Pacientemente esperaba que las hojas secas, marrones, cayeran por su propio peso, como su juventud.

Pacientemente esperaba que las hojas secas, marrones, cayeran por su propio peso, como su juventud.

Voy a creer, a partir de ahora, todo lo que me dices.
Como cuando me cuentas que has visto a la gente sonreír sin miedo al qué dirán.
Como cuando crees haber visto a un par de parejas besándose en plena calle, sin pudor alguno.
Como cuando te atreves a sugerirme que seríamos más felices si pasáramos más tiempo juntos.
Y al escucharte decir todas esas sandeces me preguntaré cuántas más te atreverás a contarme para llamar mi atención, y para mantenerla viva.

Es un artista: Sus movimientos de manos hipnotizan a las masas, mientras su discurso las embauca.

(Fotografía: Captura de foto de Vine interpretado por Jesús Fdez. de Zayas «archimaldito»)
Más que tristeza, arrepentimiento por estar viviendo en un mundo extraño. Con el goteo impredecible de la discordia.
Sembrando corpúsculos de rencor y esperando, pacientemente, a que surjan los engendros del odio, a los que hay que alimentar a base de engaños, a los que hay que dejar madurar en un sinsentido, en una irracionalidad profunda. Tan profunda como la Verdad ocultada. Tan trascendental como las mentiras reveladas.

Todo era pobreza, y si miraba más allá, más miseria veía. Se preguntaba si era esto lo que querían que viera. Aún así, decidió no huir.

No duermo. Vigilo los otros universos, los paralelos y los interseccionados, para que confluyan en la armonía.


He pensado que quizás no exista, pero disfrutaré el momento.


Farfullaba palabras ininteligibles que ni siquiera él comprendía. Creía que así era más interesante para los que nunca decían nada.
