Infieles

Había escuchado rumores sobre los planes exploratorios de los infieles. No daba demasiado crédito a esos afanes. Sabía del retraso en las artes navegadoras y en los incentivos que los grandes de la zona cristiana imbuían en sus súbditos para animarlos a que descubrieran nuevas tierras para ellos: La ambición material. Todos serían ricos, y se alimentaría esa riqueza mutua arrancando tesoros a los salvajes de esas tierras. Sin embargo, él y los que, como él, adoraban el nombre de Alá, buscaban otro tipo de riquezas bien distintas: Las que el raciocinio surtía con el tratamiento del conocimiento, en la vorágine de la sabiduría.

 

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Casi todo

 Tanzer era un hombre solitario, de pocas palabras, de pocas acciones, que se dejaba arrastrar por la corriente de sus prójimos.

   Había decidido  quitarse de en medio.

   Fue a la cocina a por un cuchillo. Pensó que cortarse las venas, de forma bestial, sería lo mejor. Sentiría su propia brutalidad y, en los primeros momentos de su muerte, saborearía, por primera vez, momentos de vida, la que se le iría escapando.

   Cuando se disponía a darse un tajo en la muñeca izquierda, llamaron a la Casi todopuerta. Y la abrió. Y ella estaba allí.

   Cuan ridículo se sentía atendiendo a la desconocida con una hoja de acero de veinte centímetros en la mano.

  Yanil se mostró sorprendida por los ojos vidriosos de su interlocutor. Pensaba que se había equivocado de dirección. Y así era. Providencial fue su llegada, providencial fue su aparición ante la muerte.

   -¿En qué puedo ayudarle?- dijo Tanzer, con una lágrima surcando su pálida fisonomía.

   -¿Es usted el señor Ivan Ze?

   La invitó a pasar a su acogedora casa. Y cambió el cuchillo por un recogeterrones cuando puso el azúcar en sus cafés. Intercambiaron impresiones vitales como si se conocieran de siempre. Y olvidó lo que minutos antes había rondado por su martirizada mente.

   -Amor mío- le dijo ella a él-. Esto es un milagro. ¿Por qué he tardado tanto en encontrarte?

   -Amor mío- le dijo él a ella-. ¿Por qué he tardado tanto en buscarte?

 

Superhombre

 

  -¡¡¡Ante usted, ingenuo buscador de lo inencontrable, la razón de mi existencia… la razón de nuestras existencias, átomos en el mar de las galaxias que vagamos sin referencias de lo Absoluto!!! ¡¡¡Ante usted, lo que fue, lo que ha sido, lo que es y seguirá siendo!!! ¡¡¡Sin más palabras, ni conceptos ni fatuos propósitos!!! ¡¡¡Le presento a… El Superhombre!!!

Ante los ojos, la magia, porque así definía el entramado fantástico que le rodeaba a diestro y siniestro, y para el que no conocía explicación. Aparatos formidables, efectos ópticos incoherentes, infinitos halos vibratorios, y más, mucho más de lo  inexplicable,enigmático, inconsecuente con la razón.

 

Superhombre

Pulmón

Me costaba respirar.

Me costaba asumir la inhalación del aire enfermo.

Me costaba asumir que ésta sería la última vez que tendría la oportunidad de terminar mi obra.

Demasiados muertos en el mundo.

Demasiados intereses ocultos para que siguiera habiendo demasiados muertos en el mundo.

Pero la advertencia íntima llegaba y mi intuición trabajaría para lograr el objetivo.

No habría solución más extrema que la aniquilación de los que ostentaban el poder.

No cejaría en el empeño de verlos a todos muertos: La Élite terminaría fagocitándose a sí misma.

Y respiraría el mundo. El mío. El de todos. Y los Derechos serían Hechos.

Porque todos serían iguales. Menos yo.

Porque cargaría sobre mi conciencia la exterminación de la ralea inverosímil.

Y pensando, en un nanosegundo, en todo ello, me costaba respirar.

 

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Incautos

La nave de exploración dejó paso a la cohorte de unidades de asalto.

Los habitantes, que habían confiado en los pioneros, se sintieron aterrorizados por la presencia avasalladora de los militares espaciales.

-¡Os mentimos, estúpidos! ¡Somos humanos!

 

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