Dan Millson

En 2020 la Pandemia estaba haciendo estragos en la Cultura viva en España. Se clausuraban salas, se cancelaban conciertos y los artistas tenían que adaptarse, a marchas forzadas, a los nuevos tiempos para sobrevivir.
Yo sufría por la situación y apoyaba, con actos presenciales y online, a las salas de conciertos en Madrid.
Estas no tenían casi ingresos porque la gente no acudía a ellas, aun sabiendo que se cumplían las estrictas normas de seguridad sanitaria.
El cantautor Curro Rumbao me pidió, en octubre de 2020, apoyo para el Open Mic que coordinaba en el Teatro de las Aguas. Dándole vueltas a la cabeza, me di cuenta que la difusión en las redes sociales no era suficiente y pensé en Dan Millson.
Dan Millson es un reputado cantautor  inglés afincado en Madrid y su valía como artista es, y era desde hacía tiempo, sobradamente conocida.
Su maestría en el lenguaje musical, su carisma como artista y su amabilidad y educación como persona, me habían acercado a él desde hacía años antes. Él era coordinador de algunas de las mejores salas y micrófonos abiertos de Madrid y su figura era reconocida públicamente. Pero es un líder, aunque no es inalcanzable.
Le iba a proponer que acudiera en apoyo del Micrófono Abierto del Teatro de las Aguas y se lo conté a Curro Rumbao, que no podía creer que Millson estuviera dispuesto a hacerlo.
Pero Dan no es de los que habla por hablar sino de los que actúan y dan ejemplo.
Y accedió. ¡Vaya si accedió!
No todas las personas son egoístas y se miran su propio ombligo sin importarle los demás. No todos los artistas son mitos inaccesibles. Algunos son líderes innatos, que con sus acciones ejemplares, nos enseñan, a los demás, a tocar el suelo y vivir y sobrevivir en la realidad.
Seguro que Dan Millson se convertirá,  como ya lo está haciendo, en una estrella, pero aquel acto de humildad me hará recordar siempre que, efectivamente, es una de las tantas estrellas que irradian luz y buenas energías entre sus semejantes.

Fotografía por Archimaldito

Síndrome de abstinencia

Es algo increíble y no sé cómo explicarlo.
Seguro que los que se acercan a mi situación, o están en ella, lo comprenden, pero para mí es algo que va a más.
No bebo alcohol, no fumo ni he fumado nunca, y tampoco he probado ninguna droga en mi vida.
Según la Wikipedia, que es mi enciclopedia Larousse del siglo 21, el síndrome de abstinencia es la unión de reacciones físicas o corporales que ocurren cuando una persona deja de consumir sustancias a las que es adicta.
Como he escrito al principio, no puedo ser adicto a sustancias que nunca he consumido, pero en mí existe un síndrome de abstinencia que se manifiesta en reacciones psicológicas como la apatía, la depresión y la sensación de mecanicidad en la consecución de mis actos diarios. No es que me encuentre en esa situación todo el día ni todos los días, pero me asaltan los síntomas cuando menos me lo espero.
Y es que me entra el «mono» cada vez más a menudo cuando pasan los días sin poder actuar.
La cura es rápida y contundente: Me subo a un escenario y me siento feliz, animado, vibrante. Mi cerebro se activa en una nueva dimensión, mis piernas y brazos se desentumecen, mis células se regeneran, mi piel se vuelve tersa y suave y la comisura de mis labios se tensan para dibujar una sonrisa de satisfacción extrema.
Soy feliz con mi pareja, con mi familia y amigos y con mi trabajo, y conmigo mismo, pero, de vez en cuando, tengo este «síndrome de abstinencia».

Detrás de mí, uno de los mejores músicos que conozco: Alberto Palacios Anaut.

Formidable

¡Formidable, fooormidable!

Tú eras formidable, yo era un miserable.

Fuimos formidables.

¡Formidable!

Tú eras formidable, yo era un miserable.

Fuimos formidables.

¡Oh, bebé!

Yo te encontré

y te vacilé.

No quise molestar,

solo quise ligar

y la cagué ¡joder!

Pero lo voy a arreglar.

¡Eh, verdad!

Me lo voy a currar.

Sé que te insulté.

Pero soy cortés.

Me arrodillaré.

Un pobre diablo como yo,

no quiero ser un rufián.

Me arrepentiré.

¡Vete!

¡Formidable, fooormidable!

Tú eras formidable, yo era un miserable.

Fuimos formidables.

¡Formidable!

Tú eras formidable, yo era un miserable.

Fuimos formidables.

