

En una ocasión, cuando creí dormir, estaba muriendo.
En otra ocasión, cuando creí correr, estaba huyendo.
En una tercera, cuando creí llorar, estaba sabiendo.
En todas, cuando deduje que era yo quien erraba, decidí meditar, parar mi tiempo, para preguntar a la vida si podía quedarme, si podía luchar por ser eterno.
Y obtuve, por respuesta, solo silencio, silencio solo.
Pues era yo, en esa soledad, quien estaba quieto. Sin soñar, sin correr, sin saber.
Solo yo, en el vacío de mi plenitud.
Solo yo, en el hartazgo de mi esencia.
Con una única conciencia.
Inconsciente de mi dicha. Inconsciente de mi lucha. Inconsciente de la verdad, que se asemeja al infinito. Que se acerca al pasado, presente y futuro, armonizados en el grito intenso, concentrado en una ilusión: Ser vacío, ser forma, ser todo, ser nada.
No ser, para ser. Ser, para no ser.

Sin negar la existencia de seres de otros mundos, cabe la posibilidad de que los llamados platillos volantes sean vehículos de transporte temporal de humanos, es decir, si el desarrollo tecnológico sigue aumentando al ritmo actual, puede que en el futuro la especie humana esté increíblemente avanzada en este aspecto y que esos avances científicos insospechados puedan permitir al ser humano lograr uno de sus sueños más codiciados: Viajar en el tiempo.
¿Quién puede asegurar que no se logre realizar esta hazaña en el futuro?
Ellos, los extraterrestres, puede que lo hayan logrado y los humanos del futuro lo lograrán.
Los OVNIS no aparecen continuamente en nuestros cielos. ¿Quién sabe de dónde vienen exactamente?
No vienen de ningún lugar, vienen de un tiempo. Eligen los humanos del futuro el momento adecuado para visitarnos porque sus experimentos puede que así lo exijan: Ellos están interesados en nosotros.
Ojalá esta hipótesis fuera una tesis, porque se aseguraría la subsistencia de la especie humana en un futuro que, desde nuestros días, se ve como incierto, ya sea debido al miedo a la posible catástrofe nuclear, ya sea debido al miedo a la superpoblación.
(Razonamientos escritos en el año 1987, en plena efervescencia paranoico-conspiranoica.)
Agita, agita tus alas y vuela alto,
más allá de las nubes, hacia el infinito.
Sube al cielo, arriba, más arriba,
y cuando veas que el azul se vuelve negro,
cuando te falte el oxígeno,
verás que aún hay más espacio que recorrer,
y más allá, los planetas, las estrellas,
que te hablarán del amor que por ti siento,
y que envidian ellas,
y seguirás, y seguirás, y seguirás, y seguirás
Nada en el mar y sumérgete hasta los abismos más profundos,
donde la luz tampoco llegue,
y allí los peces abisales te dirán que han oído
que hasta allí llega el amor que por ti siento.
No hay lugar ni tiempo para mi sentimiento,
no hay lugar ni tiempo para lo más grande,
y en lo más pequeño, mi corazón, una partícula,
un trozo de hombre en amor en la vastedad del Universo.
Estaba a punto de alcanzar lo que siempre soñó, sabiendo que iba a tener que sufrir. Iba a abandonar todas sus ideas y entrar en un mundo que odiaba. Y lo peor de todo: Sabía que el mundo entero iba a despreciarle por ello. Aun así, dio el último paso: sería el último rey, el último vestigio de poder en la Tierra. Cuando a la Tierra le faltaba poco tiempo. Demasiado poco tiempo.