Miró alrededor y no había nada. Escuchó, y solo silencio. Escribió una letra en un papel, y un mundo nuevo apareció en su mente.

Miró alrededor y no había nada. Escuchó, y solo silencio. Escribió una letra en un papel, y un mundo nuevo apareció en su mente.

¿Por qué no apareciste en mi vida antes?
Hubiera sido feliz antes, mucho antes.
Ya no me interesa lo que me daba mi alma dormida,
esa vida que sin conocerte estaba aturdida.
Que el jardín que tengo ahora era un desierto.
Que el mar que tengo ahora era un cenagal.
Que las estrellas, la Luna, el Sol, la Bóveda entera,
estaban vedados a mis ojos.
Que todas las sensaciones que el Amor ahora me revela,
antes eran fantasmas, alucinaciones de otros locos.
Que hasta podría haber deseado la muerte
por no tener con quién compartir la vida.
Antes estaba a oscuras, y con tu llegar, la Luz.
No una luz cegadora, sino tenue y plácida.
¿Por qué no apareciste antes?
¿Por qué no fui yo tuyo antes?

La estampida de los animales tiró abajo su casucha. Su primer disparo los aterrorizó. Muchos kilómetros al norte.


El chico con peinado de mohicano se dirigió a mí con su cresta enervada y los ojos inyectados en sangre.
-¿Me das un euro?
Ante esa mirada inquisitiva lo único que sentí fue asco y odio.
-Por supuesto que si te digo que no, me pedirás todo el dinero que llevo encima, ¿verdad? Y sacarás un arma, ¿no?
-No llevo arma alguna, lo único que llevo es el poder de obtener lo que quiero y tú no vas a ser una excepción.
La convicción de sus palabras y su semblante tranquilo me asustaron más que cualquier otra amenaza.
No sé por qué, pero le di el euro. Tenía la seguridad de que ese poder del que hablaba me haría más daño que una simple arma. Estaba seguro de que sus bolsillos estaban llenos.