Caliente

Le costó comprender aquella mirada furtiva. Hasta que la dueña de la misma le habló, susurrándole en la distancia, teniendo que esforzarse en leer los labios, y no le gustó lo que las palabras sugerían.

La comprensión del Universo se disipó en un instante.

Y al siguiente, la implosión de ideas, mientras notaba que la mujer se acercaba a grandes pasos. Y él, sin poder moverse y sin poder encontrar la voluntad para hacerlo.

Y cuando logró despegar los pies del suelo, era demasiado tarde. Pues el sabor de la sangre estaba en su boca, porque el…

No le importó escuchar el tictac martilleante del reloj del baño.

No le importó escuchar el latido de su corazón acelerado en la oreja aplastada sobre la almohada.

No le importó sentir que se le escapaba la vida con cada exhalación de aire caliente de fiebre.

Tosió y, al mismo tiempo, la sonrió.

-¿Sabes? Por un momento no has estado aquí, tumbada a mi lado, aguantando el silbido de mis mocos. Y me has asustado.

Ella no comprendió su mirada furtiva pero, aún así, besó su frente hirviente.

 

Caliente

Sandeces

Voy a creer, a partir de ahora, todo lo que me dices.

Como cuando me cuentas que has visto a la gente sonreír sin miedo al qué dirán.

Como cuando crees haber visto a un par de parejas besándose en plena calle, sin pudor alguno.

Como cuando te atreves a sugerirme que seríamos más felices si pasáramos más tiempo juntos.

Y al escucharte decir todas esas sandeces me preguntaré cuántas más te atreverás a contarme para llamar mi atención, y para mantenerla viva.

 

Sandeces

La Siembra

Más que tristeza, arrepentimiento por estar viviendo en un mundo extraño. Con el goteo impredecible de la discordia.

Sembrando corpúsculos de rencor y esperando, pacientemente, a que surjan los engendros del odio, a los que hay que alimentar a base de engaños, a los que hay que dejar madurar en un sinsentido, en una irracionalidad profunda. Tan profunda como la Verdad ocultada. Tan trascendental como las mentiras reveladas.

 

LaSiembra