Jirón

Jirón del corazón marchito,

timbal del corazón lanzón,

murmuran, y lo hacen bajito,

que yo sufro de algún mal de amor.

 

Eterna la dicha ampara

al que busca, y da un empeñón

a la vida que se torna gloria,

al que vive engendrando ilusión.

 

Y la ilusión en mí ya existe

pues en ti derramo emoción,

y aun corazón y al otro les digo

que el tuyo y el mío uno solo son.

 

Teniendo en cuenta

Teniendo en cuenta que añoro verte,

teniendo en cuenta que adoro olerte,

teniendo en cuenta que busco para encontrarte,

teniendo en cuenta que no me canso de hablarte,

teniendo en cuenta que sin ti estoy perdido,

teniendo en cuenta que de tu sed he bebido,

teniendo en cuenta que nada sin ti soy,

teniendo en cuenta que así ni estoy donde estoy,

teniendo en cuenta que te tengo en cuenta,

te cuento, por si no te habías dado cuenta,

que de ti, como en un cuento, estoy enamorado.

Teniendo en cuenta

Aprisióname

Aprisióname, amor mío, entre tus brazos,

y no me permitas que te hable,

pues con tu boca, noche y día, debes tapar la mía.

Aprisióname con tus piernas

y embelésame con tus formas cálidas y suaves,

pues mi vista, vida mía, con tu piel debes llenarme.

Haz de tu corazón mi prisión,

que mi mente pierda la razón,

y que el correr de mis años sea por ti siempre ilusión.

Porque el mundo no sería mundo sin la cárcel de tu amor,

porque yo no existiría sin tenerme dentro de ti en una flor.

rosa

¡Qué suerte!

¡Qué suerte poder reflejarme en tus ojos!

¡Qué suerte poder entrelazar mis dedos con los tuyos!

¡Qué suerte poder rozar nuestras pieles!

¡Qué suerte poder reír con tu risa!

¡Qué suerte poder llorar con tu llanto!

¡Qué suerte poder estrecharnos en un abrazo!

¡Qué suerte poder oler nuestros cabellos!

¡Qué suerte poder intercambiar nuestros alientos!

¡Qué suerte poder poner al rojo vivo nuestros labios!

¡Qué suerte poder electrizarnos con nuestros sexos!

¡Qué suerte poder amarnos hasta el infinito!

Pero sobre todo, qué suerte,

¡Qué suerte ser tuyo!

Futuro compartido

   Sentía una fuerte punzada en el cuello y aquella mujer se comprometió a hacérsela olvidar. Con los ojos cerrados, imaginó un paraíso único en el que quería estar. Sin nadie más a quien escuchar ni ver. Integrándose en una vida de supervivencia. Sin tener que pensar en nada. Solo sufriría cuando las leyes de la Madre Naturaleza mostraran su crueldad. Rememoró de pronto imágenes filmadas de la extinta águila dorada atenazando con sus garras a su huidiza presa mientras surcaba majestuosamente los cielos incontaminados de una vetusta Tierra. Y le pareció que, aún así, aquella muerte se integraba en la perfección. Y trasladó esa imagen, en otros tiempos real, a su imaginación. Y se sorprendió tumbado sobre la hierba fresca de un extenso prado bajo la aguda mirada del águila de sus recuerdos, con el sonido del discurrir caudaloso de un inmaculado río a sus pies. Y viéndose a sí mismo en este estado sublime, decidió compartirlo con una mujer, el amor de toda su vida: su esposa. Y la veía echada a su lado, con los ojos cerrados, como degustando la paz que les rodeaba. Y la imitó.

   Y aunque la realidad era ahora tan distinta, se sintió feliz al notarse acariciado por las manos de su mujer. Y cuando entreabrió los párpados, la vio delante. Y Johanna le sonrió. Y el se sintió amado.

   Pero, aún así, pensó que no quería que ella llegara a conocer el sufrimiento en sus propias carnes. Siempre la había protegido de ese extremo. Si no jugaba bien sus cartas, tendría que elegir: sus propias felicidades o la de la humanidad entera. Y muy a su pesar, decidió qué escoger si se llegara a tal punto.

   El dolor muscular desapareció, pero fue sustituido por un nudo en el estómago.

   Johanna seguía masajeando, como si deseara relajar algo más que el cuerpo de su marido. Como si presintiera la batalla interior.

   -¿Qué te ocurre, cariño?

   -¿Recuerdas las videograbaciones en que aparecen imágenes del planeta rebosantes de vida?

   -Sí, Merdik, por supuesto. En la universidad utilizábamos antiguos reproductores láser para recuperarlas y hacer un examen exhaustivo de lo que contenían.

   -¿Y recuerdas el matiz del azul de los cielos que mostraban?

   -Cariño, ya sé a dónde quieres ir a parar. Pero en aquella época, tú no habías nacido aún. No te mortifiques más.

   -Del azul puro se pasaba al gris más oscuro y… llovía, ¿recuerdas?

   -Déjalo ya. Sé que cuando empezaron a querer remediarlo, era ya irreversible. Ahora, en cambio, no tenemos ya polución ni en el aire, ni en los mares y ríos.

   -Dirás, en lo que nos queda de agua. La evaporación fue desconcertante hasta para los más pesimistas. El efecto invernadero actuaba y abusaba.

   -¿Quieres dejarlo ya, por favor? ¿No pasó ya?  ¿No logró nuestra anterior generación rehacer la climatología? ¿No es un consuelo que, aunque las nubes se formen raramente, el ciclo se haya recompuesto? Confío en esta humanidad, ¿sabes? Creo saber que lleva en sus genes el aprender de sus errores.

   -Ojalá fuera tan fácil como dejarse confiar.

   Un beso selló momentáneamente su boca. 

  -No te preocupes, cariño, volverás a pensar sólo en mí.

 

(Nota del autor: Esto es un extracto de mi novela corta «Jamás y siempre a la vez»)

 

 

 

 

De tu belleza

                                             Tus ojos son jaula

                                                     de tu belleza,

                                           tus labios son jaula

        de tu belleza,free-as-a-bird-1536761

tu cuerpo es jaula

        de tu belleza,

y tu corazón, último reducto

        de tu belleza,

con cada latido

        de tu belleza,

libera pureza en tu alma,

                     y con cada beso que nos damos,

              yo la recojo en mi espíritu, con calma.

Lágrimas felices

   Cuando le escuchaba cantar, se le saltaban las lágrimas de emoción, deseando que no terminara su hermosa canción, y aunque no entendía totalmente la letra de la misma, porque no estaba trovada en su idioma natal, la música, esa música maravillosa que emanaba del interior del piano y de su garganta, le envolvía y le armonizaba… con el Todo.

   Era el momento de sus lágrimas felices.

(Dedicado a mi amado hijo, Iván, un músico maravilloso.

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