma ya no cabe.
Hasta la noche espérame,
y entre tus brazos
haz un hueco, que sea abrigo de mi mundo.
Espérame sobre tus labios,
que en ellos mi amor abundo.
Miel de mis flores,
Luz de mis estrellas,
Agua de mis ríos,
Sangre de mis venas.

(Fotografía: © Jesús Fernández de Zayas «archimaldito»)
Corre, alma mía,
cuando la veas.
Vuela noche y día
y no te detengas.
Y cuando estés en sus brazos
mírala sin recato.
Y cuando te unas a ella
llora para no separarte.
Porque así serás más grande,
pues su alma no es solo suya,
sino unida a ti es amante,
y al fundiros los años son un instante,
y deseas los siglos
para ser una con ella de aquí en adelante.

Estoy sin habla, estoy sin respiración, tú estás junto a mí, te veo junto a mí, y casi no puedo creer ser tan dichoso. Tu pelo es mío, tu pecho es mío, tu vida es mía. Y yo soy tuyo, mis ojos son tuyos, mis manos tuyas, mi temblor tuyo, mi vida es tuya. Respirarte sin pensar en que se acabará mi aire. ¡No importa! Tendré el tuyo. Acariciarte sin pensar en que terminará mi ternura. ¡No importa! Yo soy tu piel. Besarte sin pensar en que mi saliva se secará. ¡Tonto soy! ¿No siento que tu río fluye a través de mí? Solo cuando me tocas sé que existo, sé que veo, sé que siento, sé que soy.![]()
Vivo,
mi mente se llena con tu imagen.
Sigo viviendo solo.
Camino,
recuerdo que entre mis dedos he tenido la seda de tus cabellos.
Sigo viviendo solo.
Respiro,
pero no es lo mismo si no se integra en el aire el efluvio de tu cuerpo.
Respiro el vacío.
Y al llegar a mi destino,
mi corazón se desboca galopando en tu presencia.
Mis ojos no ven más realidad que tu piel.
Y mi espíritu se conecta con tu esencia.
Tal vez por eso, en el reencuentro,
mi búsqueda ha llegado a no tener sentido,
pues siempre fue encontrarte a ti mi sino,
mi auténtico destino.

(Fotografía: ENAMORADOS © Jesús Fdez. de Zayas «archimaldito»)
Me ordenaste que no volviera a verte.
No me ordenaste que no te amara.
No me ordenaste que no te oliera, ni escuchara, ni tocara.

Querida mía:
Después de hablar contigo esta mañana, he sentido que el teléfono es demasiado frío para mí, pues desde el momento en que lo cuelgo hasta el siguiente día, estoy contando las horas que faltan para escuchar tu voz, deseándolo fervientemente, casi obsesivamente, porque una vez que no la vuelvo a escuchar me siento morir, contando, y martirizándome con ello, los días que faltan para estrecharte entre mis brazos.
No te puedes imaginar lo que te echo de menos. Nunca me he sentido tan mal separándome de alguien, y es que se me acaban las ganas de todo. Duermo mal, pues sé que no despertaré a tu lado. Como a desgana, porque sé que la comida no ha sido cocinada con tus manos y, como tú me dices, con todo tu Amor. No logro avanzar en mi novela porque me falta la inspiración y, con tu falta, me he dado cuenta que esa inspiración eres tú. Huyo de la soledad estando con mis amigos y hermanos, porque me siento igual de solo siendo tú lo único que llena mi vida. Y lo siento, pero no puedo controlar las lágrimas. ¡Tan mayor y llorando como un niño!
¡Te amo tanto!
Y ha hecho falta esta separación para darme cuenta que, de verdad, sin ti no soy nada.
Hasta trabajando, intento concentrarme en lo que hago para no pensar, pero al final decaigo pues tu esencia me recorre el pensamiento y, lo que es más duro en estos momentos, el corazón.
Intento, por teléfono, dar la sensación de tranquilidad y normalidad, pero lo hago para que no te agobies, pero no puedo mentirte. A ti, nunca. Eres mi compañera, mi mejor amiga, y no te puedo ocultar nada. Espero que todo lo que está pasando valga la pena para ti. Que estés disfrutando. Que seas feliz. Eso me consolará. Pero a medias.
Cuando hablo contigo por teléfono intento controlarme y me desespera que no me digas, tan acostumbrado como estaba, que me amas y que me echas de menos. Como tú decías de ti, yo también debo aplicarlo a mí: Soy un egoísta. Te quiero para mí solo, y tengo envidia de todos los que te rodean, de todos los que te disfrutan.
Y luego me llegan los momentos de tranquilidad, en que me calmo y logro no pensar en todas las semanas que aún quedan para volverte a ver.
No puedo escuchar música romántica porque me hundo. Y separo la vista de las parejas porque te recuerdo conmigo. Y sufro. Y algunas noches me consuelo mirando nuestras imágenes en vídeo o en fotografía, pero es pasajera la anestesia. ¡Es tan complicado de explicar!
No sé si tú sientes lo mismo. No sé si estás conmigo en la distancia. Solo sé que te adoro y que estoy locamente enamorado de ti.
Te pido, por lo que más quieras, que nunca más volvamos a separarnos. Que aunque las circunstancias lo pidan, hagamos lo posible para estar siempre juntos. Tú eres mi vida, y contigo se ha ido una gran parte de la misma.
Todo tuyo, en cuerpo y alma,
P.D.: Te escribo con ordenador para que puedas entender mi letra, pues hasta ella me tiembla cuando pienso en ti.

Nunca más te vuelvas a ir, porque sin ti se me desgarra el alma.
Nunca más te vuelvas a ir, porque el hogar, la ciudad, el mundo entero sin ti no son nada.
Y tu olor cálido no vuelvo a encontrar cada mañana.
Y tus sonidos plácidos no vuelvo a respirar cada tarde.
Y me desespero porque no te encuentro cuando vuelvo muerto al final de la jornada, esperando resucitar entre tus brazos.
Jamás te vuelvas a ir, y si te marchas, que sea conmigo.
Para poder rozar tu mejilla con mis dedos temblorosos.
Para extraer de ti palabras que acaricien mis oídos.
Para poder nombrar cada amanecer con tu nombre.
Y que las estrellas, que nos observan allá encima, en el cielo, sean un reflejo de los poros de tu piel.
Y que la luz de nuestro sol sea tu mirada fija en mí mientras tiemblo de emoción al imaginarte entre mis brazos, devolviéndome parte de la vida que te di al entregarme por entero a ti.
No te vayas más, porque mi corazón se ahoga,
y todos los segundos compartidos contigo se me escapan transformados en lágrimas.

(Fotografía: © Jesús Fdez. de Zayas «archimaldito»)
Piénsame en la noche,
piénsame en el día,
que son tus pensamientos
bellas flores mías.
Piénsame muchito,
nunca es demasía,
no tengo aún bastante
de tu vida mía.
Mas cuando estoy lejos
existe una emoción,
y es que no me alejo
de tu devoción.
Mas cuando estoy cerca,
en mí no pienses, te diría,
pero cuanto más te tengo
siempre es poco y más querría.
Piénsame durmiendo,
piénsame en vigilia,
piénsame te digo,
que tus pensamientos son mi armonía.

(Fotografía: Pareja 2 ©Jesús Fdez. de Zayas «archimaldito»)