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Así es ella
Pizpireta, anacleta.
A veces profeta de una vida multidesgraciada.
Seguidora de unas normas endulzadas
que la corrompen en la tribu ensimismada,
esa horda que dice que no hay leyes,
esa que grita que no hay reyes
mientras distribuyen el derecho de pernada.
La individua revolucionada y la revolucionaria,
la apática y la estratégica,
la exigida y la restringida,
la aplaudida y la temida.
Esa señora que te mira y no te mira.
Esa ilusa que se ríe de tus gracias y con tus desgracias.
La liberadora de pasiones
y la presa de los besos presos.
La señora de la incertidumbre,
la aprovechada de la mansedumbre.
Así es ella y no se queja.
Así es ella en privado y en público.
Y así lo escribo, de ella enamorado
de su leyenda y sus miradas,
de su tacto y de su lengua intrépida,
que no se calla, que no me acalla.
Que no me quiere ni me ama,
pero que adora ser mi dueña y mi ama.
Ama, ama.

Fases
El temor de quererte.
El honor de quererte.
El calor de quererte.
El sabor de quererte.
El error de quererte.
El horror de quererte.

Al otro lado
Los labios me decían te quiero. La mirada me decía te adoro. Aquella pose, aquel garbo. Las manos quietas, saludando. Era así siempre, cada vez que me esperaba al otro lado del escaparate.

Y lo siguiente
Y lo siguiente, ¿qué sería?
¿La humillación, por no poder tenerla nunca?
¿La transgresión, para luchar por su amor?
¿El desamparo, el azote de la soledad?
¿La invasión de los miedos?
¿La inapetencia, la depresión, el abandono de sí mismo, la huida?
¿El no ser por no ser de ella?
¿El no querer ser de nadie más?
(Fotografía: © Jesús Fdez. de Zayas «Archimaldito»)
Insultante
Escapo del infierno de tus ojos para caer en las arenas movedizas de tu boca.
No es que seas una trampa, es que eres un peligro para mis sentidos, pues al final caigo voluntariamente en tus excesos, los de personalidad, los de hermosura, los de tu inquietante ternura.
Y, sin embargo, tú me sigues mirando insultante, creyendo que acaparas el mundo porque te crees su ombligo. Me desprecias y me desesperas a partes iguales, porque has asumido que te amo y que puedes ningunearme a tu antojo, pero he de decirte que aún no he asumido mi papel de esclavo reprimido. Mi ama. Ama.
Ámame tú también.

Con los sonidos
Con el sonido lejano del violín desafinado mis manos dibujan ondas en el aire.
Con el sonido cercano de tu voz apasionada mis latidos componen una melodía enamorada.
Con el sonido de la brisa en la tarde luminosa mi mente dibuja paisajes de paraísos cercanos.
Con tantos sonidos que creo escuchar, los de mis lágrimas cayendo sobre mi regazo son los únicos que me recuerdan que estoy solo en este planeta.

Cinco dedos
Tus cinco dedos abiertos que van a marcar mi rostro con tu odio. Aunque lo enmascares con algo que dices que es amor.
Y cuando el paso del tiempo borre las huellas de tu insulto, éste quedará indeleble en mi corazón.
Cierro los ojos y aguanto la embestida de mis lágrimas, para que me veas fuerte, para que creas que no me importa.
Y luego volverás, como siempre, a pedirme perdón.
Y tendré que claudicar, autoconvenciéndome de que mi amor curará las heridas, insuflándome ánimos con la esperanza de que algún día cambiarás.
Consolándome, porque creo que nunca llegarás a matarme.

Pecandoando
He querido admirarte
y no me has dejado.
He querido vivirte
y me dijiste que era pecado.
No me digas entonces que vuelva.
No me dirijas palabra,
ni cometas actos de los que pueda arrepentirme.
No me inmiscuyas en tus planes de futuro.
Sé todo para los demás,
y para mí no seas nada.
Serás más feliz.
Seré más feliz, pecando.

De Amor y Des Amor
Siempre escribiendo sobre el Amor y me olvido de que ya no amo.
Me he olvidado del desamor para escribir qué es lo que amo.
Aún con el corazón vacío del sentimiento, bombeando sangre helada, alimentando una vida rota, tan desesperadamente larga cuando es tan corta.
Necesitando volver a amar para no escribir sobre ello, para no tener tiempo de hacerlo.
Para no escribir y sí decir uno o miles te amo.
(Fotografía: Roses on my gran piano, de Am Y.)