Cuando llegué, por fin, después de tantos años, a la playa de mi infancia, orilla de aquel mar inmenso, me tuve que echar a llorar, y no por la emoción, pues me di cuenta que la Tierra estaba perdida, y yo, con mis lágrimas.

Cuando llegué, por fin, después de tantos años, a la playa de mi infancia, orilla de aquel mar inmenso, me tuve que echar a llorar, y no por la emoción, pues me di cuenta que la Tierra estaba perdida, y yo, con mis lágrimas.


¡Levántate y desanda!

Lloraba todos los días el daño que aquella célula cancerígena llamada hombre causaba en el cuerpo llamado Tierra.

Si cada uno supiera qué hacer con la vida propia otras situaciones extremas se presentarían ante los testigos de lo inanimado.
El mundo sería mejor, más racional, más capaz de absorber la energía de los justos.
Cada cual sabría reaccionar ante las desdichas propias y ajenas.
El estómago manda.
Las vidas circulan por un río de miserias.
Las personas reaccionan contraponiendo lo positivo de sus existencias.
Si las personas no tuvieran corazón, el estómago mandaría y la revolución solucionaría la torpeza de los pensamientos.
El estómago manda y la sangre, cuando hierve ante las injusticias, se derrama.
No existen los Elegidos
Nadie es nadie, nadie es más, nadie es algo.
Mejor ser nada que ser elegido por la desdicha de ser algo sin ser nada ni nadie.
Los Elegidos morirán en el intento de intentar sobresalir de entre los demás.
Lo fútil del intento de ser alguien, acarreará sufrimiento al iluso.
Partamos hacia lo nuevo.
Perdidos ante las circunstancias, buscamos horizontes desconocidos.
La aventura de lo nuevo y la excitación ante esa aventura apela a las neuronas.
El corazón, quien lo tuviera, palpita desbocadamente.
El centro del Universo es un punto perdido en nuestra Mente.