¡Oh! Mi amor lo guardé

en mi corazón.

De tu boda pasé

y no te quise ver.

Pero el karma hablará,

y él te dejará.

Y esta vez de verdad.

¿Le hablaste de mí?

¿De cómo te enamoré?

Le dijiste que perdí,

que no lo arreglé.

Y es así, sí o sí.

¡Vuelve ya de una vez!

Él es otra historia más.

Y tu sonrisa de burla veré.

Así es.

¡Formidable, fooormidable!

Tú eras formidable, yo era un miserable.

Fuimos formidables.

¡Formidable!

Tú eras formidable, yo era un miserable.

Fuimos formidables.

¡Eh! Perdí.

¡Oh, perdón! Perdió.

Lo vi venir.

Siempre quieres tener la razón.

Tú eres toda emoción.

Yo soy solo pasión.

Soy un ratón, Mamá.

Y ella una gata con rabia

que nunca se sacia,

que se aprovecha de todos,

que cree saber todo

y que no sabe nada de nada.

Y de eso no me extraño.

¡Banda de macacos!

Ella me volverá a besar.

Ella es…

¡Formidable, fooormidable!

Tú eras formidable, yo era un miserable.

Fuimos formidables.

¡Formidable!

Tú eras formidable, yo era un miserable.

Fuimos formidables.

Letra Versión en Español de canción Formidable, de Stromae,

por Jesús Fernández de Zayas «Archimaldito«

Imagen de Nicolas DEBRAY en Pixabay

Arte Dramático

En mi juventud quise estudiar Arte Dramático pero mi padre prefirió pagarme estudios universitarios en dos carreras que nunca terminé. 
Mi amor por la interpretación y la música me han llevado, más de treinta años después, a hacer convivir esta vocación con la de escritor literario, en mis apariciones en más de treinta salas de Madrid, realizando uno o dos números musicales acompañados por mi teatralidad cómica, por mi vestuario fuera de normas estéticas, y por mi voz y bailes inesperados, reinterpretando, a mi manera, algunos clásicos de la música moderna, o leyendo poesías o microrrelatos propios en algunos epicentros de la literatura en Madrid.
Aparezco en ellos cuando menos se espera y nadie sabe nunca qué voy a hacer encima del escenario.

Yo, como artista underground, siendo más preartista y postartista que actor, o cantante, o escritor, o rapsoda o performer conocido en el maistream, tengo mis inquietudes y saben los que me han visto, y sufrido, actuando, que publico una pequeñísima parte de todo lo que hago, para no saturar al personal (debido a esa enfermedad que tengo llamada hipercreatividad, de la que no quiero curarme nunca).
Mi profesión no me permite dedicar todo el tiempo que quiero a mi vocación artística, pero no desisto en  vivirla con muchas emociones, por si acaso salta la liebre y me descubre un productor de Hollywood o de Málaga.
Soy Archimaldito.

Modarchimaldita

Obsesiones de un pesado

El 31 de julio de 2024 descubrí a Tiny Tim.
Desde entonces, estoy obsesionado con esta figura musical y performativa, al nivel que siempre me obsesionaron Michael Jackson, Marlon Brando, Prince, Adolf Hitler, Andy Kaufman o Stromae.
Mi esposa sabe de mis obsesiones y tiene que sufrirlas.
Soy la pesadez humanizada en esa faceta de mi personalidad y eso, a veces, harta a los demás.
Debido a ello, en las relaciones sociales, suelo ser un individuo callado, tímido e introvertido.
Nada que ver con mi alter ego, Archimaldito.

Foto de Getty Images

Caxo

Trompetas, que lo petas
y no respetas.
Violines, jolines,
y no opines.
Y el saxo, sin retraso,
no hagas caxo.
Mas la guitarra, esa cimitarra,
no seas bandarra.
Escucha, no más,
la música celestial
que anuncia, sin más,
el jamás.


