En el aire siempre se respira paz.
Son los hombres quienes la contaminan con olores nauseabundos.

En el aire siempre se respira paz.
Son los hombres quienes la contaminan con olores nauseabundos.

Pásame la receta de tu amor,
que con su sabrosura estoy entusiasmado.
Explícame tus trucos,
que con tus salsas quiero hacer un mano a mano.
Déjame que pruebe cómo me cocinas.
Pídeme poner al fuego
un minuto de mi tiempo.
Enciende mi horno.
Y prueba, con tu cucharita,
si estoy en mi punto…
… para comerte.


Me gustas por bella,
me gustas por suave,
me gustas por buena,
me gustas por madre.
Me gustas en cien y mil formas,
me gustas y nunca de ti tengo bastante,
me gustas porque me asombras,
y siempre de ti tengo hambre.

Me ordenaste que no volviera a verte.
No me ordenaste que no te amara.
No me ordenaste que no te oliera, ni escuchara, ni tocara.


Cuando llegué, por fin, después de tantos años, a la playa de mi infancia, orilla de aquel mar inmenso, me tuve que echar a llorar, y no por la emoción, pues me di cuenta que la Tierra estaba perdida, y yo, con mis lágrimas.

Hoy no he sido, pues he pensado más de la cuenta.

Más me valía tener la valentía de agarrarme a tu mundo, sin pensar demasiado en sus aristas de imperfecciones.
Más me valía percatarme de la señal.

“La única vez que soñé contigo fue hace unos años. Estaba en el salón de actos del instituto en el que estudié secundaria, y no sé el motivo, pero me subía al escenario, y comenzaba a cantar “HEROES”. Recuerdo a mi padre, como hace siempre, grabándome desde un lateral del escenario, y te recuerdo a ti, entre la multitud que me escuchaba, en primera fila. Levantaste los dos pulgares hacia arriba, y vi tu rostro diciéndome “Lo estás haciendo bien”. Cuando me desperté, se lo conté a mis padres, y me dijeron que algún día, ese sueño se haría realidad.
Me has cambiado la vida. Gracias por todo lo que has hecho por mí.
RIP David Bowie.”
-Rev Silver-
A las 8:00 de la mañana de hoy, día 11 de enero de 2016, de camino al trabajo, detuve mi automóvil y llamé a casa para despertar a mi hija y así “se pusiera las pilas” en su preparación de vuelta al colegio tras las vacaciones navideñas. Pero la voz que escuché al otro lado de la línea telefónica no fue la de ella, sino la de mi hijo que, muy compungido, me preguntaba si ya me había enterado de la noticia. Ante mi respuesta negativa, pues a esas horas aún no me había conectado al mundo, me dio la malanueva de la muerte de David Bowie. Creí no haber entendido bien y tuvo que repetirme el nombre dos veces. Le dije que se calmara y me despedí de él, buscando la noticia en internet con mi teléfono inteligente.
No era un falso rumor. Era cierto. Y durante unos minutos me invadió la tristeza más amarga.
El día 9 de enero fue el cumpleaños de mi hijo y el día 8 estuve comprándole el regalo que tanta ilusión le haría: El nuevo álbum de Bowie, “Blackstar”. Y no solo eso, me atreví a grabar una felicitación en vídeo para el Maestro, pues el día 8, un día antes del de mi hijo, era el cumpleaños de Ziggy Stardust, sabiendo que, lo más seguro, nunca la recibiría. Pero yo dejaba constancia de mi admiración por su obra y por su persona.
8, 9 y 10 de enero del 2016. Tres fechas que quedarán marcadas en mi historia.
Como el día en que compré mi disco favorito del Duque Blanco, “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, día que entró su música de manera plena en la vida de mi hijo, que se empapó del disco y se convirtió en su “fan número uno”.
Después vendría todo lo demás, cuando lo demás está impregnado de la genialidad artística de mi hijo… Rev Silver.