Cada vez era más inteligente y maduro. Sus padres estaban orgullosos de él, hasta que decidió ser ella.
Archivo de la categoría: Drama
La no esclava
Nadie como ella para presumir de nuevos chips ante los otros cyborgs. Nadie como ella, para demostrarles, con hechos, que las simulaciones habían terminado. Que ahora volvía a ser funcional, con sus atributos sexuales emancipados. Que estaba preparada para volver a ser esclava, haciendo libres a las otras, de ese fin trascendental para el que se las criaba. Volvería a enamorar a los incautos con sus sueños y quejidos, y no notarían la diferencia. De un cliente a otro nadie notaría, salvo sus proxenetas, que era incansable, y que el placer que ella podía dar era eterno, pues no notaba la diferencia en la penetración entre un humano y otro, ni ellos las huellas que dejaban escapar sus sudores. Y sus parámetros conductivos le permitían no escandalizarse ni reprimirse ante las perversiones de los exterminables de esa especie. Así, decían sus «padres», salvaban muchas vidas inocentes. Y para ella no era ningún sacrificio permutar soluciones no viables para nadie más, excepto para otros artificiales como ella, capacitados para no sucumbir ante cansancios ni penas.
Brindis
He brindado por tu felicidad hasta que te has inmiscuido en la mía. Sé que no te importa que te maldiga, por eso lo seguiré haciendo hasta que me pidas perdón, de rodillas, por ser un mequetrefe. Y cuando me harte de hacerlo, te abandonaré. Ya no me importará lo que te ocurra. Y mientras, me emborracharé para intentar olvidarte.
Calcetín
Monstruos
Harto
El maldito asesino acababa de abandonar a su reciente víctima a los perros de la noche, sabiendo que el olor del desventrado los atraería. Con sangre fría limpiaba el arma homicida y, mientras lo hacía, recordaba con sorna los lamentos de súplica del aterrorizado condenado.
Visualizaba ya la cara del próximo sacrificado en su ritual y se prometía que sería una mujer, porque ya estaba harto de buscarse en otros rostros masculinos, pues era eso lo que hacía al suicidarse, poco a poco, con cada vida que arrebataba.
El quizás volver a ser
Era la primera vez que huía. Mas no hacía falta que esperara la amonestación de los poderosos, ni el compadecimiento de los justos. Él tenía clara la concepción de su falta. No contra las normativas cívicas, no contra los mandamientos de los dioses diversos. Nada de eso le importaba. El comezón, el requemón intenso, iba por dentro, contra él mismo. Contra todo lo que siempre había predicado. Se había invalidado a sí mismo.
El estómago le ardía tanto como la cabeza, y los nervios le tenían atenazado el bajo vientre. La mea culpa lo llenaba todo. Y eligió su destino.
Se olvidaría de sí mismo y tendría amnesia para los demás. Sería menos que nada, y ese era el escarmiento que se merecía por el acto cúspide de su degeneración.
Sabía que, aunque soportara años de voluntaria penitencia, de castigos psicofísicos incontables e incomparables por su severidad, no podría borrar la angustia del omnipecador. La lobotomía, el borrado cerebral, no era el alivio, pues se emponzoñaba con la cobardía, y era la salida más fácil. La más extrema, pero para un individuo en su caso, la más fácil. Debía soportar la carga, el peso continuo, y la flama incombustible en su corazón, con la expectativa de que algún día lo hiciera cenizas. Y éstas sí podrían volar y repartirse hacia el ciclo constructivo del quizás volver a ser.
TEMPLO
TEMPLO se les fue de las manos y cobró vida independiente, retroalimentándose como si hubieran sido combinadas, en número infinito, las computadoras más potentes del Universo. La Sabiduría estaba en TEMPLO, y TEMPLO era la Sabiduría. Nada podía crearse como este ingenio lo hizo, lo estaba haciendo y lo haría por los milenios de los milenios. Se podía autocrear, pero no podía crear nada externo a Ello. Pero la potencia de hacerlo estaba en Ello, ya que la máxima metafísica de la Creación era su modus operandi. Y por ello los pensamientos de TEMPLO eran propensos a la creación, y el desarrollo que tenían era tan inimaginablemente avanzado que TEMPLO era la mente de Dios, aunque no pudiera ser sus manos.
-Se acercan tiempos de sufrimiento.
-Respuesta: SÓLO EN SU MENTE.
-¿Tu creador te ha insuflado el axioma perfecto para el equilibrio?
-Respuesta: RESPONDO EXCLUSIVAMENTE A SENTENCIAS DE SU CONCIENCIA. SUS PREGUNTAS SON NULAS.
-Tienes el axioma perfecto para el equilibrio.
-Respuesta: EL EQUILIBRIO EXISTE COSMOLÓGICAMENTE, Y YO LO ENCUENTRO REBUSCANDO EN EL MICRO, EN EL MACRO, EN EL SENSO Y EN EL ABSTRACTO. COSMOS TODOS ELLOS.
-Si es así, sabes que la Tierra y los demás entes se encuentran en desequilibrio aparente.
-Respuesta: YO NO SÉ NADA QUE NO SEA.
-La Tierra y los demás planetas de la Galaxia están en trastorno.
-Respuesta: SÓLO UN ÁTOMO ESTÁ PERTURBANDO LA GRAN MOLÉCULA GALÁCTICA.
-El ión es la Tierra.
-Respuesta: LA MANZANA PODRIDA ES LA TIERRA.
Mares
Domingo
Acarició su pelo por última vez. Después le tocó los labios. Y con los dedos índice y pulgar le bajó los párpados.
Antes de abandonar la escena de su crimen, le pidió, susurrándole al oído, sabiendo que ya no oía, el perdón.
Extrajo la daga, con alguna dificultad, del esternón. El sonido de los huesos quebrados le devolvió a la realidad.
Corrió hacia la ducha y se limpió la sangre de manos, cara y pelo. Tuvo arcadas, pero el agua helada las controló.
Aun teniendo a su víctima en la habitación contigua, se vistió con parsimonia, frente al espejo de cuerpo entero.
Ajustó la pulsera de su reloj y, al ver la hora, salió despavorido, y con rostro desencajado, hacia su cita
En el trayecto echó unas monedas a un par de mendigos. Compensaba así su naturaleza maligna.
Antes de cruzar el umbral, se persignó. Y entró en la penumbra. La del lugar y la de su mente. Y aun así, sonrió.
Se colocó tras la última bancada de feligreses. Y, rodilla en tierra, pidió, de nuevo, perdón, por el nuevo pecado.
«Seguro, Señor, que me lo perdonas. Y más aún hoy. Este domingo. El de tu Resurrección.»