Fotografía de Archimaldito

Rave

Imagen de Eszter en Pixabay


Kilos, kilómetros, kolokómetros, la ruta del desastre, a la que todos se apuntan sin pensar en la consecuencias, que suelen ser irreversibles e irremediables. Tanto kolomolo que te como lo que quieras porque quedan pocos días de vida y estos pasan muy rápido, ultrarrápido, que me echo a la nariz todo lo que pille, al gaznate todo lo que no atragante y a las venas todo lo que no sea rastreable. Pumba pumba chaka chaka, que no me des la chapa, que si no puedes seguir mi ritmo quédate panza arriba bajo el sol viéndolas venir, que yo sigo noche tras noche, que paqué dormir si cuando duermo me lo pierdo todo. Que qué música, que qué pibón, que qué buenos colegas que me pasan el costo, que para la meta mejor con tíos y tías no conocidos, que todos nos conocemos y se nos va la lengua. Que vomites te digo pameterte más, que nunca es suficiente y cuando el travelo se dé cuenta que se ha dejado manosear por una escoria como tú me va a venir a dar el cante y amenazarme con contárselo a mi niña de fijo.
Que me da igual quedarme sordo que lo que mola es la vibración de los pulmones y el estómago, que lo de la pilila que no se te levante ya habrá remedio cuando te pase el mono.
Y no pienses en volverte para casa y que te pillen los maderos y a lo que les digas con las pupilas dilatadas no se van a creer lo que les cuentes y encima se van a querer quedar, decomisar dicen ellos, con todo el material pa colocarse en sus ratos libres que son muchos.
Suda sudadera que me la suda que pases de mí para darles picos a todos los machos del lugar que para eso tengo resistencia para tres o cuatro días más sin dormir, que para eso no curro y me despabilo pronto con un rezbul pa seguir pribando. 
Que me queman los ojos pero lo importante es no cerrarlos para ver luces innecesarias, que hoy estoy aquí contigo que mañana no sé dónde estaré, a lo peor en gayumbos y con un tatuaje de más o sin cartera y sin manera de volver a casa a no ser que sea andando o tirando de dedo, que fijo que no me coge nadie.
Venga, pásame el chunda chunda chunga jajajá que me parto el esternón.
Que no sé pa qué me estás gritando si con esta música tan disparada no me entero.
¡Sigue bailando o saltando o arrastrándote por el suelo que da igual que todos son colegas y hacen lo mismo esmirriao!

Belleza

El violín rasgaba el aire con su melancólica tonada.
El piano repiqueteaba, con cada nota grave,  en mi intelecto.
Pero fue la voz de ella la que me recorrió el espinazo con una corriente eléctrica imparable que estalló en chispas invisibles en el frontal de mi cerebro.
Y lloré de alegría, de felicidad inmensa, ante el descubrimiento de la belleza.
Aquella belleza que no podía ver con mis ojos, pero que podía sentir con el corazón.

Nota: Quiero dedicar este texto a todas mis amigas cantantes, que me llenan de felicidad cuando manifiestan, a través de su voz, su Arte y su talento inmenso.

Queralt Lahoz

Ayer, día 18 de febrero, acudí al penúltimo concierto final de Gira Pureza de Queralt Lahoz en Madrid (el último será el próximo día 25 de febrero en Barcelona).
Queralt es una cantante y compositora realmente espectacular. Pero ante todo es una Artista Total. Desde el flamenco a la salsa, pasando por el rap, el reguetón o los boleros, Queralt se mueve en todos los géneros musicales con suprema maestría. Acompañada por una banda de musicazos y con colaboraciones especiales de otros grandes artistas, debo confesar que me hizo sentir sensaciones que iban del lloro a la risa, desde el escalofrío de placer al movimiento continuo de todo mi cuerpo, en un vaivén continuo de sorpresas sensitivas provocadas por su maestría en el escenario y el virtuosismo vocal impactante.
Creo que todos los artistas queremos que nuestro público sea feliz con lo que hacemos y anoche, Queralt me transportó al Paraíso de la Felicidad. Nunca olvidaré lo que presencié y quiero que esta artistaza sea conocida mundialmente para gozo de todos. Ella se merece lo mejor.
Gracias, Queralt, por tanto Arte.

Los mediocres

La mayoría de los artistas musicales, cantantes o instrumentistas, no son nada originales. Puedes escuchar, durante horas, listas de reproducción en Spotify o Tidal, o las recomendaciones de la radio, y solo unos pocos te llaman la atención.
Voces monótonas, instrumentaciones planas, deformaciones digitales de las voces, letras insulsas.
Miles y miles de músicos pasarán por la historia musical siendo nadie.
A veces creo que hay otros que tienen reconocimiento de las masas que no se merecen pero que triunfan por el lavado de coco que supone el machaqueo continuo de los difusores de cultura. Y claro está, porque tienen dinero, o padrinos poderosos o mucha, pero que mucha suerte por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado.
Y luego están los genios que nunca serán escuchados globalmente, con pocos oyentes mensuales en las plataformas musicales, con nula difusión de su arte en los medios de comunicación, pero que se merecen mi respeto, mi cariño y mi apoyo, y mi esperanza en que triunfarán como se merecen.