Cuando veas a un androide llorar es que tú, humano, lo has hecho muy mal.
Farfullaba palabras ininteligibles que ni siquiera él comprendía. Creía que así era más interesante para los que nunca decían nada.

En el aire siempre se respira paz.
Son los hombres quienes la contaminan con olores nauseabundos.

Me ordenaste que no volviera a verte.
No me ordenaste que no te amara.
No me ordenaste que no te oliera, ni escuchara, ni tocara.

Cuando llegué, por fin, después de tantos años, a la playa de mi infancia, orilla de aquel mar inmenso, me tuve que echar a llorar, y no por la emoción, pues me di cuenta que la Tierra estaba perdida, y yo, con mis lágrimas.

Hoy no he sido, pues he pensado más de la cuenta.

Más me valía tener la valentía de agarrarme a tu mundo, sin pensar demasiado en sus aristas de imperfecciones.
Más me valía percatarme de la señal.

Sigo encerrado en esta celda esperando que alguien venga a explicarme qué hago aquí.
Una mano anónima me ofrece comida cada seis horas, si es que se puede considerar alimento lo que me he acostumbrado a tragar.
Pero a esa mano nunca la acompaña una voz, aunque sea hiriente u obscena.
Solo el silencio del otro lado, cuando sé que al otro lado saben por qué estoy aquí y, aún así, susurro un gracias.
Y si lo saben, que me digan antes quién soy.
He intentado verme en el reflejo de mi propia orina pero la escasa luz me lo prohíbe.
Sé que soy macho pero no recuerdo mi edad, ni el tiempo que llevo aquí.
Y deduzco que algo malo habré hecho para merecerme este tratamiento.
Otra vez escucho pasos. Y el latir acelerado de mi corazón.
Quizás esta vez escuche la palabra.

Alfeñiques vanagloriados de suma cobardía y, por ende, mentecatos insufribles.
¡Ya basta! ¡Basta ya! ¡Pues no doy abasto!

Querida mía:
Después de hablar contigo esta mañana, he sentido que el teléfono es demasiado frío para mí, pues desde el momento en que lo cuelgo hasta el siguiente día, estoy contando las horas que faltan para escuchar tu voz, deseándolo fervientemente, casi obsesivamente, porque una vez que no la vuelvo a escuchar me siento morir, contando, y martirizándome con ello, los días que faltan para estrecharte entre mis brazos.
No te puedes imaginar lo que te echo de menos. Nunca me he sentido tan mal separándome de alguien, y es que se me acaban las ganas de todo. Duermo mal, pues sé que no despertaré a tu lado. Como a desgana, porque sé que la comida no ha sido cocinada con tus manos y, como tú me dices, con todo tu Amor. No logro avanzar en mi novela porque me falta la inspiración y, con tu falta, me he dado cuenta que esa inspiración eres tú. Huyo de la soledad estando con mis amigos y hermanos, porque me siento igual de solo siendo tú lo único que llena mi vida. Y lo siento, pero no puedo controlar las lágrimas. ¡Tan mayor y llorando como un niño!
¡Te amo tanto!
Y ha hecho falta esta separación para darme cuenta que, de verdad, sin ti no soy nada.
Hasta trabajando, intento concentrarme en lo que hago para no pensar, pero al final decaigo pues tu esencia me recorre el pensamiento y, lo que es más duro en estos momentos, el corazón.
Intento, por teléfono, dar la sensación de tranquilidad y normalidad, pero lo hago para que no te agobies, pero no puedo mentirte. A ti, nunca. Eres mi compañera, mi mejor amiga, y no te puedo ocultar nada. Espero que todo lo que está pasando valga la pena para ti. Que estés disfrutando. Que seas feliz. Eso me consolará. Pero a medias.
Cuando hablo contigo por teléfono intento controlarme y me desespera que no me digas, tan acostumbrado como estaba, que me amas y que me echas de menos. Como tú decías de ti, yo también debo aplicarlo a mí: Soy un egoísta. Te quiero para mí solo, y tengo envidia de todos los que te rodean, de todos los que te disfrutan.
Y luego me llegan los momentos de tranquilidad, en que me calmo y logro no pensar en todas las semanas que aún quedan para volverte a ver.
No puedo escuchar música romántica porque me hundo. Y separo la vista de las parejas porque te recuerdo conmigo. Y sufro. Y algunas noches me consuelo mirando nuestras imágenes en vídeo o en fotografía, pero es pasajera la anestesia. ¡Es tan complicado de explicar!
No sé si tú sientes lo mismo. No sé si estás conmigo en la distancia. Solo sé que te adoro y que estoy locamente enamorado de ti.
Te pido, por lo que más quieras, que nunca más volvamos a separarnos. Que aunque las circunstancias lo pidan, hagamos lo posible para estar siempre juntos. Tú eres mi vida, y contigo se ha ido una gran parte de la misma.
Todo tuyo, en cuerpo y alma,
P.D.: Te escribo con ordenador para que puedas entender mi letra, pues hasta ella me tiembla cuando pienso en ti.
