No podía contener su hermosura.
Cuando lo intentaba,
se la veía aún más hermosa.
A menudo pensaba en ella como la única que podría permitirme salir del laberinto en el que me había metido, casi voluntariamente, sin haber pensado las consecuencias.
Si no creyera que la paz que transmitía su mirada se estampaba con mi rabia interna por no haber escogido bien mi vocación, no me permitiría cortar su paso camino al mercado para decirle:
-¡Mariquilla! ¡Reza el Padrenuestro!
Sintiendo cómo mis tímpanos se fundían, como la cera, con la emoción, al escuchar de sus labios carnosos, y seguro que tersos y suaves:
-¡Señor cura!: ¿Todos los días va a ser esto?
(Dedicado a mi madre, Carmen de Zayas Fernández, a la que siempre escuché el diálogo simulado, cuando sus hijos colmábamos su paciencia)
Aranjuez (Mon Amour)
Primer día de Primavera
Del año 2013
Querida mía:
¡Qué vergüenza atreverme a empezar así una carta! ¡O qué desvergüenza! Sobre todo sin tener claro aún, desde nuestro encuentro, si soy yo también querido tuyo.
Perdóname pues si consideras que voy demasiado rápido. Pero, con el corazón en la mano, y en la tinta que dibuja estas palabras, te diré que no me arrepiento de haber comenzado así esta carta porque, de veras, que eres por mí muy querida.
No me hacen falta más citas contigo para tener claros mis sentimientos. Y es porque te amo por lo que me atrevo a pedirte de nuevo que nos veamos. Para que tú también puedas darte una oportunidad de conocerme más profundamente.
La primera fue una cita casi a ciegas, pero en las escasas horas en las que disfruté de tu compañía, de tu conversación, de tu visión, esta última hizo que mi entendimiento me quitara el velo que no me dejaba ver cuán bella es la vida si hay personas como tú con quien compartirla.
Porque te diré ahora, en este papel, y podré decirte más tarde, si me lo permites, de viva voz, que hasta que te conocí, tenía perdidas las esperanzas en tener una vida feliz, una vida plena, ya que mi trabajo me absorbía casi todo de ella. Y la obsesión de conseguir el éxito profesional no me dejaba ver otros aspectos de la única vida que tenemos.
Puede que me digas que es importante tener ambiciones y, hasta cierto punto, yo apoyaría esa opinión. Pero, ¿qué es una vida llena de éxitos si no tienes a nadie con quien compartirla?
Tengo casi todo en esta vida, pero me falta algo. Tengo, lo reconozco, muchos amigos, más bien muchos conocidos, y el amor y apoyo de mi familia sé que nunca me faltarán, pero íntimamente estoy solo, con secretos y vivencias que siguen siendo sólo mías, con pensamientos que nacen y mueren en mí, y no quiero que continúe esto así por más tiempo.
Soy un hombre maduro que creía saber lo que quería, que tenía muy planificado su futuro. Pero, desde que te he conocido, no estoy tan seguro de ello.
¿Podría, entonces, verte otra vez? ¿Dejar de ser yo para ser tú y yo?
Dame la oportunidad de hacerte feliz para ser feliz.
Muy tuyo, muy sinceramente,
Adalberto Cifuentes
(Carta presentada al XIX Certamen Literario de Cartas de Amor Villa de Mijas 2014)
Juana tenía un arma de doble filo con la que doblegar a sus pretendientes masculinos: Su escritura compulsiva y su lectura fagocitadora.
Con la primera seleccionaba, al instante, al candidato a formar parte de su vida, cribando, con su vehemencia, la larga lista de hombres que intentaban embaucarla con sus logros profesionales y económicos.
Nada más citarse con su macho, que elegía película y restaurante, le extendía, a modo de presentación, su cuaderno de relatos. Si aquel ponía caras extrañas o cualquier reparo para ni siquiera abrirlo, se despedía con un beso en la mejilla y lo dejaba, nunca mejor dicho, con la palabra en la boca. Si, por el contrario, se veía entusiasmado y encantado de tener el privilegio de leerla, pasaba la noche con él y prometía más citas.
Con la segunda, ponía a prueba el amor, pues en cuanto se fraguaba la convivencia, se espaciaban las salidas, se ralentizaban los divertimentos y, en las horas domiciliarias en común, se intercambiaban los supuestos roles tradicionales y machistas, haciéndose él cargo de la casa, y ella, odiadora sempiterna del televisor, se atragantaba con las miles de palabras que poblaban su amada biblioteca, humilde paraíso donde, sentada, pasaba hora tras hora hasta el encuentro físico necesario para mantener la relación.
Por eso, Juana seguía con la cabeza bien compuesta pero sin un novio que la aguantara como para llevarla al altar.
Pero Juana se contentaba ella misma, autoconvenciéndose cuando le preguntaban por su soltería, con que tenía cientos de amores, tantos como ejemplares de papel, que la esperaban, extasiados, en sus estanterías, rebosantes de historias con las que le harían eternamente el amor.
(Relato presentado al I Concurso de Micro Relatos del Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda «Las mujeres leen mucho»)
Agachada. Otra vez. Recogiendo los papeles del suelo tirados, a posta, por el incompetente de su jefe.
Sabiendo que por encima de aquél había otros jefes que sí la tomaban en serio.
Muy poco le faltaba a aquel estúpido de reír sus propias ocurrencias sobre el físico de su secretaria, porque su secretaria, ella, tenía ideas propias, coherentes y originales, sobre cómo llevar una empresa.
Y se levantó. Entregando ordenados los informes desparramados. Con humildad. Con generosidad, con valentía.
Sonriendo.
¿Por qué tengo que celebrar el Día Internacional de la Mujer instaurado por la Organización de las Naciones Unidas?
¿Por qué, cuando esta organización atenta continuamente contra otros derechos del ser humano y no soluciona, después de tantos años de su existencia, los problemas de la humanidad tales como el hambre, la falta de justicia y de libertad en muchos de los países que la conforman?
Días Internacionales que maquillan las faltas de compromisos reales con los problemas más graves de este planeta y de esta especie.
El solo hecho de destacar que se celebra el Día de la Mujer es muestra de que existen diferencias entre hombres y mujeres en los países de gobiernos y sociedades patriarcales y machistas.
La hipocresía continua que muestra una cara frente al público sumiso y conformista, y tiene otra frente al mundo de los derechos humanos, laborales y educativos.
Mientras que se aprueban Resoluciones para invadir países o atacar militarmente otros, se inventan los Días Mundiales de un Mundo que no se esfuerzan porque exista en realidad.
La ONU no es una organización democrática, ni igualitaria ni humana, ni por supuesto sus países integrantes están ni unidos ni integrados. Sólo persigue defender los intereses de las Élites que la crearon, salvaguardando sus privilegios y arrimándose siempre a “los soles que más calientan”.
El Día Internacional/ Mundial de la Mujer es en sí mismo una burla para el género femenino, tanto como que se celebre el Día Internacional del Hombre para “resaltar el rol positivo y las contribuciones de los varones”. Sólo con dar por hecho que existen diferencias, se da por hecho que no van a poner remedio para que éstas desaparezcan.