Agachada. Otra vez. Recogiendo los papeles del suelo tirados, a posta, por el incompetente de su jefe.
Sabiendo que por encima de aquél había otros jefes que sí la tomaban en serio.
Muy poco le faltaba a aquel estúpido de reír sus propias ocurrencias sobre el físico de su secretaria, porque su secretaria, ella, tenía ideas propias, coherentes y originales, sobre cómo llevar una empresa.
Y se levantó. Entregando ordenados los informes desparramados. Con humildad. Con generosidad, con valentía.
Mis padres me habían repetido, una y otra vez, que no tendría ninguna oportunidad. Que me querían y que por eso me decían la verdad. Para que la verdad no me defraudara cuando me encontrara con la cruda realidad. Yo les agradecía su tesón para echar mis sueños por los suelos.
Pero esta, como las otras veces, se han equivocado: Esta vez sí que estoy en la cápsula. Y tras varios meses de acondicionamiento, podré comunicarme con ellos, para decírselo. Que no debieron haberme infravalorado.
Ahora se quedarán, para siempre, solos. Porque de esta misión no se vuelve. Y tendrán que asimilar mi triunfo.
Ellos seguirán siendo ciudadanos de su insulsa Tierra. Yo, una pionera en mi enigmático Marte.
En un evento de Sephora en la red social Tuenti se hizo, durante, aproximadamente, una semana, la siguiente pregunta: «¿Qué crees que está tramando Lady Gaga en este vídeo?»
Yo no tengo cuenta en esta red social, pero un amigo, que sí la tiene, me invitó a escribir mi impresión respondiendo a la pregunta de Sephora.
“En vuestras mentes dejo el elixir de lo absoluto, del conocimiento perfecto, el único que es válido, el propio, el de uno mismo.
Con él despertaréis a vuestra auténtica esencia, lejos de lo efímero que se nos impone desde la sociedad en la que nos hallamos inmersos.
No idolatréis en vano, no caigáis en las redes de las percepciones superficiales ni tratéis a vuestros prójimos como instrumentos de vuestros intereses más primarios.
Sois mucho más que simples cuerpos, sois mucho más que simples mentes amordazadas por los que se creen en posesión de la verdad.
Sois tan libres que no os lo podéis creer, pero así es. Sois todos parte de lo mismo.
Pensad por vosotros mismos. Ni siquiera hagáis caso a lo que os estoy diciendo.
¡Sed para ser!
Y os aseguro que llegara el instante en que comprenderéis la verdad.
Quizás me veis como lo que no soy: Un simple ídolo de oro… ídolo de barro.
Por eso este elixir es negro, para apagar ese brillo que os ciega.
En un mundo donde la fama, la apariencia, la lujuria, los falsos ídolos imperan, es necesaria, ahora mucho más que nunca, el despertar de la auténtica propia esencia.”
Y mientras, el forajido perverso y cruel que había abusado de ella, huía galopando. Y lo miró con desprecio, mientras se abotonaba la camisa blanca llena de pelos y de babas. Y lo maldijo en silencio mientras se volvía a ceñir las medias y se componía las enaguas. Y con la uña del dedo índice de cada mano limpió las de la mano contraria de los restos de piel y carne recogidos bajo ellas. Y escupiendo en las palmas, se frotó la sangre coagulada antes de pasarlas por la falda arremolinada.
Allí, en medio de aquel desierto cuyo calor ya no era sofocante, no pudo mirarse en ningún espejo, aunque éste hubiera sido de agua. Pero sabía que seguía siendo hermosa. Y montó en su caballo y ató, con un lazo rosa, su cabello. Y pensó, con satisfacción inmensa, que el otro, el puntito negro que se fundía en la calima del horizonte, jamás podría volver a insultar con su mirada perversa a ninguna otra mujer. Y estaba tan segura de ello como que eran los ojos del caballo los que estaban dirigiendo el destino del repelente violador porque los otros, los propios, estaban a buen recaudo dentro del canalillo que los había tentado.