Hoy he trasteado en mi cerebro y sólo encontré eso, trastos, cacharros inservibles,
que voy a reciclar para continuar mi obra maestra:
Mi vida.
En un evento de Sephora en la red social Tuenti se hizo, durante, aproximadamente, una semana, la siguiente pregunta: «¿Qué crees que está tramando Lady Gaga en este vídeo?»
Yo no tengo cuenta en esta red social, pero un amigo, que sí la tiene, me invitó a escribir mi impresión respondiendo a la pregunta de Sephora.
“En vuestras mentes dejo el elixir de lo absoluto, del conocimiento perfecto, el único que es válido, el propio, el de uno mismo.
Con él despertaréis a vuestra auténtica esencia, lejos de lo efímero que se nos impone desde la sociedad en la que nos hallamos inmersos.
No idolatréis en vano, no caigáis en las redes de las percepciones superficiales ni tratéis a vuestros prójimos como instrumentos de vuestros intereses más primarios.
Sois mucho más que simples cuerpos, sois mucho más que simples mentes amordazadas por los que se creen en posesión de la verdad.
Sois tan libres que no os lo podéis creer, pero así es. Sois todos parte de lo mismo.
Pensad por vosotros mismos. Ni siquiera hagáis caso a lo que os estoy diciendo.
¡Sed para ser!
Y os aseguro que llegara el instante en que comprenderéis la verdad.
Quizás me veis como lo que no soy: Un simple ídolo de oro… ídolo de barro.
Por eso este elixir es negro, para apagar ese brillo que os ciega.
En un mundo donde la fama, la apariencia, la lujuria, los falsos ídolos imperan, es necesaria, ahora mucho más que nunca, el despertar de la auténtica propia esencia.”
«Lady Gaga»
Y mientras, el forajido perverso y cruel que había abusado de ella, huía galopando. Y lo miró con desprecio, mientras se abotonaba la camisa blanca llena de pelos y de babas. Y lo maldijo en silencio mientras se volvía a ceñir las medias y se componía las enaguas. Y con la uña del dedo índice de cada mano limpió las de la mano contraria de los restos de piel y carne recogidos bajo ellas. Y escupiendo en las palmas, se frotó la sangre coagulada antes de pasarlas por la falda arremolinada.
Allí, en medio de aquel desierto cuyo calor ya no era sofocante, no pudo mirarse en ningún espejo, aunque éste hubiera sido de agua. Pero sabía que seguía siendo hermosa. Y montó en su caballo y ató, con un lazo rosa, su cabello. Y pensó, con satisfacción inmensa, que el otro, el puntito negro que se fundía en la calima del horizonte, jamás podría volver a insultar con su mirada perversa a ninguna otra mujer. Y estaba tan segura de ello como que eran los ojos del caballo los que estaban dirigiendo el destino del repelente violador porque los otros, los propios, estaban a buen recaudo dentro del canalillo que los había tentado.
Ya sé que estás esperando el momento de mi rendición, ahí sentada, frente a mí, dejando que te aplasten los que me visitan, los que dicen que me quieren. Y cuando se van, sonríes, convencida de que mienten y de que todos desean que sea tuyo. Pero te digo que ahí seguirás esperando. Porque no me rendiré. Ni por el dolor ni por la cobardía de afrontar otro día en este estado tan lamentable. Sigue riendo, que no me impresionan tus retumbantes falsedades. Cuando tenga que acompañarte, lo haré, pero será involuntariamente. Y no será en este hospital. Ni con este cuerpo.