Una lágrima inmensa

Cuando llegué, por fin, después de tantos años, a la playa de mi infancia, orilla de aquel mar inmenso, me tuve que echar a llorar, y no por la emoción, pues me di cuenta que la Tierra estaba perdida, y yo, con mis lágrimas.

 

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Roto

Un segundo, una lágrima surcándome la cara,
incontenible en su curso me desgarra el alma.
Un segundo, pensando en cuánto falta,
es siempre lo mismo y, sin embargo, me mata.
No quiero pensar en nada, ni siquiera en ti,
porque cuando lo hago, sin tenerte aquí,
soy un esperpento, un cuerpo sin alma tremendamente infeliz.

Cúrame, cuando vuelvas, con tus besos, con tus caricias;
sabes que deseo solamente una cosa y es tenerte aquí,
pues el silencio, por falta de tu voz, de tus risas,
se hace eterno, quebranto provocado sin ti.

¡Oh, mi ser, mi esencia más pura!
¡Oh, ven pronto, y no hagas mi espera más dura!
¡Que mi alma tiene un aguante, mi corazón al final se parte,
mis oídos necesitan escucharte,
y mis labios piden a gritos besarte!

Que el Universo me mande pruebas duras,
pero ninguna como ésta, porque si se repite,
no responderé de mí, y juraré en su nombre
que tendré el espíritu siempre a oscuras.

Roto

SURCOS (EN MI CORAZÓN)

Una lágrima,

un sentimiento que se desborda.

Dos lágrimas,

la tristeza que se acomoda.

Mi rostro encendido por la impotencia

de no poder calmar mi vida con la paciencia.

 

Una lágrima,

un indicio que me avisa

de que el corazón que tengo

por sobrevivir tiene prisa.

Dos lágrimas,

ni una sonrisa que me serene.

Pienso demasiado, mi mente no se detiene.

 

Una lágrima,

pues me colma el desamparo,

sin ti, mi vida, estoy abandonado.

Y las siguientes,

que vuelven a surcar mi agriado rostro,

son las que me ahogan

y mi interior transforman en un monstruo,

una triunfante abominación de la madurez,

una triunfante exaltación de la languidez.

 

Yo y mis lágrimas,

que no aceptan a mi alma en su desvalida desnudez.

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