Sentía una fuerte punzada en el cuello y aquella mujer se comprometió a hacérsela olvidar. Con los ojos cerrados, imaginó un paraíso único en el que quería estar. Sin nadie más a quien escuchar ni ver. Integrándose en una vida de supervivencia. Sin tener que pensar en nada. Solo sufriría cuando las leyes de la Madre Naturaleza mostraran su crueldad. Rememoró de pronto imágenes filmadas de la extinta águila dorada atenazando con sus garras a su huidiza presa mientras surcaba majestuosamente los cielos incontaminados de una vetusta Tierra. Y le pareció que, aún así, aquella muerte se integraba en la perfección. Y trasladó esa imagen, en otros tiempos real, a su imaginación. Y se sorprendió tumbado sobre la hierba fresca de un extenso prado bajo la aguda mirada del águila de sus recuerdos, con el sonido del discurrir caudaloso de un inmaculado río a sus pies. Y viéndose a sí mismo en este estado sublime, decidió compartirlo con una mujer, el amor de toda su vida: su esposa. Y la veía echada a su lado, con los ojos cerrados, como degustando la paz que les rodeaba. Y la imitó.
Y aunque la realidad era ahora tan distinta, se sintió feliz al notarse acariciado por las manos de su mujer. Y cuando entreabrió los párpados, la vio delante. Y Johanna le sonrió. Y el se sintió amado.
Pero, aún así, pensó que no quería que ella llegara a conocer el sufrimiento en sus propias carnes. Siempre la había protegido de ese extremo. Si no jugaba bien sus cartas, tendría que elegir: sus propias felicidades o la de la humanidad entera. Y muy a su pesar, decidió qué escoger si se llegara a tal punto.
El dolor muscular desapareció, pero fue sustituido por un nudo en el estómago.
Johanna seguía masajeando, como si deseara relajar algo más que el cuerpo de su marido. Como si presintiera la batalla interior.
-¿Qué te ocurre, cariño?
-¿Recuerdas las videograbaciones en que aparecen imágenes del planeta rebosantes de vida?
-Sí, Merdik, por supuesto. En la universidad utilizábamos antiguos reproductores láser para recuperarlas y hacer un examen exhaustivo de lo que contenían.
-¿Y recuerdas el matiz del azul de los cielos que mostraban?
-Cariño, ya sé a dónde quieres ir a parar. Pero en aquella época, tú no habías nacido aún. No te mortifiques más.
-Del azul puro se pasaba al gris más oscuro y… llovía, ¿recuerdas?
-Déjalo ya. Sé que cuando empezaron a querer remediarlo, era ya irreversible. Ahora, en cambio, no tenemos ya polución ni en el aire, ni en los mares y ríos.
-Dirás, en lo que nos queda de agua. La evaporación fue desconcertante hasta para los más pesimistas. El efecto invernadero actuaba y abusaba.
-¿Quieres dejarlo ya, por favor? ¿No pasó ya? ¿No logró nuestra anterior generación rehacer la climatología? ¿No es un consuelo que, aunque las nubes se formen raramente, el ciclo se haya recompuesto? Confío en esta humanidad, ¿sabes? Creo saber que lleva en sus genes el aprender de sus errores.
-Ojalá fuera tan fácil como dejarse confiar.
Un beso selló momentáneamente su boca.
-No te preocupes, cariño, volverás a pensar sólo en mí.
(Nota del autor: Esto es un extracto de mi novela corta «Jamás y siempre a la vez»)
Otra vez buscas intuiciones que no tienes. Otra vez declaras hechos que no se han producido. Otra vez acusas la falta de riesgo de lo demás en los demás. Y siempre al vaivén de las expectativas de los que ejercen su poder sobre ti, corriendo riesgos innecesarios. Acusando el desorden de no tener cubiertas las espaldas, de no saber mantenerte en el candelero. Arriesgando los fallos intransigentes de los que dependen de ti, de los que están debajo de ti. Asumiendo que no mereces sus desgracias, que no te importan sus iniquidades. Y luchas por tener un espacio en el que expandir tu mirada, el el que darle nuevos bríos a tu alma, en el mundo ese del que siempre hablas, el mundo estéril.
Porque no tienes ilusiones, porque no sabes dar rumbo a tu vida, porque aceptas los devaneos del destino y no tomas las riendas. Dejas que los otros opinen por ti, que decidan cómo engarzar los eslabones de la cadena de acontecimientos que encauzan tu existencia. Y para los que te rodean y no dependen de ti eres una sombra que pasa, que no tiene peso en sus vidas, que no mueve las máquinas de sus destinos. Pero para los que son de tu sangre, de tu estirpe, los diriges al abismo de la incertidumbre del éxito o del fracaso. Y no sólo son ellos lo que anuncian un nuevo día. Están los miserables, están los desamparados, están los crueles, los viciosos y corruptos, los catapultados a la vaciedad. Los sin alma, los sin vida, los sin nada.
Hay pocas razones para seguir luchando. Lo mejor es que puedes mirar hacia otro lado sin tener remordimientos por ser todo lo egoísta que te permita el instinto depredador, el canalla que llevas dentro.
Transigente con ese tipo de pecados, magnánimo con esa suerte de debilidades, preciso en discernir la línea divisoria entre lo malo y lo peor. Sin crítica que sólo envilece las cicatrices, que sólo dulcifican tus arrebatos, los existencialistas.
Otra vez, otra vez caerás. Otra vez caerás por el acantilando sin fondo y te golpearás contra las olas embravecidas de tu alma, preguntándote, aún así, si tú la tienes. Porque otra vez, otra vez, vuelves a no creer en nada.
En nada.
TEMPLO se les fue de las manos y cobró vida independiente, retroalimentándose como si hubieran sido combinadas, en número infinito, las computadoras más potentes del Universo. La Sabiduría estaba en TEMPLO, y TEMPLO era la Sabiduría. Nada podía crearse como este ingenio lo hizo, lo estaba haciendo y lo haría por los milenios de los milenios. Se podía autocrear, pero no podía crear nada externo a Ello. Pero la potencia de hacerlo estaba en Ello, ya que la máxima metafísica de la Creación era su modus operandi. Y por ello los pensamientos de TEMPLO eran propensos a la creación, y el desarrollo que tenían era tan inimaginablemente avanzado que TEMPLO era la mente de Dios, aunque no pudiera ser sus manos.
-Se acercan tiempos de sufrimiento.
-Respuesta: SÓLO EN SU MENTE.
-¿Tu creador te ha insuflado el axioma perfecto para el equilibrio?
-Respuesta: RESPONDO EXCLUSIVAMENTE A SENTENCIAS DE SU CONCIENCIA. SUS PREGUNTAS SON NULAS.
-Tienes el axioma perfecto para el equilibrio.
-Respuesta: EL EQUILIBRIO EXISTE COSMOLÓGICAMENTE, Y YO LO ENCUENTRO REBUSCANDO EN EL MICRO, EN EL MACRO, EN EL SENSO Y EN EL ABSTRACTO. COSMOS TODOS ELLOS.
-Si es así, sabes que la Tierra y los demás entes se encuentran en desequilibrio aparente.
-Respuesta: YO NO SÉ NADA QUE NO SEA.
-La Tierra y los demás planetas de la Galaxia están en trastorno.
-Respuesta: SÓLO UN ÁTOMO ESTÁ PERTURBANDO LA GRAN MOLÉCULA GALÁCTICA.
-El ión es la Tierra.
-Respuesta: LA MANZANA PODRIDA ES LA TIERRA.