Estoy mirando fijamente a la cara central de la Piedra del Sol, esa que llaman Calendario Azteca. Esa que me saca la lengua, como burlándose de mi ignorancia. De mi ignorancia y de la de las civilizaciones posteriores a ella. Las que no han logrado, aún, descifrarla.
Archivo de la categoría: Reflexión
¿Para?
Tercos sinsabores de los nuevos tiempos.
Espantadores de moscas invisibles.
Restituidores de las masacres infames.
Cansinos aduladores de los impresentables.
Gimiendo al unísono por falta de aire.
¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?
Saltando jerarquías de mando inasumibles.
Bordeando precipicios carentes de fondo.
Vistiendo santos ya vestidos.
Vallando una propiedad que es de todos.
Vigilando las lenguas vivaces pero sin músculo.
¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?
Batallando en una guerra sin enemigo respetable.
Horadando en los cerebros ya petrificados.
Jamaseando la verdad incógnita.
Liberando el excremento del espíritu enfermo.
Allanando las cumbres inalcanzables.
Y todo, ¿pa’ qué? ¿pa’ qué? ¿pa’ quién?
LOS TREINTA PRECEPTOS
En 1909, Harold Klett publicó en The Library Journal de Nueva York un artículo titulado “Don’t”, en el que se contenían 30 preceptos relacionados con los libros. Al año siguiente apareció en Guayaquil una traducción anónima.
1. No leer en la cama.
2. No poner notas marginales.
3. No doblar las puntas de las hojas.
4. No cortar con negligencia los libros nuevos.
5. No garabatear vuestro interesante y precioso autógrafo en las páginas del título.
6. No poner en un volumen de un peso, una encuadernación de cien pesos.
7. No mojar la punta de los dedos para dar más fácilmente vuelta a las hojas.
8. No leer comiendo.
9. No fiar los libros preciosos a malos encuadernadores.
10. No dejar caer sobre el libro las cenizas del cigarro, y aún mejor no fumar leyendo.
11. No arrancar de los libros los grabados antiguos.
12. No colocar vuestros libros sobre el borde exterior o canal, como se hace frecuentemente cuando se lee y se interrumpe momentáneamente la lectura, en vez de tomarse el trabajo de cerrar el libro después de haber puesto una señal.
13. No hacer secar hojas de plantas dentro de los libros.
14. No tener los estantes de las bibliotecas encima de los picos de gas.
15. No sostener los libros sujetándolos por las tapas.
16. No estornudar sobre las páginas.
17. No arrancar las hojas de guarda de las tapas.
18. No comprar libros sin valor.
19. No limpiar los libros con trapos sucios.
20. No tener los libros encerrados en arquillas, escritorios, cómodas, ni armarios: tienen necesidad de aire.
21. No encuadernar juntos dos libros diferentes.
22. EN NINGÚN CASO sacar las láminas y los mapas de los libros.
23. No cortar los libros con horquillas para el cabello.
24. No hacer encuadernar los libros en cuero de Rusia.
25. No emplear los libros para asegurar las sillas o mesas cojas.
26. No arrojar los libros a los gatos, ni contra los niños.
27. No romper los libros abriéndolos enteramente y por fuerza.
28. No leer los libros encuadernados muy cerca del fuego o de la chimenea, ni en la hamaca, ni embarcado.
29. No dejar que los libros tomen humedad.
30. No olvidar estos consejos.
(Fragmento extraído del capítulo X “Preceptiva y práctica bibliófilicas” , de la obra La pasión por los libros, de Francisco Mendoza Díaz-Maroto, 2002, Colección Espasa Fórum, Editorial Espasa Calpe)
Añoranza
Génesis
Mundos
Suspensión
A cada uno
El final
¿Para?
Tercos sinsabores de los nuevos tiempos
Espantadores de moscas invisibles
Restituidores de las masacres infames
Cansinos aduladores de los impresentables
Gimiendo al unísono por falta de aire
¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?
Saltando jerarquías de mando inasumibles
Bordeando precipicios carentes de fondo
Vistiendo santos ya vestidos
Vallando una propiedad que es de todos
Vigilando las lenguas vivaces pero sin músculo
¿Pa’ qué? ¿Pa’ qué?
Batallando en una guerra sin enemigo respetable
Horadando en los cerebros ya petrificados
Jamaseando la verdad incógnita
Liberando el excremento el espíritu enfermo
Allanando las cumbres inalcanzables
Y todo, ¿pa’ qué? ¿pa ‘ qué? ¿pa’ quién?







